Fallece el sacerdote Gabriel Delgado, pionero en la pastoral con migrantes en España - Alfa y Omega

Fallece el sacerdote Gabriel Delgado, pionero en la pastoral con migrantes en España

El director general de Migraciones del Gobierno de España, Santiago Yerga, reconoce en Alfa y Omega «su implicación y compromiso extremo» con los más desfavorecidos. El Ayuntamiento de Cádiz ha decretado un día de luto oficial por su muerte.

Fran Otero
El sacerdote Gabriel Delgado. Foto: Diócesis de Cádiz y Ceuta.

Mónica Prieto todavía guarda en la retina y en el corazón el momento en el que entró de la mano de Gabriel Delgado, director del Secretariado de Migraciones de la diócesis de Cádiz y Ceuta, en el CIE de Tarifa. Trabajaba entonces en el departamento de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española (CEE) y pisaba por primera vez aquella antigua cárcel, un espacio hoy cerrado para siempre.

Recuerda a los migrantes tras una verja en el patio central, el gran despliegue policial y, en medio, la figura del padre Gabriel. Él ponía la humanidad. «El trato que les daba a los migrantes era impresionante. Hablaba con ellos en francés, les preguntaba de dónde venían y cómo habían llegado», explica Mónica Prieto a Alfa y Omega.

Así era Gabriel Delgado –«un pastor con olor a oveja» ante todo, dice Prieto–, cuya muerte ha conmovido este viernes, 12 de noviembre, a toda la familia de la pastoral de migraciones en España. Fue uno de sus referentes, una figura clave y un pionero. Era director del Secretariado Diocesano de Migraciones desde 1994 y director de la Fundación Centro Tierra de Todos desde 2010. Sacerdote desde hace 46 años.

Él y su equipo fueron los primeros en ofrecer atención a los migrantes en los CIE, en organizar vigilias de oración en las playas a las que llegaban y donde morían los migrantes –la última fue hace unas semanas en Barbate–, en los Círculos del Silencio de las dos orillas, en luchar por la dignidad de los fallecidos. Prieto recuerda, por ejemplo, su labor con Samuel, aquel niño migrante que falleció en las cosas españolas ante la indiferencia de la sociedad. Un Aylan en España. Él fue quien alzó la voz en un primer momento y lo llevó a las portadas, y, luego, quien buscó al padre para dar una despedida digna al pequeño.

«Un sacerdote puente»

«Cuando estuve en la Conferencia Episcopal era una referencia. Su aportación era muy brillante tanto en España como en Europa. Además, fue un sacerdote puente, no solo a nivel geográfico sino también humano, y supo crear equipo y suscitar vocaciones para el trabajo en materia de migraciones», explica el jesuita José Luis Pinilla, que fue director de Pastoral de Migraciones en la CEE.

Una de esas vocaciones a las que se refiere Pinilla es, por ejemplo, Santiago Yerga, que comenzó su trabajo con él en este ámbito en Cádiz. Hoy, Yerga es director general de Migraciones del Gobierno de España. En conversación con Alfa y Omega, destaca «su implicación y compromiso extremo con los más desfavorecidos», primero con los jóvenes de las barriadas populares de Cádiz –estuvo muy vinculado a la Juventud Obrera Cristiana (JOC)– y luego con las personas migrantes, a las que «consagró su vida».

Tras reconocer que deja «un legado muy importante», confiesa que también le ha marcado mucho a nivel personal: «Me deja una huella profunda y un dolor imponente».

Luto oficial en la ciudad de Cádiz

José Luis Pinilla también destaca la amistad de Gabriel Delgado con todo el espectro político e institucional en Cádiz. Tanto es así que el Ayuntamiento de Cádiz ha decretado un día de luto oficial por la muerte del sacerdote. Su alcalde, José María González Kichi, se ha mostrado «apenado y dolido» en Twitter.

El regidor municipal ha señalado que era «alma de Tierra de Todos y sacerdote especialmente comprometido con las migraciones». «Ejemplo de solidaridad y fe desde la defensa de los Derechos Humanos. El mundo era mejor con él, que ha humanizado nuestra frontera sur», ha añadido.

Su labor también tuvo un gran impacto en los medios de comunicación, siempre sin afán de protagonismo. La prensa –Alfa y Omega pudo enriquecer sus páginas con su análisis y palabras proféticas en numerosas ocasiones– tenía que ir a buscarlo. Ejercitaba la máxima evangélica de «no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha». Todo en él llevaba al Evangelio.

«Fue una gracia encontrarme con él. Me ayudó mucho. Siempre insistía en el Evangelio, en la Iglesia de Jesucristo, en estar al lado de los pobres y no hacer las cosas para buscar la noticia. Me sentí muy cuidada», concluye Prieto.