Encarna Sancho: «Las madres solteras apenas tenemos vida social»
Esta mujer con una hija con discapacidad intelectual ha creado Madres Especiales. Quiere dar a mujeres en su misma situación lo que ella no tuvo: un respiro familiar
—¿Cómo era su vida antes de Madres Especiales?
—Yo soy sorda y tengo una hija con discapacidad intelectual que se descubrió cuando ella tenía 3 años, mientras vivíamos en Australia. Allí le empezaron a ofrecer recursos, terapias, facilidades en el colegio… Eva tenía su propia aula especial dentro de un colegio normal, en el que compartía con los otros chavales. Gracias a las ayudas públicas, todos los días venía un taxista que la llevaba al colegio y la traía de vuelta por la tarde. Podíamos hacer uso de él todos los días, salvo tres días al año. También disfrutaba de una prestación de 800 dólares cada 15 días, aparte de todos los servicios médicos.
—Eso parece de otro planeta.
—Allí se entiende que el Estado tiene la obligación de ofrecer estos servicios, porque las mujeres trabajadoras son importantes y se facilita mucho su vida. Todo cambió cuando me vine a España con ella en el año 2003, cuando Eva tenía 12 años. Mi marido y yo nos habíamos separado y echaba de menos mi país.
—¿Se dio un batacazo?
—Totalmente. Pasé a ser yo el taxi de mi hija, hacía cada día 100 kilómetros solo para llevarla al colegio. Y sin apoyo económico alguno por parte de las instituciones. Así de claro.
—Estaban solas.
—En España, una madre que cría sola a su hija lo pasa mal; y más si hay una discapacidad por medio. No sé por qué razón estás como excluida. Yo a todo he tenido que ir con mi hija, por lo que me he perdido muchas relaciones sociales del mundo de los adultos. Las madres solteras apenas tenemos vida social. La sacrificamos porque estamos dedicadas al cuidado de nuestros hijos. Yo no podía ni siquiera irme a merendar con alguien. Es muy complicado.
—Y muy cansado.
—Así es. Hasta hace bien poco, que dijeras que estabas harta de estar en casa todo el tiempo cuidando a tu hijo parecía de mala madre. Pero afortunadamente eso ha cambiado un poco. Es necesario que hablemos de nosotras, de nuestro cansancio, no solo y siempre de la discapacidad de nuestros hijos. Nosotras estamos también mal, porque estamos muy cansadas, de lunes a domingo.
—Sin embargo, no se resignó a esta situación.
—Me propuse crear algo a lo que he llamado Madres Especiales: una comunidad de mujeres que han criado solas a sus hijos con discapacidad. Quiero ayudar a quienes están en el mismo camino que yo he recorrido, porque tengo mucha experiencia en servicios sociales, en temas de colegios… Somos mujeres que hablamos el mismo idioma. Pero no quería proponer algo así sin ofrecer nada a cambio. Y ahí aparece Vivienda EVES.
—¿En qué consiste?
—Es una vivienda que compré y preparé para que se desarrollen en ella respiros familiares para madres con hijos con alguna discapacidad. A esa casa, en un entorno natural, pueden ir los hijos apoyados por monitores. Así también tienen su espacio y sus relaciones sociales, porque no es bueno que se pasen todo el fin de semana pegados a la televisión. Y mientras, las madres pueden tener un tiempo para ellas y descansar.
—Y merendar con alguien, lo que usted no pudo hacer.
—Exactamente. Han pasado los años y ahora estoy mejor, pero he llorado mucho. Las madres no podemos quedarnos en casa esperando a que personas en una Administración solucionen nuestros problemas. Tenemos que unirnos y hacer cosas juntas.