El Papa propone una tregua olímpica y define al deporte como una «oportunidad educativa formidable» - Alfa y Omega

El Papa propone una tregua olímpica y define al deporte como una «oportunidad educativa formidable»

En una extensa carta sobre el valor del deporte, León XIV destaca la práctica deportiva como «camino hacia la virtud», la «cohesión comunitaria» y el «bien común»

José Calderero de Aldecoa
El Papa con los ganadores del Giro de Italia. Foto: CNS.

El Papa ha vuelto a proponer una tregua olímpica con motivo de los XXV Juegos Olímpicos Invernales, que se realizarán en Italia del 6 al 22 de febrero y a los que seguirán los Juegos Paralímpicos. «Aliento vivamente a todas las naciones a redescubrir y respetar este instrumento de esperanza, símbolo y profecía de un mundo reconciliado», ha explicado León XIV en una extensa carta publicada este viernes en la que habla del valor del deporte.

Los orígenes de esta iniciativa se sitúan «en la antigua Grecia», tal y como ha recordado el propio Santa Padre. «Era un acuerdo dirigido a suspender las hostilidades antes, durante y después de los Juegos Olímpicos, para que los atletas y los espectadores pudieran viajar libremente y las competiciones pudieran realizarse sin interrupciones».

Virtud, excelencia y bien común

Para el Pontífice la participación en competiciones reglamentadas constituye «un camino individual y colectivo hacia la virtud y la excelencia». De hecho, cuando el deporte se practica bajo ese espíritu «se promueve la maduración de la cohesión comunitaria y del bien común».

Por el contrario, la guerra nace de la radicalización del desacuerdo y del rechazo de cooperar los unos con los otros. «El adversario es entonces considerado como un enemigo mortal, a quien hay que aislar y, si es posible, eliminar». Esta cultura de la muerte, que es «siempre una derrota de la humanidad», deja unas «trágicas evidencias» comprobables a simple vista: «vidas truncadas, sueños destrozados, traumas de los supervivientes, ciudades destruidas».

Jannik Sinner, entonces el tenista número uno del mundo, bromea con el Papa León XIV tras regalarle una raqueta de tenis el 14 de mayo de 2025 durante una reunión en el Vaticano.
Jannik Sinner, entonces el tenista número uno del mundo, bromea con el Papa León XIV tras regalarle una raqueta de tenis el 14 de mayo de 2025 durante una reunión en el Vaticano. Foto: CNS / Vatican Media.

El valor del deporte

Además de subrayar el papel del deporte como herramienta para la construcción de la paz, el Papa —que es asiduo jugar de tenis— también lo ha definido como «una actividad común, abierta a todos y saludable para el cuerpo y para el espíritu, hasta el grado de constituir una expresión universal de lo humano».

No es una visión nueva. La Iglesia siempre ha reconocido «el valor formativo del deporte —según León XIV—, gracias al aporte de figuras como Hugo de San Víctor», quien destacó «la importancia de las actividades gimnásticas en el currículo de los estudios», o santo Tomás de Aquino, que en su reflexión sobre el juego y el ejercicio físico «ponía en primer plano la moderación como trato fundamental de una vida virtuosa».

En la carta, el Pontífice también asegura que «se trata de una oportunidad educativa formidable». En este sentido, ha explicado que durante la experiencia deportiva es habitual que la persona concentre toda su atención «en lo que está haciendo». Así «se verifica una fusión entre acción y conciencia, hasta el punto de que no queda espacio para una atención explícita dirigida hacia sí misma. En este sentido, la experiencia interrumpe la tendencia al egocentrismo».

Deporte y negocio

No obstante, el Pontífice ha querido aprovechar la ocasión par advertir de los riesgo que ponen en peligro los valores deportivos. Ha hablado de la corrupción, que puede aparecer cuando «el negocio se convierte en la motivación principal o exclusiva; entonces las decisiones ya no están movidas por la dignidad de las personas, ni por aquello que favorece al bien del atleta y a su desarrollo integral o al de la comunidad».

De esta forma, «los imperativos y los valores del mercado han llegado a oscurecer otros valores humanos del deporte, que, en cambio, merecen ser custodiados». Es el caso de «la dictadura del rendimiento», que «puede inducir al uso de sustancias dopantes».

Por último, el Papa ha criticado la concepción de «estadios como catedrales laicas, los partidos son liturgias colectivas, los atletas como figuras salvíficas». Esta sacralización, según León XIV, «revela una auténtica necesidad de sentido y de comunión, pero corre el riesgo de vaciar tanto el deporte como la dimensión espiritual de la existencia.

Por todo ello, también ante «el culto a la imagen y el rendimiento que amenaza con fragmentar a la personas», es «urgente reafirmar un cuidado integral de la persona humana, en la que el bienestar físico no se separe del equilibrio interior, de la responsabilidad ética y de la apertura a los demás».