El último superviviente de Tibhirine apoya en Marruecos el impulso del Papa al diálogo con el islam

Cristianos y musulmanes debemos «superar nuestras divisiones, comprender al otro, trabajar juntos por el bien de todos», asegura desde Rabat el hermano Jean Pierre Schumacher, de 95 años

Ricardo Benjumea
El Papa besa las manos del hermano Schumacher durante el encuentro con los sacerdotes y religiosos de Marruecos

Cristianos y musulmanes debemos «superar nuestras divisiones, comprender al otro, trabajar juntos por el bien de todos», asegura desde Rabat el hermano Jean Pierre Schumacher, de 95 años

Finalmente sí se produjo en Rabat el encuentro del Papa con Jean Pierre Schumacher, último superviviente de los monjes trapenses de Tibhirine, que tras el martirio de sus hermanos se trasladó a Marruecos junto al hermano Amédée, el otro superviviente, para continuar una presencia orante y samaritana entre musulmanes. A sus 95 es hoy el último miembro vivo de aquella comunidad.

El viaje del Papa al Magreb ha tenido lugar apenas unos meses después de la beatificación de estos trapenses asesinados en 1996, celebrada el pasado 8 de diciembre en Orán. Pese a las sugerencias iniciales de que la ceremonia pudiera ser trasladada a Roma o a otro lugar, la Iglesia local insistió en que debía hacerse en Argelia, transformando la violencia ciega de una minoría fanática en una ocasión para la fraternidad entre musulmanes y cristianos.

Este era, precisamente, el punto que destacaba el hermano Schumacher, en respuesta a una pregunta de Alfa y Omega, al término del encuentro del Papa en la catedral de Rabat con los sacerdotes, religiosos y religiosas. «Fue un momento increíble, sobre todo el hecho de que la beatificación de los hermanos nos uniera a tantos mártires musulmanes», afirma, en alusión al homenaje que se hizo a 114 imanes musulmanes asesinados por el GIA por defender a los cristianos y rechazar su visión fundamentalista del islam.

«Pienso que para mis hermanos mártires esa ha sido también una ocasión de alegría», añade, una vez que la Iglesia con la beatificación ha constatado ya de forma oficial que todos ellos se encuentran en el Paraíso.

La beatificación lanza para el mundo «un mensaje de fraternidad universal» que anima a cristianos y musulmanes a «superar nuestras divisiones, comprender al otro, trabajar juntos por el bien de todos».

Se trata de un mensaje muy presente de distintas formas a lo largo de toda la visita del Papa a Marruecos. Junto a diversos gestos y mensajes para profundizar en el diálogo interreligioso, durante la Misa que puso fin a la visita de Francisco estuvo presente una cruz tallada ¿? por el hermano Christian, superior de la comunidad de Thibirine, que proyecta la pasión y muerte de Jesús hacia su resurrección y ascensión.

En Rabat ha habido estos días una significativa presencia de las Iglesias del norte de África, y en concreto la de Argel. El arzobispo de Argel, el jesuita Paul Desfarges, destacaba en declaraciones a este semanario que «la beatificación dejó un mensaje de fraternidad, porque se hizo con los amigos musulmanes».

De este modo, sirvió para promover «una verdadera fraternidad» y para «concretar nuestro deseo de vivir juntos, cristianos y musulmanes».

En ese camino, concluye, se «ha avanzado» estos días en Marruecos.

Ricardo Benjumea. Enviado especial a Rabat