En Santa María de la Esperanza se consigue cada año trabajo para 200 personas
Esta parroquia tiene una marcada «vocación social». Su apuesta cultural es poco común: un foro de reflexión y un periódico para todo el barrio
Los vecinos más antiguos del barrio del Pilar todavía se acuerdan de cómo, a mediados de los años 60, donde hoy se alza el centro comercial La Vaguada transitaban de vez en cuando rebaños de ovejas que tenían en esta zona su cañada de paso. También recuerdan que un poco más arriba, en el año 1967, los religiosos agustinos levantaron el colegio Valdeluz, por el que han pasado hasta la fecha multitud de generaciones de alumnos.
La parroquia Santa María de la Esperanza fue al principio la capilla del centro, hasta que pocos años más tarde se convirtió en la parroquia del barrio. «Desde entonces tratamos de ofrecer a todos los tres servicios de toda comunidad cristiana: anuncio, liturgia y caridad», explica el agustino José María Martín Sánchez, a quien todos en la parroquia y por la calle conocen como el padre Chema, párroco durante muchos años del templo.
«Cada año tenemos más de 200 niños apuntados a catequesis de infancia, sobre todo alumnos del colegio, pero también de fuera», apunta. Todos comienzan un recorrido que tiene su punto culminante más adelante en el sacramento de la Confirmación, que reciben cerca de 70 jóvenes al año. «Nos alegra comprobar que muchos continúan su recorrido cristiano», cuenta Martín Sánchez, que valora también el compromiso de los 50 jóvenes que no solo hacen de catequistas, sino que también participan en la organización de otras actividades parroquiales como los rastrillos o los torneos deportivos solidarios.
Los adultos tienen su espacio en grupos como el que ora y reflexiona sobre el Evangelio de cada domingo o los de matrimonios, «algunos de los cuales celebraron con nosotros sus bodas de plata y ya van por las de oro», ríe el sacerdote. También está el grupo Hipona, que trata sobre temas más específicamente agustinianos; y otros que prestan un servicio de ayuda mutua como Alcohólicos Anónimos y Codependientes Anónimos (CODA, para promover relaciones sanas). En los locales se reúnen periódicamente también personas para compartir su crecimiento personal y trabajar su autoestima, a lo que se añaden actividades como clases de sevillanas y de costura.
En el terreno cultural, Santa María de la Esperanza es una de las parroquias más avanzadas de Madrid. Su Foro de la Esperanza ha cumplido ya 25 años «reflexionando sobre temas de actualidad, no solo religiosos»; y el periódico En Bloque es una apuesta poco común: «Queremos hacer algo más que una hoja parroquial, y por eso incluimos información de la parroquia y del barrio. Y no solo se distribuye en la iglesia, sino que se buzonea por las casas», señala el agustino.
Por último, la labor social la sostienen muchos voluntarios que, además de llevar la Comunión, visitan a los enfermos y mayores en sus casas. Y existe un equipo de Cáritas coordinado por una trabajadora social y acompañado por un sacerdote: «Damos acogida, bolsa de trabajo, atención a necesidades primarias de vivienda, seguros, suministros, comida…, siempre con un seguimiento concreto a las familias», prosigue. «La parroquia tiene claro que la vocación caritativa y social es muy importante», subraya Martín Sánchez, que revela con alegría que la parroquia consigue cada año trabajo para cerca de 200 personas.