El Papa señala a cada laico que «está llamado a ser testigo creíble del Evangelio»
En su mensaje para la LXIII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, recuerda también a solteros y casados que «la fe que no se hace caridad es una fe incompleta»,
En el mensaje de León XIV para la LXIII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que se celebrará el próximo 26 de abril, el Papa advierte de que «el cristiano no puede vivir escondido ni replegado sobre sí mismo». Es un encargo que se aplica a todos porque —a diferencia de la Jornada Pro Orantibus, centrada en la vida consagrada y que se celebrará el 31 de mayo— esta fecha está pensada también para laicos, ya sean solteros o casados.
En su mensaje, el Papa señala que la Iglesia tiene la misión de ser «signo visible de esperanza en medio de un mundo herido por la violencia, la injusticia y la indiferencia». Y, por tanto, sus fieles «no estamos llamados a instalarnos, sino a salir, a arriesgar, a comprometernos con la realidad concreta de las personas».
Cada uno debe «ser testigo creíble del Evangelio»
Esto tiene implicaciones concretas, directas y de andar por casa para todas las personas que se consideren católicas, pues «cada uno, en su vida cotidiana, está llamado a ser testigo creíble del Evangelio». Y esta coherencia «no nace de las propias fuerzas, sino de una relación viva con Dios». Motivo por el cual el Papa pide una vida interior sólida porque «sin oración, sin silencio y sin encuentro con el Señor, todo se vacía».

Claro que, para un laico en el mundo, de poco sirve una conexión únicamente vertical con Dios que no se desborde en sus hermanos. León XIV lo señala diciendo que «la fe que no se hace caridad, que no se traduce en obras concretas, es una fe incompleta». Por tanto, sentencia que «no podemos mirar hacia otro lado ante el sufrimiento de tantos hombres y mujeres que viven en la pobreza, la soledad o la exclusión».
La polarización ahoga las vocaciones
Otro escollo para el desarrollo de las vocaciones que señala el Papa es la creciente polarización política y lamenta que «vivimos tiempos marcados por la confrontación y el enfrentamiento constante». ¿Qué tiene cada uno en su mano para desactivarla? Lo mismo que decía el Papa Francisco, es decir, «el cristiano está llamado a construir puentes, no a levantar muros». Una actitud fácil de describir pero que no es tan fácil de poner en práctica porque requiere «humildad, paciencia y una verdadera apertura al otro».

En este mensaje tan aterrizado, el Papa recuerda además que «la esperanza cristiana tiene rostro concreto» y que «se construye en gestos pequeños, en decisiones diarias y en la fidelidad a lo sencillo». Por tanto, invita a no caer en el desánimo cuando uno se equivoque porque «incluso en medio de las dificultades, es posible abrir caminos nuevos».
Una última idea de este mensaje de León XIV es que «la Iglesia no existe para sí misma sino para el mundo». Algo que implica a cada creyente para construir un mundo más fraterno.