En busca del apóstol Santiago
El Camino de Santiago, el Camino por excelencia, se inicia desde el primer momento en que se descubre el sepulcro del Apóstol, en el año 813. Peregrinar es la experiencia de la búsqueda y el encuentro de la Vida, una experiencia espiritual que amalgama y se convierte en metáfora de lo más duro y sacrificado, junto con el embelesamiento de descubrir que, al final, sí había motivos para soportar tantas dificultades. Buscar el origen, la esencia, de todo ello es la propuesta de dos exposiciones, en Palencia y en Santiago de Compostela, que llaman la atención a los actuales buscadores, a los actuales peregrinos
Históricamente, los peregrinos han tenido diversas rutas para llegar a Santiago, pero la más importante es la que se conoce como el Camino Francés, que entra a la península por Roncesvalles, o por Somport, coincidiendo ambas en Puente la Reina, Navarra. El Camino Francés, que venía de Castrojeriz y Burgos, atraviesa la provincia de Palencia en sentido Este-Oeste, cruzando dieciséis términos municipales, en una longitud total de 65 kilómetros, que se tarda tres jornadas en recorrer, desde Itero de la Vega hasta San Nicolás del Real Camino, cerca ya de Sahagún, por una inmensa llanura bien provista de pan, pero sin arbolado, a decir del Liber Sancti Iacobi, o Códice Calixtino.

Frómista, Quintanaluengos, la abadía de Husillos, el monasterio de San Salvador de Nogal de las Huertas, Támara, la abadía de Benevívere, el monasterio de Santa María de la Vega, San Millán de los Palmeros de Amusco…: son nombres que saben al Camino. Son hitos del tramo palentino, de la Castilla sobria, recoleta y austera, que ayuda a invocar a Dios y a descubrir que no hay nada más importante que Él. Si al final de la ruta nos encontramos con el Apóstol, en Palencia se nos revela que en el Camino está Dios.

Por eso, el Museo Arqueológico de Palencia ha querido unirse a la celebración del XX aniversario de la declaración del Camino de Santiago –el Camino Francés– como Patrimonio de la Humanidad, mostrando piezas románicas de todos estos lugares, recolocando unas y restaurando otras para este acontecimiento.
En Santiago, Iacobus
El peregrino que llega a Santiago podrá encontrar otra excelente exposición. Ésta, con los ojos puestos en lo medular de la peregrinación: el propio Apóstol, Santiago el Mayor, uno de los doce apóstoles de Jesucristo, transmisor de la fe cristiana, origen y razón de ser de la catedral y de la ciudad de Santiago. La exposición se titula Iacobus.
En esta exposición, ubicada en la catedral compostelana, se pueden observar las diferentes representaciones del Apóstol que se conservan en la catedral, o en lugares cercanos a Santiago. Y, como no podía ser de otra forma, el recorrido expositivo de Iacobus se inicia en el Pórtico de la Gloria: un recorrido que permite trazar una línea continua, a lo largo de los siglos, poniendo de relieve los diferentes estilos artísticos y las maneras de representar al Apóstol Santiago.

Una de las virtudes de la exposición es la de acercar las principales obras de la catedral a una proximidad nunca vista antes, pues lo habitual es que éstas, en sus propias ubicaciones, queden lejos de la contemplación detenida de los fieles. Es el caso del Retablo de reliquias de la catedral, entre las que destacan el Santiago Peregrino, de Coquatrix, o el de Roucel, dos valiosas piezas de los siglos XIV y XV.
Aún hay más. Se debe poner en valor el esfuerzo de Iacobus por recuperar un altar que se desmontó en su momento y que ahora se une de nuevo. Se trata del antiguo retablo de la vida de Santiago que estuvo situado en la actual Capilla de San Fernando. Éste estaba compuesto por varias piezas que se fueron sumando con el paso del tiempo: el Retablo Goodyear (una de las piezas más importantes de la catedral, única en el mundo, que consta de cinco paneles de alabastro policromado montados sobre madera, y que fue ofrenda al Apóstol en el año 1456 por John Goodyear, un sacerdote peregrino inglés); el Tríptico con escenas de la Pasión del Señor, realizado en óleo sobre tabla por el Maestro Fadrique en el siglo XVI; y el relieve en madera de la Aparición de la Virgen del Pilar a Santiago, del compostelano Diego de Sande.

Y no podía faltar el Códice Calixtino. Éste se podrá consultar íntegramente a través de una aplicación informática, en pantalla táctil. Junto a él, también se podrá observar el Tumbo B –una recopilación de documentos con privilegios reales concedidos por monarcas a la Iglesia compostelana a lo largo de los siglos, cosidos y formando un solo volumen–, realizado hacia 1326, o la Historia del Apóstol Santiago, de Castellá Ferrer, publicada en Madrid en el año 1610.
«Se trata –explican sus organizadores– de ofrecer un completo análisis de la figura del Apóstol, acercándola al público a través del arte, permitiendo una mejor comprensión de por qué, casi 1.200 años después, Compostela sigue siendo un foco de atracción para millones de fieles y peregrinos que acuden cada año a su tumba».