Escuelas Católicas: la paciencia con el Gobierno está llegando al límite por la «ambigüedad de las medidas»

«No podemos aceptar el empeño del Gobierno en anunciar medidas en grandes titulares que no concretan su desarrollo y que solo añaden incertidumbre», afirman en un comunicado.

Fran Otero

«No podemos aceptar el empeño del Gobierno en anunciar medidas en grandes titulares que no concretan su desarrollo y que solo añaden incertidumbre», afirman en un comunicado

La comunidad educativa católica está perdiendo la paciencia con el Gobierno, pues no entienden que se anuncien grandes medidas que luego no se concretan y solo añaden incertidumbre. Así lo ha manifestado Escuelas Católicas en un comunicado publicado este jueves, donde añaden que las decisiones adoptadas tienen «diferentes interpretaciones» y que algunas «son de difícil o imposible cumplimiento» y «otras son manifiestamente ilegales».

Desde esta organización explican que comprenden y respetan las medidas sanitarias, incluyendo que los alumnos no vuelvan a las aulas hasta septiembre; también «el desgaste que está suponiendo para los docentes haber cambiado la forma de enseñar y las consecuencias para los propios centros». Asimismo, lamentan las pérdidas de empleos de los servicios que ya nos se prestan y apoyan a alumnos y familias por las situaciones complicadas que viven.

Sin embargo, apunta, «lo que no podemos aceptar es el empeño del Gobierno en anunciar medidas en grandes titulares que no concretan su desarrollo y que solo añaden incertidumbre». Y añade: «El último anuncio del Gobierno sobre la famosa desescalada por fases ha terminado con la paciencia de muchos. De hecho, estamos recibiendo multitud de llamadas de centros que nos piden orientaciones para concretar los términos en los que van a desarrollar las medidas que afectan a educación. Pero, aunque estamos intentando hacer algunas aclaraciones, resulta imposible».

Escuelas Católicas se pregunta: «Si es voluntario que algunos niveles vuelvan al colegio en junio, ¿es voluntario que el colegio abra?; si el profesor tiene que atender a los alumnos que vayan a clase presencial, ¿cómo atenderá la teledocencia?; si hay desdobles para que se reduzca el número de alumnos por clase, ¿con qué profesores se podrán atender?; ¿qué sucederá con los alumnos de 6 a 13 años si ambos progenitores tienen que acudir a trabajar presencialmente?; ¿los centros tienen obligación de ofrecer clases de refuerzo en Primaria o ESO?; ¿cómo se garantizará la distancia de seguridad entre niños de 0 a 6 años?».

Por todo ello, señala que la comunidad educativa «está llegando al límite de su paciencia», pues «las medidas ambiguas anunciadas en ruedas de prensa que luego se modifican, órdenes ministeriales contrarias a la legalidad vigente e intenciones ocultas en la aprobación acelerada de algunas leyes, parecen acercarnos más que a la llamada “nueva normalidad”, a una nueva forma de entender la democracia».

Centros de educación especial

De hecho, en la nota dedica un apartado a los centros de educación especial y muestra su preocupación por su futuro. «Para que la sociedad sea inclusiva no es obligatorio que todos los niños asistan a aulas ordinarias. Escuelas Católicas trabaja para que las personas con necesidades especiales derivadas de la discapacidad reciban una educación de calidad que les permita una inclusión real en la sociedad. Y considera que los centros específicos son en muchos casos los que mejor pueden conseguirlo porque adecuan las condiciones educativas a sus necesidades», añade.

En su opinión, la escuela de hoy requiere de «apertura inteligente y flexible», algo que no implica «tratar a todos por igual, sino a cada uno como necesita, respetando siempre el derecho de elección de los padres para educar a sus hijos, ya sea en colegios ordinarios o específicos».

F. O.