El Papa pone deberes a los científicos ante dos grandes retos
En su audiencia a la Pontificia Academia de las Ciencias, León XIV ha subrayado el potencial y los riesgos de la IA y les ha hecho un encargo frente al cambio climático
¿Cuál es El futuro de la ciencia en un mundo que cambia? Es la respuesta a la que quiere responder la Pontificia Academia de las Ciencias en su asamblea plenaria. Y sobre ello el Papa León XIV les ha ofrecido sus orientaciones y les ha hecho encargos muy concretos.
La reflexión del Santo Padre ha girado en torno a una idea clave: «El progreso tecnológico nunca es simplemente una cuestión técnica», sino que «debe ir acompañado de un crecimiento correspondiente de la responsabilidad».
«Cuanto mayor sea nuestro poder para transformar el mundo, mayor debe ser nuestra capacidad» de «discernir lo que realmente sirve a la dignidad humana», ha asegurado.
Inteligencia artificial, digitalización y robótica tendrán un impacto que «sigue siendo incierto» pero «dan motivos para esperar un futuro más luminoso». Pueden «hacer avanzar la medicina, mejorar el diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades, fortalecer los sistemas alimentarios y energéticos, profundizar nuestra comprensión del universo y del mundo natural, y abrir nuevas posibilidades para la creatividad humana y la cooperación».
La inteligencia artificial también puede utilizarse para «vigilar, manipular y discriminar». Además, «las armas autónomas pueden, si se desarrollan o se despliegan sin medidas de seguridad adecuadas y sin control humano, presentar nuevos peligros para la seguridad y la paz internacional». Por último, los actuales sistemas «requieren grandes cantidades de energía y agua», emiten mucho dióxido de carbono a la atmósfera y «consumen recursos de manera intensiva».
León XIV ha recordado que olas de calor, sequías, inundaciones, tormentas, incendios forestales y otras catástrofes naturales se registran «con cada vez mayor frecuencia e intensidad» y «afectan más gravemente a los pobres, a las comunidades con menos recursos para adaptarse y a quienes dependen directamente de la tierra, los bosques o los océanos para su subsistencia».
Por eso «la cuestión climática «es fundamentalmente una cuestión de justicia, de dignidad humana y de solidaridad entre los pueblos y las generaciones». No se puede responder, ha advertido, «solo después de que el desastre ya haya ocurrido».
Científicos, ingenieros, economistas, médicos, sociólogos, comunidades locales y responsables políticos deben colaborar para buscar soluciones. Ante un problema que trasciende las fronteras entre ámbitos del saber, «la cooperación interdisciplinar es indispensable».
El Santo Padre ha aplaudido las cumbres sobre resiliencia climática organizadas en los últimos dos años por la Pontificia Academia de las Ciencias, junto con la Pontificia Academia de Ciencias Sociales. «Estos encuentros crean espacios en los que se puede compartir el conocimiento más allá de las fronteras, donde se puede aprender de experiencias positivas y adaptarlas, y donde el conocimiento científico puede traducirse en acciones concretas».