En Tigray «la gente no quiere la guerra», pero «paga los platos rotos»
Mientras los expertos alertan de que el nuevo conflicto en Etiopía puede extenderse a toda la región, los salesianos intentan paliar una crisis humanitaria que no había desaparecido al acabar el anterior
La nueva guerra en Tigray (Etiopía) ha apagado «las pocas esperanzas que había» de recuperar la normalidad y reconstruir la región tras la que la asoló entre 2020 y 2022, asegura a Alfa y Omega una fuente local que pide anonimato. Se desató el 23 de septiembre con la irrupción de la Alianza por la Supervivencia, una nueva coalición de siete grupos armados liderados por el Frente Popular de Liberación de Tigray (TPLF, por sus siglas en inglés) y que incluía otros de las regiones vecinas de Amhara y Afar. La respuesta del Ejército no se hizo esperar y el 3 de octubre tomó Mekele, la capital tigriña. «En las ciudades no tengo noticia de que haya habido enfrentamientos. Sí se han producido ataques con drones contra objetivos específicos. Y nuevos desplazamientos de personas», asegura nuestra fuente. En las otras regiones, el conflicto tiene menor intensidad.
135 millones.
ortodoxos, 43,8 %; musulmanes, 31,3 %; protestantes, 22,8 % y católicos, 0,7 %.
832 euros.
Una de las sorpresas es que un debilitado TPLF cuenta ahora con el apoyo de la vecina Eritrea, que hace unos años se alió con Etiopía contra él. Tanto Etiopía como el proyecto de seguimiento de conflictos ACLED han denunciado la presencia de tropas eritreas en suelo tigriño, lo que llevó a Adis Abeba a cortar relaciones diplomáticas. En realidad «nunca se fueron cuando terminó el conflicto en 2022. Aparentemente, han avanzado un poco hacia Adigrat. La relación» entre ambos países «siempre ha sido muy compleja. La gente de Tigray no entiende cómo el grupo rebelde se ha alineado con Eritrea después de lo que sus tropas hicieron» en la región durante el conflicto anterior. «La gran mayoría no quiere otra guerra. No gana nadie y pierden los pobres».
La mayoría de los análisis explican el giro de Eritrea por la pretensión del recién reelegido primer ministro etíope, Abid Ahmed Ali, de que su país recupere el acceso al mar, lo que requeriría ocupar territorio eritreo. Es solo uno de los muchos ingredientes que podrían desatar un conflicto regional bastante más amplio. Etiopía ha acusado a Egipto y Sudán —con quienes está enfrentado por el agua del Nilo— de apoyar a la Alianza por la Supervivencia. Y en toda la región, ya de por sí convulsa, a un lado y otro del mar Rojo, se despliega una compleja red de intereses cruzados que se extiende a Estados Unidos, Israel o Turquía.
Esto lleva a nuestra fuente local a lamentar la «hipocresía de la comunidad internacional», que «de una manera u otra siempre está detrás de todos los conflictos». Algunos «se benefician de la venta de armas» mientras «quienes no han decidido ir a la guerra pagan los platos rotos. Esto duele, más cuando uno pone nombre a quienes han muerto». Por eso, agradece las palabras del Papa León XIV, que el 30 de septiembre expresó su «profunda preocupación» y pidió diálogo y la «contribución generosa» del resto del mundo para enviar ayuda humanitaria. «El conflicto armado nunca resuelve los problemas sino que los agrava, dejando un rastro de muerte, destrucción y resentimiento», subrayó el Pontífice. Estas palabras, como el compromiso de los últimos Papas con la paz, «son un signo de esperanza» para esta persona, que recuerda que «la oración es una de las armas más importantes que tenemos».
La ayuda de los salesianos
Entre las realidades que intentan ayudar ahora está la familia salesiana. «Las actividades siguen adelante y queremos continuar dando ayuda de emergencia», explica Inma Martín, cooperante de Misiones Salesianas en Etiopía. «Continuar», ya que la crisis humanitaria nunca desapareció y este año se ha agravado por el fenómeno de El Niño, que ha hecho que la última temporada de lluvias fuera particularmente escasa. En algunas partes de Tigray falta el agua incluso para beber y, en consecuencia, los alimentos.
Los salesianos tienen comunidades en Mekele, Adigrat, Adwa y Shire, donde además de sus proyectos educativos atienden ocho campos de desplazados. Así, en Adwa distribuyen pan, agua y alimentos infantiles y para madres lactantes. Fieles a su carisma, ofrecen también educación informal y atención psicosocial para los niños. Y tienen dos proyectos a largo plazo: uno que ayuda a las familias a empezar de nuevo al volver a casa y otro para mujeres supervivientes de violencia. «Nuestros misioneros llevan décadas junto a estas comunidades y van a seguir a su lado», asegura Luis Manuel Moral, director de Misiones Salesianas. Pero reclama al resto del mundo «que se garantice la ayuda».