El Papa pide hacer frente a los «Herodes» modernos, como el «poder sin escrúpulos», con la oración y los sacramentos
Con los valores del Evangelio, las familias se convertirán «en luz de esperanza para los entornos en los que vivimos, escuela de amor e instrumento de salvación en las manos de Dios», ha dicho el Papa en la fiesta de la Sagrada Familia
En la fiesta de la Sagrada Familia, asomado al balcón del Palacio Apostólico, el Papa ha advertido contra los «Herodes» modernos. Concretamente, ha criticado los «mitos del éxito a cualquier precio», el «poder sin escrúpulos», o el «bienestar vacío y superficial». Todo ello, según León XIV hace que el mundo sufra «consecuencias» como «la soledad, la desesperación» o las divisiones y conflictos».
No dejemos que estos espejismos, ha pedido el Pontífice, «sofoquen la llama del amor en las familias cristianas». Al contrario, «protejamos en ellas los valores del Evangelio: la oración, la frecuencia a los sacramentos —especialmente la confesión y la comunión—, los afectos sanos, el diálogo sincero, la fidelidad, el realismo sencillo y hermoso de las palabras y los gestos buenos de cada día».
Así, las familias se convertirán «en luz de esperanza para los entornos en los que vivimos, escuela de amor e instrumento de salvación en las manos de Dios». En este sentido, al final del rezo del ángelus, el Santo Padre ha pedido a los fieles que se han congregado en la plaza de San Pedro que sigan rezando por la paz. «Hoy, en particular, oremos por las familias que sufren a causa de la guerra, por los niños, los ancianos y los más vulnerables. Encomendémonos juntos a la intercesión de la Sagrada Familia de Nazaret».

Momento de prueba
El Pontífice hizo esta reflexión al comentar el pasaje del Evangelio de este domingo, fiesta de la Sagrada Familia, en la que vemos a Jesús, María y José huyendo a Egipto. «Es un momento de prueba», ha asegurado el Santo Padre. «Sobre el resplandeciente cuadro de la Navidad se proyecta, casi de improviso, la inquietante sombra de una amenaza mortal, que tiene su origen en la atormentada vida de Herodes». Según el Papa, el monarca era «un hombre cruel y sanguinario, temido por su crueldad, pero precisamente por eso profundamente solo y obsesionado por el miedo a ser destronado».
La obsesión le impide darse cuenta de que «en su reino, Dios está realizando el milagro más grande de la historia, en el que se cumplen todas las antiguas promesas de salvación, pero él no es capaz de verlo, cegado por el miedo a perder el trono, sus riquezas, sus privilegios».

Entrega sin reservas
Ante esta «dureza de corazón», ha concluido León XIV, «resalta aún más el valor de la presencia y la misión de la Sagrada Familia que, en el mundo despótico y codicioso que representa el tirano, es el nido y la cuna de la única respuesta posible de salvación: la de Dios que, con total gratuidad, se entrega a los hombres sin reservas y sin pretensiones».
Por último, el Pontífice ha destacado el «gesto de José», que «obediente a la voz del Señor, lleva a salvo a la esposa y al niño». Así, «se manifiesta aquí en todo su significado redentor. De hecho, en Egipto crece la llama del amor doméstico a la que el Señor ha confiado su presencia en el mundo y cobra vigor para llevar la luz al mundo entero».