Entrevista a Cobo: El consistorio «crea vínculos entre nosotros por encima de lo institucional»
León XIV «quiere un respaldo» para definir las grandes líneas del pontificado y para ello convocó al Colegio Cardenalicio. El arzobispo de Madrid subraya que la meta es discernir «qué es lo que necesita la Iglesia, no qué necesito yo»
Los días 7 y 8 de enero de 2026 el Colegio Cardenalicio fue convocado por el Papa León XIV a un consistorio extraordinario. 170 cardenales participaron de este momento, que «crea vínculos entre nosotros por encima de lo institucional», como reconoce el cardenal José Cobo. En esta entrevista, el arzobispo de Madrid analiza lo vivido en este encuentro y sus repercusiones para la Iglesia universal y la archidiócesis de Madrid.
—Acaba de concluir el primer consistorio extraordinario del pontificado del Papa León XIV. ¿Qué significa este modo de conducir la Iglesia que quiere llevar a cabo el actual Pontífice?
—Esta es una fórmula normal, que responde a unas líneas muy determinadas. Primero, el Papa Francisco implementó una fórmula de sinodalidad, de consultas entre los distintos modos que ya existían dentro de la Iglesia. Esto es una manera de vincular, de consultar. Por otro lado, el Papa también refleja una humildad en la forma de gobierno que es destacable, cuando él nos dice «necesito que me ayudéis a servir y a realizar este ministerio». Por eso ha convocado a los cardenales para ayudarle y para escuchar.
También responde a un principio y una demanda que se hizo en las congregaciones generales antes del cónclave, donde se pidió muchas veces que los cardenales necesitábamos conocernos, crear vínculos entre nosotros para poder ofrecer una ayuda más completa al Papa. Triangulando esas tres cosas, es lo que ha hecho que el Papa haya convocado este consistorio.

—El cardenal David señaló en la Sala Stampa vaticana que este ha sido el primer consistorio con un método plenamente sinodal. ¿Podemos decir que esa sinodalidad que avanzó con el Papa Francisco, aunque sabemos que surgió con el Concilio Vaticano II, poco a poco se va instalando en todos los niveles de la Iglesia?
—Los grandes temas del Concilio ya los tenemos interiorizados, pero a veces faltan formas de concretarlos y de ejercitarlos. La sinodalidad y los métodos sinodales van ya calando dentro de la vida de la Iglesia y en el consistorio se ha visto con la conversación en el Espíritu. El poder tener vínculos y crear vínculos entre nosotros va reflejando, no simplemente que las ideas o las grandes doctrinas ya están establecidas, sino que van empapando el ejercicio concreto de las actividades.

—Usted habla de la conversación en el Espíritu. De hecho, los cardenales trabajaron en grupos siguiendo la metodología del Sínodo, con presencia de cardenales de distintas procedencias y realidades sociales y eclesiales. ¿Cómo eso les enriquece como Colegio Cardenalicio y cómo eso enriquece la vida de la Iglesia?
—Primero porque la conversación en el Espíritu tiene un don. Supone que el Espíritu es el que guía, lo que nos pone a todos en una situación de humildad. El primero que así lo ha hecho es el Papa. El que conduce es el Espíritu y tendremos que escucharnos entre todos para también escuchar el tono de la voz del Espíritu. El que eso se haga en cada mesa, por un lado, nos plantea el horizonte, es decir, cómo podemos ayudar al Papa que nos ha pedido ayuda a todos.
Por otro lado, para ejercitar esta ayuda necesitamos escucharnos también nosotros. Y eso desde realidades distintas. En las mesas había realidades distintas donde cada uno aporta una moción, una idea, una experiencia. Eso nos hace ver la Iglesia de otra manera. Nos hace ver una Iglesia universal y llena de riqueza.

—Ha destacado la humildad del Papa. Hay una foto donde usted habla distendidamente con León XIV. ¿Es este un signo de que el Santo Padre no tiene problema en sentarse con alguien, departir y ver cómo juntos se puede encontrar el camino?
—Ese es el método y ese es un poco el ejercicio de este consistorio. Estar en mesas redondas, como se hizo en el Sínodo, el hecho de estar el Papa todo el rato con nosotros, con unos y con otros. Eso crea también unas relaciones y unos vínculos muy horizontales. En un momento en el que uno se queda solo con el ordenador y viene el Papa, se sienta y pregunta qué tal vamos y se puede hablar, eso sanea mucho la vida de la Iglesia, porque crea vínculos entre nosotros por encima de lo institucional.
Eso es normal, el que podamos tener vínculos de conocimiento, de preocupación. No solo por lo que piensa cada uno, sino por cómo estás y cómo vamos. Normaliza las situaciones y crea un caldo de cultivo muy humano. Y eso es muy cristiano. Todos podemos relacionarnos de tú a tú, sabiendo cada uno el ministerio que tiene.

—Esta es una práctica que el Papa León XIV quiere institucionalizar. De hecho, ya ha programado otro consistorio extraordinario para el mes de junio y ha dicho que al menos una vez al año, inclusive durante más días, quiere avanzar en esa dinámica. ¿Cómo puede ayudar eso en la vida de la Iglesia, en los procesos evangelizadores que tiene que llevar a cabo en este momento histórico?
—El consistorio quiere ayudar al Papa a apoyar, subrayar y acompañarle en las grandes decisiones que tiene que tomar. No las decisiones concretas de cada día, sino en las líneas por donde tiene que ir el pontificado, que es lo que se nos ha preguntado. Él quiere un respaldo y quiere preguntar. El ponernos juntos a decir qué es lo que necesita la Iglesia, no qué necesito yo ni qué necesita mi grupo, ni la Iglesia en la que camina cada uno, sino qué necesita la Iglesia universal ahora mismo.
También nos obliga a ayudar al Papa para ofrecerle qué es lo que creemos, como ha sido en este consistorio. Él planteó cuatro temas y preguntó qué dos son los más importantes. Poco a poco, fueron coincidiendo las voluntades, los diálogos. Por eso, esta puede ser una ayuda y efectivamente refleja un modo de trabajo que no es nuevo en la Iglesia, pero sí un modo de trabajo que subrayamos ahora mismo, que es la consulta y el tomar decisiones contrastados unos con otros.

—Unidad en la diversidad es uno de los pilares en estos primeros meses del pontificado de León XIV. ¿Cómo ayudar a entender que la diversidad nos enriquece, es fuente de conocimiento y nos ayuda a encontrar caminos donde juntos podamos avanzar en el anuncio del Evangelio?
—Esto es parte del cambio de época que hemos hablado. Vivimos en un mundo muy globalizado, pero al tiempo que la globalización aparece, aparece un don, no una maldición, que es la diversidad. La diversidad no se acoge unificando las cosas, la diversidad se acoge al aprender juntos a dar pasos nuevos. Esto es lo que nos cuesta hacer ahora mismo, porque ante la diversidad lo que prevalece es quién manda o cuál es la mayoría que ha de imponerse.
Lo que vamos aprendiendo es a acoger la diversidad como una riqueza, porque Dios quiere esa diversidad, Dios ha creado esa diversidad. Aprender a convivir con ella y a dar pasos con ella. Eso supone la humildad de escuchar a los otros, de acoger a los otros y de aprender a convivir con esa diversidad. No consiste en mirar atrás, en si antes éramos más o menos diversos, sino en cómo caminar con esa diversidad y verlo también como una acción de Dios.

—Llevar esa dinámica a la vida de las Iglesias locales, de las diócesis, es el desafío. Podemos decir que CONVIVIUM sería, salvando las distancias, una especie de consistorio extraordinario a nivel archidiocesano. ¿Cómo puede ayudar eso a avanzar en este camino en Madrid?
—Esto es la sinodalidad y esto es la comunión de la Iglesia que en cada momento vamos viendo. Para ello hay fórmulas que pueden funcionar. Podemos decir que CONVIVIUM es lo mismo que un consistorio, pero también es lo mismo que un consejo pastoral o una asamblea en una parroquia. Es decir, reunirnos para vernos, para ver los que estamos, para crear vínculos entre nosotros. Que no sean simplemente reuniones ideológicas o de afinidades, sino reunirnos desde la diversidad, escucharnos unos a otros y juntos poder servir según el ministerio de cada uno.
Esa es la idea de CONVIVIUM, reunirnos los curas de Madrid, la diversidad de los curas de Madrid, para poder decir por dónde tenemos que ir en los años que vengan. Eso es un ejercicio de sinodalidad práctico, concreto y que vamos viendo que enriquece.
Los cardenales arzobispos de Madrid y Barcelona, José Cobo y Juan José Omella; el obispo de Canarias, José Mazuelos, y Luis Argüello y Francisco César García Magán, presidente y secretario general de la CEE se reunieron el pasado viernes con el Vaticano para avanzar en la organización del viaje del Papa León XIV a España, que todavía no está confirmado oficialmente. Pero «el que se abra» esta posibilidad «es un motivo de esperanza y de alegría para todos, tanto para las autoridades civiles como para la Iglesia», comentó el cardenal madrileño a la salida de la reunión con algunos periodistas.
El cardenal Cobo explicó que la iniciativa de la visita a nuestro país «ha partido directamente del Papa», quien «ha ido hablando con cada obispo para ver qué parecería» el viaje. «Ha sido iniciativa personal suya». No obstante, el arzobispo de Madrid evitó confirmar que el periplo se produciría en junio. «No podemos confirmarlo, porque también depende de lo que el Papa estime» y de «su agenda», que «es complicada».
El purpurado madrileño también quiso dejar claro que era tan solo «una primera reunión» y que «esto es un proceso muy largo de acreditaciones, de peticiones, de diálogo con el Gobierno y con todas las autoridades del Estado». Según Cobo, «tenemos que ponernos en marcha porque esto es una maquinaria inmensa, tanto administrativa como logística, que tendremos que ir preparando a partir de ahora».
En cualquier caso, no cree que vaya a haber obstáculos. «Hay buenas relaciones» con el Ejecutivo, confirmó el arzobispo. «Yo creo que ahora mismo el que se abra esta puerta es un motivo de esperanza y de alegría para todos, para las autoridades civiles y, cómo no, para la Iglesia en España». La primera hipótesis sobre la que se trabaja es que el Pontífice recale en Madrid, en Barcelona y Canarias. Sobre la visita a Canarias, el cardenal madrileño comentó que «sería una etapa que cumpliría el deseo del Papa Francisco», que antes de morir confesó su intención de visitar el archipiélago y poder hacerse cercano al fenómeno migratorio que allí se vive. «Es un tema que también el Papa León ha acogido ya en el inicio de su pontificado», aseguró. Y añadió: «Es un momento muy importante para dar a conocer la voz de la migración en España», una situación que «a veces se invisibiliza».
No obstante, hay otras ciudades sobre la mesa: Segovia, Toledo… «hay mil invitaciones. Le hemos presentado la lista de todas ellas». Aunque «no debemos agotar al Santo Padre, porque si viene y le cansamos mucho, a lo mejor no quiere volver», bromeó el purpurado. La idea es que «se encuentre con la acción de la Iglesia» y que «reciba el calor de España»; aunque «yo creo que no debe ser el último viaje», concluyó el arzobispo de Madrid.