Entre la fantasía y la realidad - Alfa y Omega

Entre la fantasía y la realidad

Nos llegan dos películas bien diferentes, la segunda parte de El hobbit, y una cinta española de contenido social, Ismael. Ambas tienen una importante cosa en común: la vida es una aventura dramática digna de ser vivida

Juan Orellana
Escena de El hobbit: la desolación de Smaug

El hobbit: la desolación de Smaug

Peter Jackson vuelve a la carga con esta quinta entrega de las adaptaciones de J.R.R. Tolkien y su Tierra Media. Tras la apabullante trilogía de El señor de los Anillos, ahora nos llega la segunda parte de El hobbit, versión algo libre del relato homónimo del novelista británico. En esta entrega, se retoma la aventura de la primera, ocurrida unos sesenta años antes de las peripecias que se relatan en El señor de los Anillos. Bilbo Bolsón se une a Gandalf el Gris y a trece Enanos liderados por Thorin Escudo de Roble, para recuperar la Montaña Solitaria y el Reino Enano de Erebor, invadidos por un dragón, Smaug, y amenazados por el resurgir del señor del Mal, Sauron. La Compañía prosigue el camino que inició hacia el este, y se topan con obstáculos sin cuento: el terrible Beorn, el cambiador de piel; el nido de Arañas gigantes del bosque Mirkwood, o los hostiles elfos del Bosque.

Dos horas y cuarenta minutos de ritmo intenso, de memorables secuencias de acción, y de espectáculo visual. A decir verdad, estos tres ingredientes han sido los característicos de las cinco películas precedentes, y la estética y recreaciones digitales mantienen el mismo tono, como no podía ser de otra manera. Desde el punto de vista temático, sigue muy bien perfilado el dilema del mal, el atractivo del poder que experimenta Bilbo por su ilícita posesión del Anillo, y la mala conciencia que arrastra y que convive con su sacrificado heroísmo. Esa ambivalencia, superadora de cualquier planteamiento maniqueo, responde a la antropología cristiana del propio Tolkien, y Jackson siempre la ha sabido custodiar. También hay que decir que esta película es bastante libre respecto al relato original, incluso crea algún personaje nuevo, y mete un par de sutiles bromas picantes inconcebibles en el autor. Repiten los actores Ian McKellen (Gandalf), Martin Freeman (Bilbo Bolsón), Richard Armitage (Thorin Escudo de Roble) y Orlando Bloom (Legolas). Entre los nuevos fichajes, está Evangeline Lilly en el papel de la elfa Tauriel.

Estupenda película de aventuras rabiosamente clásica, aunque no apta para los más pequeños, que se nutrirían de interminables sugerencias para pesadillas de alta intensidad. El año que viene se supone que Jackson nos ofrecerá la conclusión de su segunda trilogía tolkiana.

Ismael

Imagen de la película Ismael

El famoso director argentino Marcelo Piñeyro (Cenizas del Paraíso, Kamchatka…) rueda en España Ismael, una historia que vuelve a uno de los temas estrella del cine contemporáneo, la búsqueda del padre. Ismael Tchou (Larsson do Amaral) es un niño mulato de diez años. Vive en Madrid con su madre africana, Alika (Ella Kweku), y su nuevo marido, Luis (Juan Diego Botto). Ismael, un día, se fuga en AVE a Barcelona para buscar a su padre biológico, Félix Ambrós (Mario Casas), al que no conoce. Su única pista es una dirección de un apartamento en la ciudad condal, escrita en el remite de una carta dirigida a su madre. Pero en esa casa vive sólo su abuela, Nora (Belén Rueda), que ni siquiera conocía la existencia del niño.

La película entra de lleno en el drama de las familias heridas, del miedo a la paternidad, y de la necesidad de saber a quién pertenece cada uno. Todo gira en torno a la mirada de Ismael, una mirada exigente y limpia, y que encarna un actor infantil, Larsson do Amaral, que se come la película.

La película no es redonda, pero sí interesante, y es algo irregular, ya que a tramas hondas como la de la relación padre-hijo, añade otras muy tópicas y banales, como la del affaire entre Nora y Jordi (Sergi López).

La cinta quiere profundizar en la responsabilidad de las relaciones en una sociedad llena de peterpanes que quieren jugar con la vida. Todos los personajes tienen goteras, heridas y miedos, pero Ismael irrumpe como un terremoto que va a obligar a propios y ajenos a resituarse frente a sus propias vidas.