Solidaridad, antídoto para erradicar la pandemia

La Academia Pontificia para la Vida presentó el lunes al Papa la nota Pandemia y fraternidad universal, en la que pide esfuerzos globales para fortalecer a los eslabones más débiles en esta situación excepcional. Sin olvidar por ello «las otras calamidades que golpean a los más frágiles, como los refugiados e inmigrantes o aquellos pueblos que siguen siendo azotados por los conflictos, la guerra y el hambre»

Alfa y Omega
Foto: Academia por la Vida

El Vaticano es el primer Estado en generar una perspectiva moral, política y social de la pandemia de coronavirus. En el documento Pandemia y fraternidad universal, publicado esta semana, arremete contra la política «miope e ilusoria» que preconiza los «intereses nacionales» y constata que sin una colaboración global «los virus no se detendrán»

La Pontificia Academia para la Vida apunta a los límites de la ciencia para concluir que «no somos dueños de nuestro propio destino». «Sus resultados son siempre parciales, ya sea porque se concentra –por conveniencia o por razones intrínsecas– en ciertos aspectos de la realidad dejando fuera otros, o por el propio estado de sus teorías, que son, en todo caso, provisionales y revisables», vislumbra.

Por ello, el organismo instituido por san Juan Pablo II en 1998, que preside el arzobispo italiano Vincenzo Paglia, advierte de que tomar decisiones radicadas solo en la ciencia empírica reduciría las respuestas a un nivel exclusivamente técnico: «Terminaríamos con una lógica que considera los procesos biológicos como determinantes de las opciones políticas, según el peligroso proceso que la biopolítica nos ha enseñado a conocer». Así identifica en «los anticuerpos de la solidaridad» el único antídoto contra el COVID-19. Por ello reivindica la «profesionalidad» del personal sanitario que se despliega «mucho más allá de la lógica de los vínculos contractuales, lo que demuestra que el trabajo es ante todo una esfera de expresión de significados y valores, y no solo una mercancía que se intercambia por una remuneración».

Pero también el trabajo de los investigadores y científicos; la dedicación de las madres y los padres de familia; la solidaridad de los miles de voluntarios que no han cesado su servicio; o los responsables de las comunidades religiosas que siguen sirviendo a las personas que les han sido confiadas, incluso a costa de sus vidas.

Investigación para el bien común

A este respecto, resalta que la «incolumidad de cada individuo depende de la de todos», por lo que reclama que los «medios técnicos y clínicos de contención» se integren en una «vasta y profunda investigación para el bien común, que deberá contrarrestar la tendencia a la selección de ventajas para los privilegiados y la separación de los vulnerables en función de la ciudadanía, los ingresos, la política y la edad».

El Vaticano concluye en esta guía de acción frente al virus: «Somos parte de la humanidad y la humanidad es parte de nosotros: debemos aceptar estas dependencias y apreciar la responsabilidad que nos hace participantes y protagonistas. No hay derecho alguno que no tenga como implicación un deber correspondiente: la coexistencia de lo libre e igual es un tema exquisitamente ético, no técnico».

La coyuntura actual –subraya el documento– debe por tanto «transformarse en una oportunidad» para que el espíritu de humanismo «modele la cultura institucional en el tiempo ordinario», tanto dentro de cada pueblo como en el conjunto de todos ellos. Dado que en un contexto de pandemia el nivel de contención de la misma que se alcance dependerá de lo que logre «el eslabón más débil» a la hora de un diagnóstico temprano, una rápida respuesta con medidas proporcionadas y un registro adecuado, se ha puesto de manifiesto la necesidad de construir «una coordinación mundial de los sistemas de salud».

Esta autoridad deberá tomarse «como referencia» a esta autoridad que puede tener visión de conjunto. También para «evitar la desorientación generada por la tormenta de comunicaciones», con datos y noticias fragmentados que generan incertidumbre.

Especial atención a ancianos y discapacitados

Otra prioridad en un contexto de pandemia es «prestar especial atención a los que son más frágiles», especialmente los ancianos y discapacitados. La Pontificia Academia para la Vida recuerda además que las consecuencias de la pandemia dependerán en cada país o territorio de los recursos disponibles con anterioridad y su calidad, así como de las condiciones de vida de la población. Por ello, es necesario también de forma ordinaria garantizar «una simple atención sanitaria básica». Donde no sea así, «habrá muchas más muertes».

Este hecho de que los más pobres sean los más castigados por la enfermedad debe llevar –continúa la nota– a ser prudentes a la hora de relacionar esta peculiar situación histórica con la acción de Dios. Vincular lo que está sucediendo con una «represalia sagrada» implicaría que «serían los más débiles los más castigados, precisamente aquellos por los que Él se preocupa y con los que se identifica».

Frente a esta perspectiva «equivocada», hay que tomar conciencia que «estar del lado de la vida, como Dios nos enseña, se concreta en gestos de humanidad hacia el otro». Afortunadamente, «no faltan en el momento actual» iniciativas de este tipo. Cada una de ellas, concluye la Pontificia Academia para la Vida en su nota, «es una victoria del Resucitado. Es responsabilidad de los cristianos dar testimonio de Él. Siempre y para todos». Por ello, hace hincapié en el deber de «no olvidar las otras calamidades que golpean a los más frágiles, como los refugiados e inmigrantes o aquellos pueblos que siguen siendo azotados por los conflictos, la guerra y el hambre».

Este lunes, monseñor Paglia se reunió con el Papa Francisco para presentarle la nota. En el encuentro –comparte el obispo en la web de la institución–, «el Papa me confió dos de sus preocupaciones: cómo ayudar ahora, especialmente a los más débiles, y cómo salir de esta [crisis] fortalecidos en la solidaridad», incluido a nivel global.

Victoria Isabel Cardiel C.