«Fátima contribuye a la conversión y al compromiso de la Iglesia»

Portugal se prepara para la visita del Papa Francisco, que en mayo peregrinará al santuario de Fátima. El mensaje de la Virgen «solo tiene sentido a la luz del amor y la misericordia de Dios», afirma el portavoz de los obispos del país

María Martínez López
El Papa Francisco ante la Virgen de Fátima en 2013, la víspera de consagrar el mundo al Inmaculado Corazón de María. Foto: CNS

«¡No tengáis miedo! ¡No voy a haceros daño!». «¿De dónde es usted?». «Soy del cielo. ¿Queréis ofreceros a Dios para soportar los sufrimientos que Él os quiera enviar, en reparación por los pecados y súplica por la conversión de los pecadores?». Esta conversación entre la Virgen y Lucía, una niña de 10 años que estaba con sus primos Francisco, de 8, y Jacinta, de 7, dio comienzo el 13 de mayo de 1917 al fenómeno de Fátima (Portugal). Un siglo después, la Iglesia celebra el centenario de este momento con un Año Jubilar, que estará coronado con la visita del Papa los días 12 y 13 de mayo.

Francisco viajará a Portugal «como peregrino –explica a Alfa y Omega Manuel Joaquim Gomes Barbosa, secretario general y portavoz de la Conferencia Episcopal Portuguesa (CEP)–. Aunque no tenemos todavía el programa detallado, percibimos que el Papa viene en peregrinación orante. Su presencia será un incentivo para una mayor revitalización de la fe cristiana», y «una alerta sobre la defensa de los valores y los derechos humanos para los ciudadanos en general».

La beatificación de Jacinta y Francisco el 13 de mayo de 2000. Foto: CNS

La devoción del Papa argentino a esta advocación se hizo patente cuando unos meses después de comenzar su pontificado, el 13 de octubre de 2013, consagró el mundo al Inmaculado Corazón de María ante una imagen de la Virgen llevada desde el santuario portugués. Su visita de mayo confirmará que «el mensaje de Fátima sigue siendo actualísimo» y se «proyecta en este milenio desde sus comienzos» –subraya Barbosa– porque «tiene su fuente en el Evangelio».

En dicho mensaje se incluyen, además de las apariciones de la Madre de Dios en Cova de Iría, las del ángel en 1916 y las del Niño Jesús, la Virgen y la Santísima Trinidad que recibió Lucía en los años 1920, cuando estaba en el convento de las doroteas en Tui y Pontevedra. De estas últimas surge la devoción de confesar y comulgar los cinco primeros sábados de mes y la petición de consagrar Rusia al Inmaculado Corazón de María, hecha por la Virgen a la única superviviente de los pastorcitos.

Llamada a todo cristiano

Estas revelaciones «siguen siendo una llamada» a actitudes que debe tener «cada discípulo de Cristo»: «la oración y la adoración, la paz y la reconciliación, la penitencia y la conversión, la ternura y la misericordia». La invitación a la penitencia y a la reparación por los pecados «solo tiene sentido a la luz del amor y la misericordia de Dios», explica Barbosa. Así se recoge, «explícitamente, en las memorias y apelaciones de sor Lucía». Por ello, este jubileo se engarza perfectamente con el Año de la Misericordia, del que lo separan solo unas semanas.

También presente en Fátima –lo recordaba el secretario general de la CEP al celebrar la próxima visita del Papa– está la invitación a la alegría «que brota del Evangelio» y que es una idea programática de Francisco. Su afirmación parece contrastar con el semblante triste de María durante las apariciones, que impresionó a los pastorcitos. «¿Quién no se queda triste con el mal y las atrocidades que acontecen hoy? –explica Barbosa a este semanario–. Solo con la oración, la fe y el compromiso se puede contribuir a que las tinieblas se transformen en luz. Solo eso puede llenarnos de alegría».

El centenario de Fátima se viene preparando en el santuario desde 2010, con un itinerario catequético y de reflexión que ha ido profundizando en los mensajes de la Virgen. Además, entre 2015 y 2016 la imagen peregrina de María, que recorrió 64 países entre 1947 y 2000, ha vuelto a los caminos para visitar todas las diócesis del país. El último empujón en los preparativos ha sido la carta pastoral de los obispos portugueses Fátima, señal de esperanza para nuestro tiempo.

La Virgen y los refugiados

Manuel Gomes Barbosa. Foto: Conferencia Episcopal de Portugal

En el texto, los obispos –explica su portavoz– «acentúan dos dimensiones de Fátima íntimamente ligadas entre sí: mística y profética; un encuentro salvífico con Dios Trinidad que al mismo tiempo es salida al encuentro de los demás, sobre todo de los más excluidos y descartados. La espiritualidad de Fátima contribuye a una auténtica conversión de la Iglesia y a un verdadero compromiso de los cristianos frente a los conflictos y las situaciones que hoy exigen respuestas humanas y cristianas». Barbosa alude, por ejemplo, «al drama de los refugiados y a lo que los cristianos hacen –y pueden hacer mucho más– para expresar una solidaridad humana y cristiana efectiva».

Que las revelaciones de Cova de Iría a tres niños siguen de actualidad lo manifiesta el goteo incesante de fieles que acuden al santuario, y el aumento del «número de los que lo hacen a pie, muchos durante una semana». En 2015, solo en peregrinaciones organizadas, visitaron el santuario 587.129 personas, un 4,6 % más que el año anterior. Entre ellos, hubo 30.000 españoles, un 33 % de los peregrinos extranjeros. Los obispos no manejan previsiones para el centenario, pero –apunta Barbosa– «todas las peregrinaciones jubilares tienen siempre una multitud inmensa de peregrinos. Basta recordar la visita de Benedicto XVI en 2010, cuando la explanada de la basílica acogió a medio millón de peregrinos; o, diez años antes, el millón largo de personas que arropó a san Juan Pablo II cuando, en el Jubileo del año 2000, beatificó a Jacinta y Francisco. Muchos de esos peregrinos, afirma el secretario general del episcopado portugués, proceden de España, por la cercanía geográfica y espiritual con Portugal.

María Martínez López

[w8_toggle margin_bottom=»10px» title=»La suerte de la Sábana Santa se decidió en el santuario»]

A partir del siglo XVI, la Sábana Santa pasó a ser propiedad privada de la Casa de Saboya, cuyos titulares se convirtieron en reyes de la Italia unificada en 1871, tras una dura pugna con el papado. Con el tiempo, las relaciones entre la dinastía y los Pontífices se fueron normalizando. Tras la proclamación de la república en 1946, el último rey se exilió en Portugal. Con el paso del tiempo, manifestó su deseo de donar la Sábana Santa a la Iglesia. Su primer encuentro con un Papa tras su caída tuvo lugar en Fátima en 1967 cuando fue recibido por Pablo VI. 15 años más tarde, mantuvo en el mismo lugar un encuentro con san Juan Pablo II. Fue entonces fue cuando se acordó la donación.

José María Ballester Esquivias

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