El primer ministro de Armenia y diez obispos intentan forzar la salida del patriarca Karekin II

El primer ministro de Armenia y diez obispos intentan forzar la salida del patriarca Karekin II

El conflicto surgido hace más de cinco años entre Pashinyan y Karekin II ha llevado en los dos últimos días a una muestra de fuerza por las calles de Ereván y a acusaciones mutuas de cisma

María Martínez López
Imagen de la procesión de apoyo a la reforma contra Karekin II el 6 de enero en Yereván. Foto: Vazgen Manukyan.
Imagen de la procesión de apoyo a la reforma contra Karekin II el 6 de enero en Yereván. Foto: Vazgen Manukyan.

El comienzo del año y la Navidad ha llegado a Armenia con la amenaza de cisma para su principal religión, la Iglesia apostólica armenia. El primer ministro, Nikol Pashinyan, ha unido fuerzas con diez obispos para reclamar la retirada del patriarca, Karekin II, dentro de un proceso de «reforma».

La iniciativa se lanzó el pasado domingo, vivió una importante demostración de fuerza este martes —Navidad para los armenios— con una marcha en Ereván. En tres días, se ha alcanzado un punto en el que ambas partes se lanzan recíprocamente acusaciones de «cisma».

Fuentes de la sede del patriarcado que desean permanecer en el anonimato explican a Alfa y Omega que los obispos implicados suponen «un 25 % de la totalidad del colegio episcopal» del país. Dos de ellos están en la diáspora, en Estados Unidos y los países bálticos respectivamente.

Esta alianza de políticos y eclesiásticos tiene dos orígenes separados, valora esta persona. En primer lugar, están los movimientos del Gobierno por sus diferencias con Karekin II. Por otro lado, el paso de los obispos se debe a «un escándalo íntimo vinculado con un arzobispo. Aunque hubo muestras reales de este escándalo, el patriarca lo respaldó y no quiso retirarle de su cargo». En algún momento, «estas dos corrientes se unieron formando un frente».

Detención de Balstanyan. Foto: CNS / Reuters / Elik Baghdasaryan.
Detención de Balstanyan. Foto: CNS / Reuters / Elik Baghdasaryan.

Después de la derrota de Armenia frente a Azerbaiyán en la guerra de Nagorno-Karabaj de 2020, el patriarca pidió la dimisión del primer ministro. Desde entonces ha seguido una escalada en las tensiones entre ambos paralela al giro geopolítico de Pashinyan, que se ha alejado de la protección rusa y se ha acercado a Occidente. Ha llegado acusar al eclesiástico de «espionaje a favor del régimen de Putin, pero hasta ahora no hay pruebas», señala nuestra fuente; así como de romper el celibato y tener un hijo, por lo que pidió su renuncia el 9 de junio de 2025.

Además, «dos obispos entraron directamente en la vida política armenia», prosigue. Uno de ellos, Bagrat Balstanyan, de Tavush, convocó en 2024 masivas manifestaciones contra el Gobierno e incluso se propuso como primer ministro. Como consecuencia, fue detenido el 25 de junio pasado. Otros tres pastores lo han sido también, incluido un sobrino de Karekin II.

El experto en el mundo ortodoxo Peter Anderson también recuerda que el 4 de junio están previstas en Armenia unas importantes elecciones parlamentarias. «Las actuaciones de Pashinyan podrían estar motivadas, al menos en parte, por su estrategia» electoral.

Política y «corrupción moral»

En la noche del domingo 4 de enero, Pashinyan publicó en redes sociales un vídeo en el que aseguraba que él y diez obispos habían elaborado un documento sobre «el proceso de reforma de la santa Iglesia apostólica armenia». Ocho de los diez pastores estaban presentes con él en la misma mesa.

En la declaración, el mandatario y los obispos aluden al patriarca Karekin II como «cabeza de facto» de la Iglesia. Se muestran preocupados por su «fracaso» para «vivir y predicar según los principios del Evangelio» y la «manifestación de tolerancia hacia hechos patentes de corrupción moral». Critican asimismo la «práctica anticanónica de implicar a la Iglesia en política» para servir a intereses ajenos.

Manifestación en Ereván pidiendo la dimisión de Pashinyan en 2023, tras la rendición final ante Azerbaiyán. Foto: CNS / Reuters / Vahram Baghdasaryan.
Manifestación en Ereván pidiendo la dimisión de Pashinyan en 2023, tras la rendición final ante Azerbaiyán. Foto: CNS / Reuters / Vahram Baghdasaryan.

Por ello, aseguran que «la visión de una sociedad basada en los valores no se puede hacer realidad sin la reforma» de la Iglesia armenia. Para ella, definen una hoja de ruta que pasa por la remoción («retiro») de Karekin II, de 74 años. Para sustituirle, se elegiría un vicario, hasta la elección de un nuevo patriarca.

Antes de ello, se elaboraría y adoptaría un «estatuto» con «mecanismos para mantener los principios establecidos, asegurar la transparencia financiera y la buena conducta del clero». Los firmantes se autoconstituyen en Consejo Coordinador e invitan a todos los sacerdotes y fieles armenios a apoyar este proceso.

«Podrían llevar a un cisma»

El lunes, la Sede Madre de Etchmiadzin respondió con un comunicado en el que acusaba a Pashinyan de «violación de la Constitución» y de «los derechos de la Iglesia» consagrados en el derecho nacional e internacional. «La implicación de obispos en procesos tan antieclesiales, así como la presión sobre el orden presbiteral, son totalmente condenables».

Las cuestiones de la vida eclesiástica deben dirimirse en los órganos «apropiados» y según su propia legislación. «Semejantes pasos imprudentes podrían llevar a un cisma con graves consecuencias».

El 6 de enero, el primer ministro dio una muestra de fuerza asistiendo a la celebración de Navidad en la iglesia de San Gregorio el Iluminador, en Ereván. Anderson se hace eco de algunas informaciones que afirman que en ella no se mencionó a Karekin II en el momento de la liturgia que le corresponde. A continuación, había convocado a quienes apoyaran la reforma a participar en una «procesión» desde este templo hasta la iglesia de la Santa Madre de Dios.

Pashinyan en la procesión del 6 de enero.

Al final de la misma, se dirigió a los participantes para asegurar que «algunos están intentando usar lo más santo de lo santo» para «actuar contra la República de Armenia». Y se defendió: «El Gobierno no ha actuado, no está actuando y nunca puede actuar contra la Iglesia porque el Gobierno es seguidor de la Iglesia».

Acto seguido, acusó a Karekin II —al que volvió a llamar «cabeza de facto» y a su círculo íntimo de «operar con una mentalidad sectaria». Por ello, «debemos liberar» a la Iglesia «del cisma y devolvérsela al pueblo». «La Iglesia pertenece a Jesucristo», pero hoy Él «ha sido empujado a los márgenes».

«Es poco probable la división de la Iglesia armenia», pronostica esta persona. Aunque reconoce que «por el momento la cuestión está en un callejón sin salida». La solución pasaría, explica, por «la asamblea general de los representantes de todas las comunidades armenias por todo el mundo que hay que convocar para encontrar una solución sólida».