Espiral de violencia - Alfa y Omega

España ve cómo se van sumando jornadas de violencia y saqueo de grupos de extrema izquierda por distintas ciudades. Ya hemos visto episodios en Madrid, Coruña, Avilés, Mahón, Barcelona o Bilbao. Se contagian como un virus. Encapuchados, muchos menores de edad, que atacan a partidos políticos y militantes de signo opuesto, a la policía, saquean comercios y destrozan mobiliario público. El cardenal Juan José Omella Omella, arzobispo de Barcelona, ha hecho un llamamiento tras los altercados en la Ciudad Condal para que «no nos dejemos arrastrar por la espiral de violencia y de confrontación que no lleva a ninguna solución, sino que conduce a agravar más los problemas». Advierte además contra «los mensajes que nos presentan a unos y a otros como enemigos irreconciliables».

Es un diagnóstico muy certero del cardenal. Porque apunta a las causas y da la receta adecuada: mirar lo que nos une, luchar contra la polarización y huir de los mensajes que incitan a odiar al adversario político. Estamos viendo la parte más sucia de la política precisamente porque llegan las elecciones generales. Por eso, se debe señalar a los responsables políticos que alientan la violencia por su mero interés partidario. Tampoco caben ni la ambigüedad ni la tibieza en la condena de estos hechos. Justificar las agresiones y los destrozos porque un partido ideológicamente opuesto va a celebrar un mitin es alentar a los vándalos y poner en riesgo a la salud y el bienestar de muchas personas simplemente por un puñado de votos manchados de odio. La escalada de polarización en España solo nos conduce por un camino que lleva al abismo como sociedad.