«Europa significa apertura»

El arzobispo de Múnich y Presidente de la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Comunidad Europea (COMECE) destaca el «servicio a la paz» que, desde su origen, ha desempeñado el proceso de integración europea, que hoy amenazan nuevos enemigos. «La Iglesia no puede sino oponerse a los nacionalismos y a los populismos», afirma

Ricardo Benjumea

El arzobispo de Múnich y Presidente de la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Comunidad Europea (COMECE) destaca el «servicio a la paz» que, desde su origen, ha desempeñado el proceso de integración europea, que hoy amenazan nuevos enemigos. «La Iglesia no puede sino oponerse a los nacionalismos y a los populismos», afirma

La integración europea aseguró la paz tras la Segunda Guerra Mundial, y facilitó, tras la caída del Muro, la reunificación del continente. Hoy, ¿para qué sirve Europa?

La integración europea, efectivamente, ha asegurado la paz en Europa y ha posibilitado su reunificación. La reconciliación entre los pueblos es un proyecto profundamente cristiano, y constituyó desde el comienzo un motivo central de la unidad de Europa. Pero esta misión histórica no se ha logrado sin dificultades. La Unión Europea sigue prestando un destacado servicio a la paz y a la reconciliación entre los pueblos. La crisis de la deuda pública en Europa ha mostrado que los resentimientos nacionales pueden todavía movilizarse con facilidad. Europa debe seguir creciendo unida para llegar a ser una auténtica comunidad de pueblos. Y, no menos importante, se necesitan hoy todas las voces europeas para defender, en un mundo globalizado, los valores en los que se fundamenta Europa. La imagen europea del hombre, que se basa en la idea cristiana de persona, puede aportar mucho al diálogo cultural y político en el mundo.

Este año se conmemora el centenario de la Gran Guerra. ¿Cuál era el objetivo del encuentro organizado por la COMECE en Verdún?

Los obispos de la COMECE se reunieron en Verdún porque querían dejar claro que es necesario un recuerdo conjunto de las víctimas de la Primera Guerra Mundial. Las consecuencias de la Gran Guerra marcan hasta hoy a los países de Europa, condicionan la memoria histórica de las sociedades europeas y su cultura política. Por ello, era importante no quedarse sólo en las conmemoraciones nacionales, sino hacer una memoria y una reflexión conjuntas. La Iglesia en los países europeos cometió este error en los años posteriores a 1914, anclándose en una visión nacional. El Papa Benedicto XV se adelantó a su tiempo, con una visión de conjunto y de paz, mientras que muchos obispos asumieron postulados nacionales. Aunque las casas gobernantes europeas, las sociedades y también la Iglesia estaban estrechamente imbricadas, se llegó a la Gran Guerra. Este recuerdo nos enseña que, a pesar de la integración europea, la verdadera paz entre los europeos, que es más que la simple ausencia de guerra, se tiene que lograr siempre mediante el esfuerzo.

San Juan Pablo II provenía de una Polonia ocupada y tenía un concepto muy positivo del patriotismo. Pero otra cosa son los nuevos nacionalismos y movimientos populistas. ¿Qué posición debe tomar la Iglesia frente a ellos?

El gran Papa Juan Pablo II estaba muy estrechamente vinculado a su patria, de un modo muy natural. Precisamente sobre estas premisas pudo ser un gran europeo. Fue él quien le recordó al Occidente europeo que no debía perder de vista Europa Oriental, la que estaba al otro lado del Telón de Acero. Con la Exhortación postsinodal Ecclesia in Europa, del año 2003, trazó la visión de una Iglesia verdaderamente católica en una Europa unida. Esta visión puede darnos la medida del nacionalismo y del populismo que hoy gana adeptos en muchos Estados europeos. Porque el nacionalismo se cierra a los otros pueblos. Busca el repliegue, no la apertura. El nacionalismo y el populismo intentan ofrecer respuestas simplistas a un mundo complejo y global. Pero esas alternativas tienen poco recorrido. Por el contrario, el Papa Juan Pablo II estaba abierto a los pueblos y a Europa. En Ecclesia in Europa, afirma que Europa significa apertura. Por ello, la Iglesia no puede sino oponerse a los nacionalismos y a los populismos, que están equivocados. Y ésta es la misma postura de inclusión, frente a la exclusión, que caracteriza el pensamiento del Papa Francisco.

¿Cree que existe relación entre la secularización y la pérdida de la conciencia europea?

Creo que la secularización y el retroceso de la identidad europea representan dos procesos sociales independientes. Los siglos pasados fueron, probablemente, hasta cierto punto, menos secularizados, pero, a pesar de ello, los pueblos de Europa se enfrentaron en guerras los unos contra los otros. El alejamiento de las personas de la Iglesia tiene que ver seguramente con la formación de una sociedad liberal y abierta. Con anterioridad, muchas personas estaban en la Iglesia sólo por convencionalismo y por la presión social. Hoy, las personas pueden decidir cómo configurar su vida. La Iglesia cometió también seguramente muchos errores que provocaron el alejamiento de la sociedad.

La pérdida de la identidad europea, me parece que está relacionada con el avance de la integración europea. Esto plantea diversas cuestiones. Muchas conquistas europeas se dan hoy por descontadas. En un mundo cada vez más complejo y global, los hombres buscan amparo en espacios conocidos, ya sea en la nación o en la región. Y no en último lugar, también se debe reforzar la dimensión social de Europa para lograr una mayor identificación de los ciudadanos con Europa.

Ricardo Benjumea
Traducción: Juan Sanz Donaire