Empiezan a regresar los peregrinos españoles atrapados en Tierra Santa: «Oír las sirenas abruma»
El estallido de la guerra entre Israel y Estados Unidos e Irán sorprendió en Tierra Santa a media docena de grupos. Han asumido el riesgo de viajar por carretera a Egipto o Jordania
De la media docena de grupos de peregrinos españoles a los que sorprendió en Israel el estallido de un nuevo conflicto en Oriente Medio, dos están ya fuera. Informa de ello a Alfa y Omega el franciscano Luis Quintana, vicecomisario de Tierra Santa en nuestro país. Un tercero, el más numeroso, saldrá en las próximas horas.
En efecto, este lunes, un grupo de sacerdotes de Murcia llegó a El Cairo (Egipto) tras cruzar el desierto desde Jerusalén. Allí, tenían previsto volar a España este martes. Otro, un grupo familiar de una decena de personas acompañado por un sacerdote madrileño, se trasladó con éxito a Amán, en Jordania. Despegarán el miércoles.
«El traslado fue bien, aunque como se hizo evitando las zonas conflictivas se alargó mucho», relata Fernando Rey, párroco de San Bernabé, en El Escorial, que acompaña a este grupo. «Sonaban algunas sirenas pero el conductor nos decía que de momento es más bien lugar de paso para los misiles» que Irán está lanzando en represalia por el ataque de Estados Unidos e Israel y la muerte del líder supremo, Alí Jamenei. «Aunque alguno se ha interceptado cerca de la frontera y han caído esquirlas».

Rey confiesa que él hubiera preferido esperar en Jerusalén para coger el vuelo que les habían dado el miércoles, después de cancelarse por el cierre del espacio aéreo israelí el que tenían reservado el domingo. Pero el grupo prefería salir del país antes y optaron por ir a Jordania. «Después de haberlo decidido, nos dijeron que el vuelo desde Tel Aviv se cancelaba» de nuevo, así que en cualquier caso «no hubiéramos podido salir».
El ataque a Irán, y la respuesta del régimen de los ayatolás, los sorprendió a la hora del desayuno de su penúltimo día de peregrinación. Además de oír las alarmas cada dos horas, «hemos visto cómo» el escudo Cúpula de Hierro «intercepta los misiles en el cielo y saltan hechos pedazos. A veces son tantos que parecen fuegos artificiales». Algo que le lleva a preguntarse «¿qué está haciendo la humanidad?».
«Extrañamente tranquilo»
Alojados en la Casa Nova de los franciscanos en Jerusalén, decidieron trasladarse al centro Notre Dame porque allí «no había condiciones de seguridad» como un sótano que sirviera de refugio. El párroco madrileño comparte su perplejidad por «cómo la gente de Jerusalén está tan tranquila: van al refugio y vuelven a salir como si nada; o estaban en las tiendas haciendo acopio de todo pero con una naturalidad espantosa. No había ambiente de pánico».
También él, aunque todo le resultaba nuevo y amenazador, interiormente «estaba extrañamente tranquilo», reconoce. «Nunca sabes cómo vas a reaccionar». De hecho, se decía: «Si me tengo que ir al cielo, mejor desde Jerusalén».
Desde el punto de vista espiritual, le ha ayudado la liturgia, pues ha sentido que a través de ella Dios hablaba al grupo. Así, cita las lecturas de la Misa del lunes y cómo el profeta Daniel, ante la deportación y la destrucción del templo, en vez de culpar a sus enemigos reconoce los pecados del pueblo. «No es cuestión de decir qué malos son estos o aquellos. Esto es el pecado del mundo, del que yo también soy parte», señala.
Un misil a tres kilómetros
Con todo, el grupo español más numeroso atrapado estos días en Tierra Santa ha sido el guiado por el sacerdote aragonés César Miravete, aunque son un conjunto heterogéneo con bastantes andaluces. Tras una peregrinación «imponente de bonita», las sirenas los sorprendieron a punto de volver al hotel tras hacer el vía crucis y celebrar Misa en el Santo Sepulcro el sábado temprano.
«Oír las sirenas abruma», confiesa Miravete. Tras volver al hotel, donde les extendieron la estancia sin coste adicional, no volvieron a salir hasta el martes. Al principio, decidieron esperar al lunes o martes por si se abría el espacio aéreo. Siempre se han sentido muy acompañados por su agencia y el consulado español.

El sábado y domingo, las explosiones parecían «una tormenta lejana». Hasta que en torno a las once de la noche del 1 de marzo llegaron las explosiones fuertes. Luego supieron que un misil había caído a tres kilómetros. Cuando todo pasó, «escribí a la agencia para empezar a pensar en serio opciones para volver a España».
Tras valorar ir a Amán (Jordania) o El Cairo (Egipto), optaron por lo segundo porque les parecía más seguro (Jordania no deja de estar más cerca de Irán) y lograron ubicarlos en un vuelo desde esta ciudad para el miércoles. Es decir, tenían que viajar allí el martes.
Volverán a Tierra Santa
«Ciertamente, el trayecto hasta la frontera es peligroso», pues al transcurrir por pleno desierto están expuestos, explica el sacerdote aragonés. Si durante el mismo les sorprende un ataque y suenan los móviles, «hay que bajar del autobús, alejarse de él y esperar». Por ello, han tenido que firmar un documento asumiendo el riesgo y eximiendo de responsabilidades a la agencia; algo que a alguno les ha costado. «Prefería quedarse, y yo me habría tenido que quedar con él».
Reconoce que tener que asumir decisiones de este tipo e intentar mantener cohesionado al grupo «me ha abrumado mucho», hasta el punto de perder totalmente el apetito. Aunque, al mismo tiempo, y mirándolo con la misma perspectiva de fe que ha intentado transmitir al grupo, «me ha servido para pensar y darme cuenta, aunque sea un poco de refilón, del sufrimiento que supone una guerra»; así como para «valorar las cosas importantes. Cuando llegue a España daré gracias a Dios por la vida y cambiaré muchas cosas».
¿Volverá a Tierra Santa? «Claro que sí, cuando sea posible; y con mucho mayor motivo». La experiencia «ha supuesto un punto de inflexión en mi vida» y ha avivado «el amor a Tierra Santa y al carisma de los franciscanos».
Coincide con él Fernando Rey. De hecho, «tengo programada una peregrinación para el año que viene con todo mi arciprestazgo y estoy rezando para que podamos hacerla. A ver cómo logro convencerlos», ríe.