Energía que nos viene del Espíritu
2º Domingo del Tiempo Ordinario / Juan 1, 29-34
Evangelio: Juan 1, 29-34
En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».
Y Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”. Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios».
Comentario
Las figuras del belén vuelven a su caja. Hasta el Adviento que viene. Muchas eran de los abuelos. ¡Qué de recuerdos! Busco un momento de pausa para meditar este texto evangélico, que no es fácil de entender, al menos para mí. No paro de darle vueltas: recoge muchos símbolos en el comienzo de la vida pública de Jesús, tras pasar años en silencio: cordero, agua, paloma.
Por la casa siguen surgiendo detalles navideños y trocitos de turrón. Siempre les digo a los que me rodean que somos afortunados, porque muchos no pueden decir lo mismo. ¿Somos conscientes del Regalo —con mayúscula— que hemos recibido este tiempo? ¿Qué supone para nosotros la Navidad?
Sigo dando vueltas a la Palabra de hoy: paloma, cordero… Complicado, como la vida misma, llena de incertidumbre, decepciones, olvidos. Los días ahora traen pocas horas de luz y vienen cargados de preocupaciones: encontrar trabajo, techo, serenidad en la familia; nos vamos viendo torpes, hemos enterrado últimamente a muchos seres queridos.
Al recoger las luces reflexiono sobre aquellas luces que nos rodean, en tantas personas y situaciones que nos suponen ánimo. Porque haciendo balance también hay cosas buenas. ¿Las sabemos apreciar? ¿Qué regalos hemos recibido estos días? ¿Qué estrella nos guía y pone en camino día a día, como hizo con Jesús, con Juan Bautista, con los pastores, con los tres Reyes Magos? ¡Hemos recibido el mayor de los regalos: Jesús! Cuando más lo necesitábamos, cuando nuestros desvelos eran mayores. Recibimos oro. ¿Valoramos todo lo positivo que nos rodea, o solo vemos lo negativo? ¿Agradecemos cada mañana el regalo de vivir? Recibimos incienso en esa paz que sentimos en oración. También recibimos mirra, que es ungüento para nuestro dolor, nuestras heridas.
Empiezo a entender mejor el texto evangélico: la energía nos viene del Espíritu. Sentir que Dios se hace regalo para nosotros y que nos invita a serlo para otros. Él tomó nuestra carne para hacernos sus hijos, para mostrarnos el camino de liberación, para hacernos Espíritu. ¿Qué supone abrirnos y recibirle en ese pesebre sencillo que hemos preparado en nuestro interior para ello? ¿Qué cambios esperamos tras este encuentro? A mí me ayuda a conocerme más y a reconocerle en tantas personas y acontecimientos. ¿Qué buscamos y qué descubrimos siguiendo la estrella? Ella nos ha alumbrado el camino durante todo este último año de Jubileo, que en la Pastoral Penitenciaria hemos concluido peregrinando a Roma con internos, familiares, voluntarios, trabajadores y sacerdotes. ¿Cómo vivir este acontecimiento y no cegarnos por tantas luces, que ya se apagan, olvidándonos de lo esencial, de su esencia, del Espíritu que viene a dar sentido, paz y fuerza en este camino? Nuestra hambre externa ha quedado colmada estos días. ¿Y la interna? Continuemos con nuestra misión, confiemos en los tiempos del Espíritu, que a veces no coinciden con los nuestros; descansemos en Él y, como nos enseña el hermano Roger de Taizé, ahora que estoy leyendo sus diarios recién publicados —mi regalo esta Navidad—, que nuestra fiesta no tenga fin. Como la fuerza del Espíritu y nuestra esperanza.