El Teléfono de la Esperanza durante la pandemia: 1.834 llamadas con temática suicida - Alfa y Omega

El Teléfono de la Esperanza durante la pandemia: 1.834 llamadas con temática suicida

Del 13 de marzo al 21 de junio, el Teléfono de la Esperanza atendió 47.401 llamadas (474 al día), incrementando en un 50 % el número de intervenciones respecto al mismo periodo del pasado año. Las llamadas con temática suicida alcanzaron el número de 1.834. Un incremento de un 97 % respecto al año anterior

Carlos González García

Del 13 de marzo al 21 de junio, el Teléfono de la Esperanza atendió 47.401 llamadas (474 al día), incrementando en un 50 % el número de intervenciones respecto al mismo periodo del pasado año. Las llamadas con temática suicida alcanzaron el número de 1.834. Un incremento de un 97 % respecto al año anterior

El corazón humano tiene una capacidad prodigiosa para sobreponerse ante cualquier catástrofe. Sin embargo, la otra cara de la moneda retrata a los miles de fallecidos por coronavirus, a los duelos que se han abierto de par en par al no poder, siquiera, abrazar, consolar o despedir a un familiar que ha fallecido, a las familias que han perdido el trabajo y los ahorros de toda una vida no les alcanzaban para hacer una sola comida al día…

El Teléfono de la Esperanza, durante el Estado de alarma que ha puesto en vilo al corazón del país, ha movilizado todos sus recursos, tanto humanos como económicos, para hacer frente a esta situación, poniendo a los más vulnerables en el centro de su ministerio.

Los números hablan. Pero, en esta ocasión, las cifras gritan. Del 13 de marzo al 21 de junio, el Teléfono de la Esperanza atendió 47.401 llamadas (474 al día), incrementando en un 50 % el número de intervenciones respecto al mismo periodo del pasado año.

Cifras que ponen el foco en problemas verdaderamente cruciales para el ser humano. Y cuando la vida duele, vivir no resulta del todo sencillo. Las llamadas con temática suicida alcanzaron el número de 1.834. Un incremento de un 97 % respecto al año anterior, y un dato –dolorosamente– para enmarcar.

Con el objetivo siempre presente de promover la salud emocional de las personas, especialmente de aquellas que se encuentran en situación de crisis, el Teléfono de la Esperanza respondió 7.664 llamadas de personas mayores de 65 años (incrementando un 17 %) y 5.737 relacionadas directamente con el COVID-19, en todas sus circunstancias. Asimismo, la soledad, el miedo al contagio, la sombra del paro, las crisis de ansiedad y depresivas, y los conflictos familiares han conformado el grueso de todas las llamadas que ha recibido la ONG de voluntariado y acción social.

Los frutos de una labor inenarrable

Desde la organización, además, pusieron en marcha el programa Comparte Vida. Una labor, que se llevó a cabo desde el 27 de marzo hasta el 21 de junio, «para facilitar a la población los servicios de atención psicológica especializada on line», tal y como relata la ONG, mientras detalla los números que componen una labor inenarrable.

Este dispositivo atendió –vía telefónica– a 1661 personas con graves crisis psicológicas, que exigían necesariamente la intervención de los profesionales en salud mental. En este sentido, las llamadas que respondieron con temática suicida fueron 166, mientras que otras 166 pertenecían a mayores de 65 años. Los datos se adhieren a un total de 20 solicitudes diarias.

Murcia, Málaga y Navarra fueron las ciudades con más llamadas

El Teléfono de la Esperanza está presente en 29 provincias, y tiene convenios de colaboración con asociaciones afines en 9 países de América y Europa. En cuanto a las ciudades españolas más afectadas, Murcia (3.685), Málaga (3.658), Navarra (3.582), Asturias (2.738) y Madrid (2.528) están al frente de las solicitudes telefónicas que han recibido, desde sus distintos centros de escucha.

Los datos del Teléfono de la Esperanza durante el Estado de alarma explican, también, que han recibido un mayor números de llamadas de mujeres (64,39 %) que de hombres (35,41 %). Mientras que la edad de los llamantes, en este tiempo de pandemia, ha presentado una destacada oscilación: hasta los 18 años las solicitudes responden a un 1,15 %, de 19 a 25 un 3 %, de 26 a 35 un 9,73 %, de 36 a 45 un 18,92 %, de 46 a 55 un 26,17 %, de 56 a 65 un 24,06 %, de 66 a 75 un 11,06 % y con 76 o más un 5,91 %.

Y la duración media de las llamadas fue de 13 minutos.

«Estamos satisfechos del trabajo hecho»

La propia organización es consciente del esfuerzo realizado y del apoyo de una gran parte de la población, que ya guarda su teléfono –con el nombre de Esperanza– en la primera posición de la agenda… «Estamos satisfechos del trabajo hecho y del generoso compromiso de nuestros voluntarios, aunque somos conscientes que queda mucho por hacer», reconoce la propia entidad en un comunicado hecho público esta semana, con las estadísticas de atención durante el COVID-19. «La nueva normalidad va a exigirnos a todas las ONG un esfuerzo adicional para atender a las personas más necesitadas y vulnerables».

La Organización Mundial de la Salud ha alertado de que deben estar preparados para hacer frente a una posible crisis de la salud mental en este nuevo periodo. Un reto que a esta ONG, nacida en Sevilla en 1971, con la gratuidad y la ayuda permanente en su ADN, no le asusta. «Las dificultades económicas por las que se van a ver afectadas millones de personas suponen un gran reto al que en ningún caso sería legítimo dar la espalda», descubre el informe. Asimismo, ponen su mirada en los complejos duelos de quienes no han podido despedirse de sus seres queridos, «que van a exigir apoyos psicológicos adicionales para amplios sectores de la población, que deberán ir parejos a la prevención de posibles nuevos brotes y sus consecuencias». En todas estas circunstancias, «el Teléfono de la Esperanza y su voluntariado realizará todos los esfuerzos a su alcance para ofrecer sus servicios a la sociedad española y, especialmente, a las personas más vulnerables».

Mientras haya vida, hay esperanza. Y mientas exista el Teléfono de la Esperanza, seguirá habiendo motivos para no sentirse nunca con el corazón abandonado a la intemperie.

Carlos González García