El santo de la radio - Alfa y Omega

El santo de la radio

José Luis Gago, fraile dominico y periodista, fue prior de la comunidad dominica de Valladolid, profesor de Ética, director Pueblo de Dios de TVE y, en COPE, jefe de programas, consejero, director general y director del área socioreligiosa hasta el año 2000

Cristina Sánchez Aguilar
Foto: Raúl Posadas Gago

José Luis Gago, fraile dominico y periodista, fue prior de la comunidad dominica de Valladolid, profesor de Ética, director Pueblo de Dios de TVE y, en COPE, jefe de programas, consejero, director general y director del área socioreligiosa hasta el año 2000.
Fallecido en 2012, una asociación busca rescatar su memoria y trabaja en la futura causa de beatificación

Cuando esta periodista pregunta por qué el padre Gago es santo, no una ni dos personas se echan a llorar al rememorarle. «Irradiaba luz por donde pasaba. Veíamos en él algo muy especial y, de alguna manera, sobrenatural, que trascendía». Así lo define la periodista Elsa González, expresidenta de FAPE, que coincidió con él en los pasillos de la Cadena COPE y que ahora colabora en la asociación que busca rescatar la memoria del padre Gago y trabaja en la futura causa de beatificación de este «santo de la radio», como se refería a él Luis del Olmo. «Nos hizo a todos mejores, y no solo a través de su presencia en la radio», asegura González. «Fue la referencia más cercana que yo había tenido de Dios en mi vida. Comprendí lo que era la encarnación del Amor de Dios al conocerle», añade el periodista Antonio García Barbeito.

José Luis Gago, el fraile dominico que tuvo la gran revelación de unir a las desperdigadas radios de parroquias en una gran Cadena de Ondas Populares, y que se convirtió después en su director general, nunca caminó por los pasillos con superioridad. Al revés, «siempre pasaba desapercibido, como si fuera el último de los trabajadores de la radio», recuerda Eva Fernández, actual corresponsal de la cadena radiofónica en el Vaticano. «Llamaba la atención –continúa la también colaboradora de este semanario– cómo te preguntaba siempre qué tal estabas, qué tal tu familia… y tenía un gran interés por los recién llegados. Se aprendía los nombres de los becarios, les alentaba para mejorar su trabajo, siempre con delicadeza. Era un hombre de Dios», y lo confirman compañeros creyentes y no creyentes.

Con un gran sentido del humor, el comunicador Carlos Herrera recuerda cómo «elaboró la homilía de mi boda utilizando letras de coplas, desde Marifé de Triana a Juanita Reina». «Era un ser humano incomparable. Le añoro mucho», asegura.

La enfermedad silenciosa

El dominico emprendedor supo mantener el equilibro entre la audiencia y la publicidad de una gran empresa y el objetivo evangelizador. Amante de la información, «con una noticia se ilusionaba, vivía de verdad el periodismo y es un ejemplo de cómo se puede afrontar esta profesión como un santo», recalca Elsa González.

Su luminosa etapa profesional vino seguida de una luz distinta, pero no menos brillante. La del dolor ofrecido. «La última fase de su vida tuvo una enfermedad muy cruel, un mieloma múltiple que le duró cuatro años, hasta que falleció. Fue en esa enfermedad cuando puso de manifiesto un testimonio tan grande de fe que, si ya la opinión que generaba a su alrededor era la que era, aquello lo multiplicó. Fue un verdadero espectáculo», asegura su sobrino, Raúl Posadas Gago, uno de los impulsores de la asociación que quiere dar a conocer a toda la Iglesia la memoria del fraile dominico.

«Su cáncer fue uno de los más dolorosos, te carcome todo el cuerpo. Pues bien, su actitud hasta un segundo antes de fallecer fue de una alegría desbordante y contagiosa», recuerda su sobrino. De hecho, fray Manuel González, dominico del mismo convento que el padre Gago, afirma que fue «una suerte acompañarle en los momentos de su enfermedad, porque fue una continuada cátedra de predicación».

«Yo he sido testigo de esto», afirma rotundamente Raúl Posadas. Y recuerda una anécdota sorprendente: «Dos días antes de fallecer estaba ya inconsciente. Vinieron al hospital dos sobrinas suyas, de 20 años, y subieron a ver a la habitación al tío Bis –como le llamaban en el ámbito familiar–. Nada más verle rompieron a llorar, mientras le susurraban que se iba al cielo con la abuela. En ese momento despertó, las cogió del brazo y les pidió que no llorasen, todo en medio de una tremenda alegría. Después volvió a quedarse inconsciente».

Fama de santidad

«A los pocos días de su fallecimiento, ya hubo gente que se puso en contacto con nosotros, con gente de su entorno, para pedir objetos personales del padre». Con este caldo de cultivo, una serie de personas empezaron a organizar iniciativas para hacer perdurar su memoria. «Se montó una página web alrededor de su persona, se escribieron testimonios y semblanzas…», explica Posadas. Hasta que, en 2017, se hace la primera consulta al cardenal Blázquez, en calidad de obispo de la diócesis de Valladolid, donde falleció el religioso. El presidente de la Conferencia Episcopal, que le conoció durante su última etapa, la de la enfermedad, sugirió que «empezásemos a salvaguardar testimonios de personas que le conocieron». Y así su sobrino, archivero y tesorero de la asociación, junto a varios periodistas como Rafael Ortega, presidente de la UCIPE; Elsa González; Francisco Temprano Pascual, director de Producción Propia de RTVCyL; Pedro Antonio Martín Marín, abogado y presidente de la Fundación COPE, o Julián del Olmo, exdirector de Pueblo de Dios, comenzaron a recopilar testimonios sobre las virtudes del padre Gago, de cara a abrir la causa de canonización.

Como dijo fray Javier Carballo en la homilía de su funeral, el 24 de diciembre de 2012, «sabía que la Luz no le pertenecía, sino que uno debe tratar, sencillamente, de transparentarla y ofrecérsela limpia a Dios y a los demás».

Cristina Sánchez Aguilar