El Papa pide «un renovado celo apostólico» para evangelizar Asia - Alfa y Omega

El Papa pide «un renovado celo apostólico» para evangelizar Asia

Un auténtico debate sobre el estado de la misión en Asia. Así fue el Simposio internacional La misión en Asia: del Papa Juan Pablo II al Papa Francisco, celebrado en la Pontificia Universidad Urbaniana, de Roma, este martes. En el encuentro participaron, entre otros, el Patriarca caldeo de Babilonia (Iraq), y os cardenales Tagle (Filipinas) y Zen (Hong Kong). Este último se despidió mostrando su esperanza de volver a casa a tiempo de «entregarme a la policía» y pasar unos pocos días en la cárcel por apoyar al movimiento Occupy Hong Kong

María Martínez López

Un auténtico debate sobre el estado de la misión en Asia. Así fue el Simposio internacional La misión en Asia: del Papa Juan Pablo II al Papa Francisco, celebrado en la Pontificia Universidad Urbaniana, de Roma, este martes. En el encuentro participaron, entre otros, el Patriarca caldeo de Babilonia (Iraq), y os cardenales Tagle (Filipinas) y Zen (Hong Kong). Este último se despidió mostrando su esperanza de volver a casa a tiempo de «entregarme a la policía» y pasar unos pocos días en la cárcel por apoyar al movimiento Occupy Hong Kong

«Espero llegar a tiempo para ir, con todos los demás que están implicados, y entregarme a la policía por haber cometido un acto de desobediencia civil ocupando. Espero que me encarcelen durante unos pocos días, así que tendré tiempo para rezar por todos vosotros». Con estas palabras se despidió el cardenal Joseph Zen, arzobispo emérito de Hong Kong, del Simposio internacional organizado por la agencia AsiaNews en la Pontificia Universidad Urbaniana, de Roma, el martes 18 de noviembre.

El cardenal aludía a la implicación suya y de toda la Iglesia en el movimiento Occupy Hong Kong. «Me enorgullece decir que, gracias a una Comisión de Justicia y Paz, competente, la Iglesia en Hong Kong está acompañando a nuestro pueblo en la lucha por la paz y la democracia, siguiendo fielmente la doctrina social de la Iglesia».

El lema del encuentro en Roma era La misión en Asia: del Papa Juan Pablo II al Papa Francisco, que alude a cómo el Papa polaco definió a Asia como «nuestra tarea para el tercer milenio», y el interés de su sucesor argentino por este continente. Sobre esta cuestión, el cardenal Zen se mostró «convencido de que el camino a la misión en China es la gente: gente en la sociedad, la sociedad de la gente, como individuos creados a imagen de Dios». Por este motivo, el Gobierno de Pekín, consciente del papel que tuvo la Iglesia católica en la caída de los regímenes comunistas en Europa, teme la libertad religiosa: «El ateísmo humanista opone a Dios al hombre y al hombre a Dios. Si hay Dios, la gente lo adorará, así que apartemos a Dios».

Juan Pablo II quiso ir a China, y a Iraq

El cardenal Zen también compartió algunas anécdotas personales, como cuando, en una audiencia, san Juan Pablo II le dijo: «¡Quiero ir a China, quiero ir a China!» El Papa polaco no pudo cumplir ese deseo, como tampoco el de visitar Iraq, otro viaje que quería hacer. Así lo recordó también el Patriarca de Babilonia de los Caldeos, Su Beatitud Rafael I Sako, aludiendo a cómo el Pontífice «se opuso siempre a la guerra contra Iraq» y al embargo económico puesto por Occidente. Eso sí, siempre mostró «su preocupación paterna y pastoral por nuestras Iglesias, a pesar de que somos un pequeño rebaño». Una solicitud que ha continuado Francisco. De hecho, el día anterior, el Santo Padre había comunicado al Patriarca su deseo de escribir un mensaje especial destinado a la comunidad cristiana iraquí.

El Patriarca Sako insistió en que su mayor deseo es «una visita de nuestro querido Papa Francisco a Iraq, incluso si es breve». Sería «la forma más cercana en la que los cristianos de Iraq sentirán su proximidad», y además «daría un impulso» a la convivencia entre musulmanes y cristianos, implicando a Occidente de una manera «que promueva la paz». Explicó también que el éxodo cristiano «es el mayor desafío» al que están haciendo frente. «No me resignaré a un Iraq y un Oriente Medio sin cristianos», cuando éstos, «durante 2.000 años hemos dado testimonio en nombre de Jesús. Nuestra contribución es esencial para la vida social, cultural y religiosa de nuestro país».

Se duplican las conversiones en Corea

El interés del Santo Padre por la misión en Asia es bien conocido. Visitará Filipinas y Sri Lanka en enero, y se habla también de un posible viaje a Japón. Eso, sin contar la visita que ya hizo, en verano pasado, a Corea del Sur. Monseñor Lazzaro You Heung-sik, obispo de Daejon -la diócesis donde se celebró la Jornada Asiática de la Juventud en agosto- explicó en el simposio el impacto que ha tenido este encuentro. En la archidiócesis de Seúl, por ejemplo, se ha producido un aumento muy importante de las conversiones: «En septiembre de 2012», en la catedral de Myeongdong «había apuntadas a la catequesis preparatoria para el bautismo unas 165 personas. En septiembre de 2013, eran 102, pero en septiembre de 2014 eran más de 300. Y esto está ocurriendo en todo el país».

«El tema de los santos mártires y el compromiso de los fieles en la sociedad contemporánea» unió esta visita con las dos de san Juan Pablo II, en 1984 y 1989. «Cada una generaron un gran entusiasmo y dejaron una gran impresión». Monseñor You también recordó cómo el Papa advirtió contra los falsos valores del materialismo y el crecimiento económico, a los que se sacrifica la vida interior. «Afrontar la solución a estos problemas de una forma evangélica es la única manera de generar un renacimiento de la sociedad».

Filipinas: Un rebaño pequeño pero con alegría misionera

Uno de los próximos anfitriones del Papa, el arzobispo de Manila (Filipinas) cardenal Luis Antonio Tagle, reconoció que «la Iglesia en Asia podría permanecer para siempre como un pequeño rebaño. Sin embargo, las cifras no siempre indican la vitalidad de la Iglesia. Por pequeña que sea, una comunidad sigue siendo una Iglesia, la presencia del pueblo de Dios. La alegría misionera puede experimentarse incluso en una situación de humilde minoría. Una fuerza inexplicable brota de la fe, fluyendo dinámicamente en la debilidad y el sufrimiento» de un país como Filipinas, que sufre unos 20 tifones al año, además de terremotos, erupciones volcánicas y corrupción a gran escala.

Explicó, además, cómo en este contexto han surgido nuevos misioneros, como los millones de emigrantes que han llevado su fe a países como Japón, Corea, Oriente Medio y China; o los que utilizan las redes sociales para comunicar el Evangelio.

El Papa visitará la zona de Sri Lanka golpeada por la guerra

Otro de los anfitriones del Papa, esta vez en Sri Lanka, será monseñor Rayappu Joseph, obispo de Mannar (Sri Lanka). No pudo asistir al simposio por problemas de salud, pero envió su discurso por escrito. En él, afirma que «san Juan Pablo II beatificó al apóstol de Sri Lanka», Joseph Vaz, en 1995 durante su visita al país, y Francisco lo canonizará en enero, una «bendita coincidencia».

Otro factor clave de la visita del Santo Padre es que «será el primer Papa en pisar el norte de Sri Lanka, donde se encontrará con la población tamil». La diócesis de monseñor Joseph es la única con una mayoría de católicos (el 32%), y está en el norte del país, una zona que todavía «está profundamente afectada por la guerra» civil de 35 años que concluyó en 2009. «Los tamiles del norte todavía están sometidos a la ley marcial, y los militares están presentes en cada aspecto de la vida, vigilando las ceremonias religiosas, los eventos sociales, el desarrollo educativo, la actividad económica y el turismo»; pero a la vez cometiendo «abusos sexuales, desapariciones, detenciones arbitrarias y tortura».

En este contexto, la Iglesia trabaja para «defender los derechos de nuestro pueblo, la verdad, y la justicia». También lucha para «trabajar con todos los grupos étnicos y religiosos para superar las tensiones y la polarización entre distintas comunidades».

Telegrama del Papa

Durante el simposio, el Secretario de Estado del Vaticano, cardenal Pietro Parolin, envió un telegrama en el que «el Santo Padre envía sus mejores deseos» y muestra su esperanza «de que este momento de bendición pueda ser una experiencia intensa de reflexión y comunión, para promover un renovado celo apostólico a favor de proclamar el Evangelio en Asia».