Ellacuría y compañeros mártires

Título: Ignacio Ellacuría
Autor: Gabriele Fadini
Editorial: San Pablo

Manuel María Bru Alonso

Título: Ignacio Ellacuría
Autor: Gabriele Fadini
Editorial: San Pablo

No podíamos dejar pasar el año 2019 sin recordar, también en esta sección de libros, aquella noticia que hace 30 años (el 16 de noviembre de 1989) conmocionó al mundo entero, y especialmente a la Iglesia en España y en Centroamérica: el asesinato de seis profesores jesuitas españoles, Ignacio Ellacuría, Ignacio Martín-Baró, Segundo Montes, Juan Ramón Moreno, Amando López, y Joaquín López, y de dos empleadas de la Universidad Centro Americana (UCA) regida por la Compañía de Jesús, Elba Ramos y Celina Ramos.

La ocasión nos la brinda la publicación de un libro de la editorial San Pablo escrito por Gabriele Fadini, uno de los más preclaros expertos en la filosofía y la teología del líder de aquel grupo, Ignacio Ellacuría, que es presentado como un discípulo de dos grandes pensadores del siglo XX: el gran teólogo alemán Karl Rhaner y el gran filósofo español Xabier Zubiri, del que sin duda Ellacuría era quien mejor lo había entendido, su mejor colaborador, y el sucesor de su legado. Pero sobre todo, el libro explica cómo el rector de la UCA supo unir el compromiso de la universidad por la verdad a través de la ciencia, y por la opción preferencial por los pobres del Evangelio y de la Iglesia, y la consiguiente denuncia de las injusticias sociales de un país que hace 30 años estaba sumido en una auténtica guerra civil, cuando un puñado de familias multimillonarias controlaban el Gobierno y el Ejército.

El libro recoge no solo los rasgos biográficos en Ellacuría (dividido en dos partes: su formación teológica y filosófica y la opción salvadoreña que lo llevó al martirio), sino las cuatro claves de la filosofía zubiriana que determinaron su pensamiento filosófico (realidad e inteligencia sentiente, la esencia, la filosofía de la realidad histórica y la religación); las seis claves de su pensamiento teológico (su método, la teología de la liberación por el propuesta, y su soteriología, cristología, moral y eclesiología históricas), y los tres ámbitos de reflexión con los que abordaba la realidad política: el filosófico, el universitario y el de la reforma agraria, aún hoy reclamada en El Salvador. Termina el libro con un capítulo sobre la recepción de su pensamiento y la transcripción de dos textos que son claves para entender este legado: «Iglesia y pueblo de Dios y El pueblo crucificado».

Pero permítanme que aproveche la recensión de este magnífico libro para compartir, a modo de verificación sobre lo que en él se cuenta, mi experiencia de encuentro personal con Ignacio Ellacuría y sus compañeros mártires (espero que algún día se les llegue a recodar así en el calendario litúrgico), un año antes de su asesinato. Fui invitado por Fernando Álvarez de Miranda, entonces embajador de España en El Salvador (previamente presidente de las Cortes Constituyentes y posteriormente defensor del Pueblo), para conocer la realidad de este país centroamericano y, sobre todo, para conocer a los jesuitas de El Salvador. Recuerdo una larga y amabilísima conversación con Ignacio Ellacuría en su despacho, en el que hablamos mucho de Zubiri, de la que no olvidaré jamás una frase suya: «Si conoces la filosofía de Zubiri, entenderás muy bien que es falso que me acusen de marxista. Es imposible ser zubiriano y marxista a la vez». Pero sobre todo, recuerdo una noche, tomando un café tras cenar en la embajada, a la que los jesuitas españoles acudían con mucha frecuencia, cuando la mujer del embajador, Luisa Cruz, les preguntó si estaban amenazados de muerte. Tras un silencio estremecedor, uno a uno, empezando por Ellacuría, no solo confirmaron las amenazas y la credibilidad de las mismas, sino que dieron testimonio de que estaban dispuestos a morir antes de irse del lugar al que Dios les había enviado. Como buenos jesuitas, no pensaban rendirse cuando sabían que, en medio de la barbarie, ellos seguían la bandera justa, la del Reino que Jesús había traído a la tierra.

Manuel Bru