El Papa reza por la labor virtual de profesores y alumnos, y pide pastores sin miedo al pueblo

Jesús –ha afirmado el Pontífice en la Misa de este viernes en Casa Santa Marta– trató durante toda su vida de enseñar a los apóstoles una doble cercanía: al Padre, de quien recibía su fuerza, y al pueblo, con quien le gustaba para atender sus continuas peticiones

Alfa y Omega
Foto: VaticanMedia

Jesús –ha afirmado el Pontífice en la Misa de este viernes en Casa Santa Marta– trató durante toda su vida de enseñar a los apóstoles una doble cercanía: al Padre, de quien recibía su fuerza, y al pueblo, con quien le gustaba para atender sus continuas peticiones

Este viernes, en la Misa en la Casa Santa Marta, el Santo Padre ha pedido por los maestros y los estudiantes que a causa de la epidemia del coronavirus vienen realizando sus actividades académicas de forma virtual. Un cambio que supone que tengan que «trabajar bastante» y que los alumnos se enfrenten a «exámenes de una manera en la cual no están acostumbrados».

En la homilía, Francisco ha intentado extraer lecciones para los pastores del pasaje de la multiplicación de los panes. En cierto sentido, ha explicado, ese era también el objetivo de Jesús, que pregunta a los apóstoles qué hacer con tanta gente «para ponerlos a prueba». Lo hacía «para enseñarles» y hacerlos crecer. «Y cuando estaban fuera de los límites y de la función que tenía que hacer, los detenía».

Según el Santo Padre, una de esas cosas que Jesús quería transmitirles era su gusto por estar con la multitud («símbolo de la universalidad de la redención»), que buscaran «la cercanía con el pueblo de Dios para servirle». Algo que contrasta con la actitud de los Doce, a los que esto les disgustaba «porque les gustaba estar cerca del Señor, sentirle, escuchar todo lo que decía». El día de la multiplicación de los panes, ha recordado Francisco, iba a ser un día de retiro, descanso y fiesta suyo con Jesús. Que acudiera la muchedumbre lo «arruinó», aunque «la gente estaba feliz».

Ser pastor cansa

En este punto de su reflexión, el Pontífice ha recordado a «un gran pastor de un barrio sencillo y humilde de la diócesis. Tenía la rectoría como una casa normal y la gente llamaba a la puerta o a la ventana, porque a cada hora… y una vez me dijo: «Me gustaría amurallar la puerta y la ventana para que me dejaran descansar»». Ser pastor cansa, sobre todo cuando uno es bueno, porque la gente acude a él constantemente, pidiendo cosas concretas. Este al que se refería, al final «se dio cuenta de que era un pastor y tenía que estar con la gente».

También hoy Jesús dice a los pastores «”dadles vosotros de comer”. ¿Están angustiados? Dadles consolación. ¿Están perdidos? Dadles una salida. ¿Están equivocados? Dadles algo para que resuelvan sus problemas», ha enumerado Francisco.

Recibir para dar

Pero –se ha preguntado a continuación– para estar disponible y poder responder a tantas peticiones de «dar, dar, dar, ¿de quién recibe el pobre apóstol?». El relato del Evangelio también lo explica: al terminar, Jesús «se despide de los apóstoles y va a rezar. [Recibe] del Padre, de la oración». Una «doble cercanía del pastor», al Padre y al pueblo.

Este gesto de Jesús, además, le aleja (y enseña a los apóstoles a alejarse) de la tentación de aprovechar la situación para hacerse con el poder. Es lo que quería la multitud, que «muchas veces se equivoca» también. «El poder del pastor es el servicio, no tiene otro poder. Y cuando se equivoca en otro poder arruina su vocación y se convierte en gerente de empresas pastorales». Por eso, el Papa ha invitado a pedir «por los pastores de la Iglesia para que el Señor les hable siempre, porque los ama mucho: nos hable siempre, nos diga cómo son las cosas, nos explique y sobre todo nos enseñe a no temer al pueblo de Dios».

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