El Papa recuerda en su última audiencia de 2025 los momentos del año: la muerte de Francisco y el Año Santo
León XIV ha recordado que el año ha estado marcado por eventos importantes: «Algunos felices, como la peregrinación de tantos fieles con ocasión del Año Santo; otros dolorosos, como el fallecimiento del añorado Papa Francisco y los escenarios de guerra que siguen devastando el planeta»
Marita tiene 18 años y una sonrisa contagiosa; George, de su misma edad, mira a su alrededor con curiosidad y algo de frío. La esperanza en Tierra Santa tiene el rostro de estos dos jóvenes palestinos, ella de Jerusalén y él de Zababdeh, y de los demás jóvenes, unos 30 en total, que la mañana de este miércoles participan en la audiencia general en la plaza de San Pedro, la última del Año Santo 2025. Han llegado también de lugares como Ramallah y Jenin.
«Es la primera vez que salen de Cisjordania y están aquí hoy, acompañados por dos párrocos, el franciscano Johnny Jallouf y don Elías Tabban, y por André Haddad, laico que trabaja en el Patriarcado Latino de Jerusalén, para confiar a León XIV sus esperanzas», ha explicado el jesuita Massimo Nevola, asistente espiritual de las Comunidades de Vida Cristiana (CVC) en Italia, a Vatican News.

Casi todos son universitarios, pero también hay un trabajador, el decano del grupo: se llama Charlie, tiene 35 años y es padre de dos niñas. El martes fueron recibidos por el presidente de la República Italiana, Sergio Mattarella, en el Quirinal, y luego realizaron la peregrinación jubilar, visitaron basílicas y catacumbas romanas, antes de la audiencia de este miércoles con el Pontífice.
«Entre ellos hay también tres musulmanes, porque en Tierra Santa incluso las diferencias se anulan: cristianos de diversas confesiones, seguidores del islam y judíos de buena voluntad se comprometen juntos para que finalmente se llegue a una convivencia pacífica», ha continuado el jesuita.
El fin del Jubileo
Poner el pasado en manos de Dios, darle gracias por los dones recibidos y confiar en su misericordia, haciendo un examen sincero de nuestra vida, reconociendo nuestras faltas y renovando nuestro compromiso. Esta ha sido la invitación del Papa León XIV en la última catequesis del año.
Después de saludar desde el papamóvil a los numerosos fieles y peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro, el Papa ha recordado que el año ha estado marcado por eventos importantes: «Algunos felices, como la peregrinación de tantos fieles con ocasión del Año Santo; otros dolorosos, como el fallecimiento del añorado Papa Francisco y los escenarios de guerra que siguen devastando el planeta».

León XIV ha señalado que estamos llamados a meditar sobre lo que el Señor ha hecho por nosotros el año pasado, así como también a hacer un honesto examen de conciencia, a valorar nuestra respuesta a sus dones y a pedir perdón por todos los momentos en los que no hemos sabido atesorar sus inspiraciones e invertir mejor los talentos que nos ha confiado.
Esto nos lleva a reflexionar sobre otro gran signo que nos ha acompañado en los meses pasados: el del «camino» y de la «meta», ha evidenciado el Santo Padre, recordando a tantos peregrinos que han llegado a Roma desde todas las partes del mundo, a rezar sobre la tumba de Pedro y a confirmar su adhesión a Cristo. Ha citado además a san Pablo VI, que definía el Jubileo como un gran acto de fe en «la espera de nuestros futuros destinos que desde ahora anticipamos y preparamos».
El Papa ha concluido su reflexión recordando las palabras con las que san Pablo VI, al finalizar el Jubileo de 1975, describía el mensaje fundamental: «¡Dios es amor! Esta es la revelación inefable, de la que el Jubileo, con su pedagogía, con su indulgencia, con su perdón y finalmente con su paz, llena de lágrimas y de alegría, nos ha querido llenar el espíritu hoy y siempre la vida mañana: ¡Dios es amor! ¡Dios me ama! ¡Dios me espera y yo lo he encontrado! ¡Dios es misericordia! ¡Dios es perdón! ¡Dios, sí, Dios es la vida!».