En las Islas Salomón, era a la vez cura y médico. Ahora estudia en Roma para frenar el aborto

James Ereaihionaniia cambió el tener que evacuar a los enfermos en una lancha a motor por estudiar Teología Moral en Roma. Gracias a la colecta de la Jornada de Vocaciones Nativas, será el primer experto en Bioética de su país

María Martínez López
Ereai, cuando trabajaba en el Hospital Kiluufi, en 2009. Foto: James Ereaihionaniia

La colecta de la Jornada de Vocaciones Nativas, que se celebra este domingo, permite financiar, además de muchos seminarios locales de tierras de misión, el Colegio San Pedro de Roma. Allí estudia James Ereaihionaniia, que hasta hace poco tenía que evacuar a los enfermos de su isla en una lancha a motor. Cuando termine Teología Moral será el primer experto en Bioética de su país

En un país occidental, al saber que a un sacerdote se le ha asignado un ministerio relacionado con el mundo sanitario por haber estudiado Medicina antes, lo lógico es pensar que es capellán de un hospital. No es el caso del padre James Ereaihionaniia, de las Islas Salomón, en la subregión de Melanesia (Oceanía). Desde que se ordenó en 2015 hasta que viajó a Roma para estudiar Teología Moral, además de ser el sacerdote de una parroquia remota fue el único médico de otras cuatro, por petición de su obispo.

Así, además de la atención pastoral, hacía visitas periódicas para ayudar a las enfermeras encargadas de los dispensarios locales. Las asesoraba, valoraba qué pacientes tenían que ser derivados al hospital, hacía pequeñas cirugías, seguía los embarazos y atendía partos.

«También he tenido que evacuar yo mismo a pacientes en riesgo de muerte, por ejemplo por un embarazo ectópico o una obstrucción intestinal», comparte el sacerdote, conocido coloquialmente como Ereai, a Alfa y Omega. «Por mar, el hospital más cercano está a seis horas en lancha de motor. A veces la gente muere de camino».

Formadores nativos para sacerdotes nativos

Se refiere al único hospital de referencia del país, en Honiara, la capital. Está «equipado más o menos como un hospital de distrito en Europa. No hay muchos servicios de especialidad. Con esos recursos limitados, hacemos todo lo necesario para salvar vidas». Esta conciencia de «estar sobreviviendo con lo mínimo» se ha acrecentado al conocer y poder compararse con los hospitales de Italia.

Este cambio de escenario tan radical se debe a que es uno de los 176 sacerdotes, de 51 países, que estudian en el Colegio San Pedro de Roma. En esta residencia, financiada por Obras Misionales Pontificias gracias sobre todo a lo recaudado en la Jornada de Vocaciones Nativas que se celebra este domingo, amplían su formación para volver a sus iglesias locales. Todos vienen de territorios de misión, y en ellos están llamados a tomar el testigo de los misioneros; también en lo relacionado con la formación de seminaristas y sacerdotes.

Es una prioridad para los obispos, que quieren que sus diócesis lleguen a ser autosuficientes. «La Iglesia se está haciendo cada vez más autóctona, y los sacerdotes que estudiamos fuera lo hacemos con el objetivo de enseñar en el seminario para formar a los seminaristas locales», explica Ereai.

Las dos caras de la medicina

En las Islas Salomón solo hay tres diócesis, y ya tienen capacidad para sostener los estudios de los seminaristas en el seminario mayor que comparten. Allí estudió también este sacerdote y médico. Dos vocaciones que para él están unidas, pues fue mientras estudiaba Medicina en Papúa Nueva Guinea cuando empezó a pensar más en Dios. «Me impresionaba cada vez más la grandiosidad de la anatomía humana. Me preguntaba por su autor».

Esta inquietud fue creciendo también al comprobar el lado menos amable de la práctica médica cuando trabajaba en Urgencias. «No entendía por qué tenían que morir personas a pesar de recibir los mejores cuidados médicos». Por eso, aunque estaba encantado con su profesión, su sueldo y el aprecio que la gente le profesaba, «empezó a morderme el gusanillo de la vocación. Sentía en el corazón como un vacío, una llamada a algo más que curar el cuerpo».

Ereai atiende a una paciente en la isla de Malaita del Sur. Foto: James Ereaihionaniia

El primer bioeticista del país

Se planteó el sacerdocio para poder «atender al ser humano total, en cuerpo y espíritu». Y ahora, en Roma, sigue aunando ambas vocaciones. En su caso, su obispo le pidió que hiciera la licenciatura en Teología Moral para poder especializarse en Bioética. «Cree que ser los primeros en hacerlo en el país sería una gran ventaja para la Iglesia» y para todo el archipiélago.

Situado al este de Papúa Nueva Guinea, en las casi 1.000 islas de las Salomón viven 600.000 personas. La precaria situación sanitaria hace que uno de los frentes abiertos en el campo de la ética médica a los que se tienen que enfrentar sus profesionales sanitarios sean «los problemas derivados de la falta de recursos necesarios», agravados por las «vastas distancias entre las islas y los centros sanitarios». Pero también «nos estamos enfrentando ya a desafíos sobre el control de natalidad», ya sea mediante la contracepción o la esterilización.

Presiones a favor del aborto

Eso le hace darse cuenta de que «la cuestión que se cierne sobre nuestro horizonte» en el futuro próximo es el aborto, «bajo el disfraz de salud reproductiva. Todavía es ilegal, pero con la presión de las ONG», locales e internacionales, «para promover la contracepción, es solo cuestión de tiempo que presionen al Gobierno» para aprobarlo.

Por eso, su prioridad al abandonar su hogar insular era ayudar a las parejas a discernir moralmente estas cuestiones, y también formar a los sacerdotes para que sepan abordarlas. También ve la necesidad de colaborar con instituciones seculares, y esta abierto a trabajar con el comité de ética del hospital. Aunque durante estos meses de estudio, ha ido creciendo en él el sueño (muy a largo plazo) de que se pudiera constituir en las Salomón un Comité Nacional de Bioética. «Una visión que compartiré con mi obispo cuando regrese».

María Martínez López