El Vaticano alerta de la situación de 300.000 marinos bloqueados en el mar

A través de una carta con motivo del centenario del Apostolado del Mar, el cardenal Peter Turkson denuncia «una emergencia humanitaria»

Fran Otero
Un voluntario del Stella Maris de Barcelona visita a la tripulación de un buque

La pandemia se ha cebado con muchos sectores y personas a nivel mundial a todos los niveles: sanitario, económico… Sin embargo, hay realidades que han permanecido ocultas a la opinión pública cuando su labor es indispensable. Hablamos de los marinos, fundamentalmente aquellos que trabajan en los grandes buques que mueven el 90 % de la mercancía a nivel mundial y permiten el abastecimiento de productos, incluso en estos tiempos. Y que se encuentran, en muchas ocasiones, abandonados a su suerte en el mar.

Son pocos los que dirigen la mirada más allá de tierra firme y denuncian la situación y condiciones de estos trabajadores, agravadas por la pandemia. Una de esas instituciones es la Iglesia, que lleva 100 años acompañando a las gentes del mar –el 4 de octubre se celebra del centenario del Apostolado del Mar–, una realidad que está presente en 300 puertos de todo el mundo, donde los voluntarios y capellanes realizan un total de 70.000 visitas anuales.

En una carta con motivo del citado centenario, el presidente del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, el cardenal Peter Turkson, denuncia la «emergencia sanitaria» que se vive en el mar, pues 300.000 marinos están en estos momentos bloqueados, prolongando los periodos de trabajo más allá de lo estipulado porque los relevos no llegan a causa de las restricciones, el cierre de fronteras o las cuarentenas. Y, por tanto, sin poder volver a casa. Una situación que, según Turkson, está provocando gran «estrés mental y fatiga física» en estos trabajadores.

Por ello, el purpurado reclaman en su misiva que se considere a estos profesionales «trabajadores esenciales» y se abran «canales especiales» para facilitar el relevo de las tripulaciones, una petición que ya han realizado numerosas organizaciones internacionales, sindicatos, empresas y ONG eclesiales, y que hasta el momento ha sido ignorada.

«Queremos mostrar nuestra solidaridad con las gentes del mar y hacer sentir nuestra voz para pedir a los Gobiernos, a las organizaciones internacionales, nacionales y a las autoridades portuarias que cooperen para resolver esta dramática situación. Queremos ver a los marinos bloqueados en el mar volver a sus países y reunirse con sus seres queridos», añade Turkson.

A las Iglesias locales

Al margen de la situación concreta provocada por la pandemia, el cardenal Turkson pone en valor el trabajo realizado durante estos 100 años por la pastoral del mar, fundamentalmente a través de los los centros Stella Maris, presentes en numerosos puertos. Y recuerda qu,e aunque se trata de un servicio global y mundial, la responsabilidad es de las Iglesias locales.

«Invitamos a todas las conferencias episcopales a nombrar un obispo que se encargue del cuidado de la gente del mar en el país y pedimos a los obispos de las diócesis con salida al mar que nombren capellanes y consideren esta pastoral parte integrante de la labor de las diócesis y de las parroquias cercanas a los puertos», concluye