El poder de la ternura que derrite el dolor

Planeta Testimonio publica El Papa de la ternura, de la corresponsal de COPE en Italia y Vaticano y colaboradora de Alfa y Omega, Eva Fernández. Un recorrido por el magisterio de las caricias de Francisco, aterrizado en personas concretas: presos, niños abandonados, enfermos terminales… Completa este volumen la trilogía de Francisco, junto a El Papa de la misericordia y El Papa de la alegría, escritos también por periodistas españoles afincados en Roma

Cristina Sánchez Aguilar
Tomasz y sus padres con Francisco tras la audiencia general, en junio de 2018. Foto: EFE/Vatican Media

Planeta Testimonio publica El Papa de la ternura, de la corresponsal de COPE en Italia y Vaticano y colaboradora de Alfa y Omega, Eva Fernández. Un recorrido por el magisterio de las caricias de Francisco, aterrizado en personas concretas: presos, niños abandonados, enfermos terminales… Completa este volumen la trilogía de Francisco, junto a El Papa de la misericordia y El Papa de la alegría, escritos también por periodistas españoles afincados en Roma

Francisco tiene una querencia especial por los presos. Desde que llegó a Roma ha acudido regularmente a diversas prisiones, y siempre que hace un viaje internacional, intenta visitar alguna. Costumbre que viene de lejos. Ya en Buenos Aires era asiduo a la cárcel de Ezeiza, la más grande de Argentina. Y como Papa, continúa la relación con los internos, a los que llama cada domingo religiosamente.

Este aprecio a los privados de libertad lo comprobó en primera persona Eva Fernández, colaboradora de Alfa y Omega y autora del libro El Papa de la ternura, recientemente publicado por Planeta Testimonio. Cuenta la autora que, en un rato libre paseando por la plaza de San Pedro, conoció a Tomasz Komenda, un polaco de 41 años que había pasado cerca de 20 en la cárcel, pese a ser inocente. «Aquel día era miércoles, y me había fijado en que al finalizar la audiencia general, Francisco se había detenido más de lo habitual con un chico rubio, poco expresivo, acompañado de sus padres. Ellos sonreían encantados al Papa, pero algo no encajaba en el rictus serio del joven». Había sido acusado de violación y asesinato de una joven de 15 años con una prueba endeble que resultó no ser cierta. Pero mientras se esclarecían los hechos, pasó una veintena de años en prisión. Dos meses después de salir, acompañó a Roma a sus ancianos padres, que siempre creyeron en él, para rezar ante la tumba del santo Papa polaco, a quien tanto habían acudido. «Durante años me he estado preguntando: ¿qué he hecho mal para que mi vida se convierta en un infierno?», se repite Tomasz una y otra vez.

Francisco conoció su historia a través del limosnero apostólico, el cardenal polaco Konrad Krajewski –los brazos del Papa en  Roma– y quiso saludar a la familia al término de la audiencia. En cuanto vio al chico, el Pontífice se le echó a los brazos, pero el muchacho no manifestaba ninguna emoción. «Noté que el Papa estaba muy conmovido», asegura Eva. Y a través de sus muestras de ternura, poco a poco «Tomasz iba reaccionando». Tras regalarles unos rosarios, «Francisco insistió –algo poco habitual en él, porque no le entusiasman las fotos–, en que se hicieran alguna de recuerdo todos juntos». Cuando por la tarde «me crucé con ellos en la plaza, comprobé aliviada que ya sonreía abiertamente y pensé en el poder de la ternura, que derrite años de dolor».

Al igual que con Tomasz, el Papa se cruzó con Janeth en la prisión de San José, en Santiago de Chile. Con Blessing, la mujer nigeriana que huyó de la trata en Italia. Con Vinicio, el hombre lleno de tumores cuyo abrazo con Francisco dio la vuelta al mundo. Con la pequeña Glyzelle en Manila, una niña de la calle, que rota en llanto abrazaba al Papa y le preguntaba por qué Dios permitía que los padres abandonasen a sus hijos, que terminaban siendo víctimas de drogas o prostitución. Con Rosalba, una viuda de 80 años que ha perdido a su hijo y recibe cada mes la llamada del Papa. O con Anna, madre soltera que decidió seguir adelante con su embarazo, y el Papa se ofreció a bautizar al niño. Todos ellos, y muchos más, son los protagonistas de este rasgo tan característico del que Francisco ha dotado a su pontificado. En la era en la que, mientras todo el mundo manda un WhatsApp, tuitea o se hace un selfi, «Francisco encuentra tiempo para escuchar a los demás. para querer de tú a tú. Y eso es una revolución», como asegura Greg Burke, el exportavoz del Papa, en el prólogo del libro, que será presentado en Madrid el 11 de junio a las 19 horas, en el auditorio Banco Sabadell, junto al cardenal Osoro y con la presencia de Andrea Tornielli, director editorial del Dicasterio de Comunicación de la Santa Sede –será su primera visita a España tras el nombramiento– y de Óscar Camps, director de la ONG Productiva Open Arms y autor del epílogo del volumen.

«Gracias por haber escogido este tema», dice el Papa a Eva en una carta enviada el 15 de agosto de 2018 al hilo de esta publicación. «Qué bien nos hará recuperar la eficacia de la caricia como nos la piden los niños» y responder «a la cultura del descarte con la revolución de la ternura».

Cristina Sánchez Aguilar