El «traje a medida» de la Iglesia para paliar la crisis de vivienda
Con el Plan Estatal de Vivienda caducado, el tercer sector y la Iglesia reinventan la ayuda social en el ámbito inmobiliario para acabar con las dificultades de acceso a un hogar
El último Consejo de Ministros, en el que se estrenaba como portavoz Elma Saiz —quien sustituye en el cargo a Pilar Alegría—, vino con sorpresa. La reunión se celebró el pasado martes, 23 de diciembre, y en ella se esperaba la aprobación del nuevo Plan Estatal de Vivienda (PEV) 2026-2030. El anterior, que ha estado vigente los últimos cuatro años, caducaba en apenas unos días. A pesar de ello, la ministra portavoz no mencionó al PEV. Ni rastro del nuevo plan, a pesar de que el Ejecutivo sí aprobó diversas medidas en dicho ámbito: se prorrogaron la suspensión durante 2026 de los desahucios para familias vulnerables sin alternativa habitacional y la garantía de suministros para los consumidores, también con la condición de vulnerables.
Sin un nuevo marco estatal, la iniciativa privada —tanto civil como religiosa— cobra importancia para el sector. Una de las propuestas que más impacto está teniendo es tuTECHO. Se trata de una marca bajo la que opera una fundación y que también da nombre a una empresa que compra casas para alquilárselas a distintas entidades sociales involucradas en la atención a las personas sin hogar y a distintos colectivos con dificultades de acceso a la vivienda. «Nos pagan un alquiler que es un 35 % por debajo del precio del mercado según dice [el portal] Idealista», explica en conversación con Alfa y Omega Blanca Hernández, impulsora y presidenta de tuTECHO.

La idea surgió después de que un amigo de Hernández le presentara la asociación Mundo Justo, formada por voluntarios de la casa de las Misioneras de la Caridad en Madrid. «Allí pude conocer historias de éxito: personas que llevaban muchísimos años en la calle, con una situación cronificada», pero que «habían conseguido salir adelante», asegura. «La clave estaba en el acompañamiento profesional y en el hecho de que esa ayuda se había prestado desde la estabilidad de un hogar», añade la presidenta. A partir de esta experiencia, se convenció de que era posible acabar con el sinhogarismo. «Solo hacían falta más viviendas para que las entidades sociales pudieran ayudar a más personas con problemas de residencia».
En 2023 se pusieron manos a la obra y en abril de 2024 salieron a bolsa. Desde entonces, la entidad cuenta ya con 450 viviendas en 20 ciudades. «Estamos focalizados en tres ámbitos: las grandes ciudades, donde más se nota la crisis de la vivienda; los asentamientos de temporeros, como en Níjar (Almería) —allí hemos hecho una promoción de viviendas que entregamos a los jesuitas—, y en el mundo rural, que congrega la mitad de las viviendas vacías de España», resume.
El dinero para las compras sale de los inversores, que renuncian a una mayor rentabilidad económica —el primer dividendo repartido por la compañía, este año, ha sido del 2 %— a cambio de una mayor rentabilidad social. «La acogida ha sido maravillosa», asegura la presidenta de tuTECHO. «Tenemos más de 200 inversores, con los que hemos logrado movilizar ya 60 millones de capital. Y próximamente vamos a hacer una ampliación de capital de otros 20» millones.
Donde se masca la tragedia
Dentro del ámbito religioso, también existen iniciativas que se empeñan en darle una segunda vida a inmuebles con una perspectiva social. «Faltaría más. Es que la gente de Iglesia tiene que ser la primera en atender las situaciones de mayor pobreza, donde se masca la tragedia», opina Fidel Molina, coordinador del programa Berakah, de la diócesis de Vitoria. Ellos mismos han dado un paso al frente en este sector con la reconversión de un grupo de antiguas casas curales en siete viviendas sociales para la acogida de familias vulnerables. «Estaban cerradas desde hace tiempo, pero gracias a la colaboración de Construcciones Apodaka y el apoyo de la Fundación Vital hemos podido reformarlas integralmente y convertirlas en un hogar», explica Molina, que es diácono permanente.
El recurso, que acaba de abrir sus puertas, está configurado como algo temporal. «La idea es que las personas estén como máximo un año, porque el objetivo es ayudarles a que se puedan valer por sí mismas», explica. Hasta entonces, las familias contarán con la ayuda de un grupo de voluntarios. «Les hacemos un programa de atención individualizada». Se trata, según el coordinador, de «un traje a medida para cada familia». Si no entienden el idioma, desde Berakah les proporcionarán clases de castellano. En otros casos, los usuarios requerirán apoyo escolar o ayuda en el ámbito alimentario. «Lo que cada uno necesite», además de la escucha, que todos suelen demandar. «Ante las situaciones de vulnerabilidad y de fragilidad requieren también comprensión. Por eso las familias tienen una presencia importante en el centro de escucha», integrado dentro de la red de los camilos, concluye Fidel Molina.