El Papa recuerda la «experiencia de transfiguración» de su viaje y pide abolir la pena de muerte

El Papa Francisco ha pedido a los gobernantes católicos«un gesto valiente y ejemplar: que no se ejecute ninguna condena a la pena de muerte en este Año Santo de la Misericordia». Además, antes del rezo del Ángelus de este domingo, ha dado gracias a la Virgen de Guadalupe por su viaje a México, donde «el Señor nos ha mostrado la luz de su gloria a través del cuerpo de su Iglesia, de su Pueblo santo que vive en aquella tierra»

Alfa y Omega
Foto: REUTERS

El Papa Francisco ha pedido a los gobernantes católicos«un gesto valiente y ejemplar: que no se ejecute ninguna condena a la pena de muerte en este Año Santo de la Misericordia». Además, antes del rezo del Ángelus de este domingo, ha dado gracias a la Virgen de Guadalupe por su viaje a México, donde «el Señor nos ha mostrado la luz de su gloria a través del cuerpo de su Iglesia, de su Pueblo santo que vive en aquella tierra»

El Papa Francisco dedicó la alocución de este domingo antes del rezo del Ángelus a recordar el viaje a México, que finalizó el jueves. Aludiendo al Evangelio del día, ante los miles de peregrinos que llenaban la Plaza de San Pedro definió este viaje como «una experiencia de transfiguración. El Señor nos ha mostrado la luz de su gloria a través del cuerpo de su Iglesia, de su Pueblo santo que vive en aquella tierra».

A pesar de que el cuerpo del pueblo mexicano ha sido «herido tantas veces, tantas veces oprimido, despreciado, violado en su dignidad», «los diversos encuentros vividos en México han sido encuentros llenos de luz: la luz de la fe que transfigura los rostros y aclara el camino», afirmó el Papa. Por ello, agradeció al Señor y a la Virgen de Guadalupe esta peregrinación, y también el encuentro del día 12, en La Habana (Cuba), con Cirilo, patriarca de Moscú y de todas las Rusias. «También este evento es una luz profética de Resurrección, de la que hoy en día el mundo tiene más que nunca necesidad», concluyó.

«Un gesto valiente y ejemplar»

Después de la oración mariana, el Santo Padre aludió al encuentro que comienza mañana en Roma sobre la abolición de la pena de muerte, promovido por la Comunidad de Sant’Egidio. «Es un signo de esperanza ver que se desarrolla y difunde cada vez más en la opinión pública una posición contraria a la pena de muerte, también como instrumento de legítima defensa social. En efecto, las sociedades modernas tienen la posibilidad de reprimir eficazmente el crimen, sin quitarle definitivamente a aquel que lo ha cometido la posibilidad de redimirse».

El Obispo de Roma subrayó también que el Año de la Misericordia pude ser «una ocasión propicia para promover en el mundo formas cada vez más maduras de respeto de la vida y de la dignidad de toda persona». Pidió a los gobernantes de las diversas naciones que se alcance pronto un consenso para la abolición de la pena de muerte, y propuso a los dirigentes católicos «un gesto valiente y ejemplar: que no se ejecute ninguna condena a la pena de muerte en este Año Santo de la Misericordia».

Por último, los fieles que habían acudido a la oración recibieron, de manos de pobres, refugiados y religiosos, una caja de Misericordina plus, una versión «de más calidad» del medicamento que ya se entregó en noviembre de 2013, al finalizar el Año de la fe. «La Cuaresma es un tiempo propicio para cumplir un camino de conversión que tiene como centro la misericordia», afirmó Francisco. «Reciban este don como una ayuda espiritual para difundir, en especial en este Año de la Misericordia, el amor, el perdón y la fraternidad».

RV/Alfa y Omega

 

[w8_toggle margin_bottom=»10px» title=»Texto completo del Papa antes del Ángelus»]

¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

El segundo domingo de Cuaresma nos presenta el Evangelio de la Transfiguración de Jesús.

El viaje apostólico que cumplí hace unos días a México fue una experiencia de transfiguración.

¿Por que? Porque el Señor nos ha mostrado la luz de su gloria a través del cuerpo de su Iglesia, de su Pueblo santo que vive en aquella tierra. Un cuerpo tantas veces herido, un Pueblo tantas veces oprimido, despreciado, violado en su dignidad. En efecto, los diversos encuentros vividos en México han sido encuentros llenos de luz: la luz de la fe que transfigura los rostros y aclara el camino.

El “baricentro” espiritual de mi peregrinación ha sido el Santuario de la Virgen de Guadalupe. Permanecer en silencio ante la imagen de la Madre era aquello que me propuse ante todo. Y agradezco a Dios que me lo haya concedido. He contemplado, y me he dejado mirar por Aquella que lleva impresos en sus ojos las miradas de todos sus hijos, y recoge los dolores por las violencias, los secuestros, los asesinatos, los abusos en perjuicio de tanta gente pobre, de tantas mujeres. Guadalupe es el Santuario mariano más visitado del mundo. De toda América van a rezar allí donde la Virgen Morenita se mostró al indio san Juan Diego, dando comienzo a la evangelización del continente y a su nueva civilización, fruto del encuentro entre diversas culturas.

Y esta es precisamente la herencia que el Señor ha entregado a México: custodiar la riqueza de las diversidades y, al mismo tiempo, manifestar la armonía de la fe común, una fe inquieta y robusta, acompañada por una gran carga de vitalidad y de humanidad. Como mis Predecesores, también yo he ido a confirmar la fe del pueblo mexicano, pero al mismo tiempo a ser confirmado; he recogido a manos llenas este don para que sea en beneficio de la Iglesia universal.

Un ejemplo luminoso de lo que estoy diciendo es dado por las familias: las familias mexicanas me han acogido con alegría como mensajero de Cristo, Pastor de la Iglesia; pero a su vez me han donado testimonios límpidos y fuertes, testimonios de fe vivida, de fe que transfigura la vida, y esto para la edificación de todas las familias cristianas del mundo. Y lo mismo se puede decir de los jóvenes, de los consagrados, de los sacerdotes, de los trabajadores, de los carcelados.

Por esto doy gracias al Señor y a la Virgen de Guadalupe por el don de esta peregrinación. Además, agradezco al Presidente de México y a las demás Autoridades civiles por la afectuosa acogida; agradezco vivamente a mis hermanos en el Episcopado, y a todas las personas que han colaborado en tantas maneras.

Elevemos una alabanza especial a la Santísima Trinidad por haber querido que, en esta ocasión, se realizase en Cuba el encuentro entre el Papa y el Patriarca de Moscú y de todas la Rusias, el querido hermano Kiril; un encuentro tan deseado también por mis Predecesores. Este evento es asimismo una luz profética de Resurrección, de la que hoy en día el mundo tiene más que nunca necesidad. Que la Santa Madre de Dios continúe a guiarnos en el camino de la unidad. Recemos a la Virgen de Kazan, de la que el Patriarca Kiril me ha regalado un ícono.

[/w8_toggle]