El Papa destaca la importancia de la coherencia del maestro: «¡No se desanimen!» - Alfa y Omega

El Papa destaca la importancia de la coherencia del maestro: «¡No se desanimen!»

Unas nueve mil personas, entre alumnos de varios colegios jesuitas de Italia y Albania, familiares y educadores, llenaron, el viernes, el Aula Pablo VI. Era el día del Sagrado Corazón, solemnidad que las escuelas de la Compañía de Jesús celebran con especial devoción. El Papa prescindió de su discurso para dejar más tiempo al coloquio. En su texto, sin embargo, aborda cuestiones decisivas para afrontar lo que Benedicto XVI llamó emergencia educativa

Ricardo Benjumea
Un momento del encuentro con alumnos de colegios de jesuitas.

Como joven sacerdote, el padre Bergoglio enseñó, varios años, en colegios jesuitas de Argentina. La vocación ya nunca le abandonó, y como obispo, tuvo siempre la escuela entre sus grandes inquietudes.

El viernes, se le vio al Papa en su salsa. Si Benedicto XVI dejaba ver al profesor que nunca dejó de ser en sus encuentros con universitarios, el Papa Francisco disfruta con el bullicio de patio de colegio. El Pontífice dejó aparcado el discurso que traía escrito –«Son cinco páginas», explicó; leerlo sería «un poco aburrido»– y se sometió a un tercer grado por parte de alumnos y profesores. El padre Provincial quiso cerciorarse. «Santidad, las preguntas no estaban preparadas. Entonces, ¿se le plantean tal como vengan…? De acuerdo. Por saber, digo…».

El Papa, durante la Audiencia en el Aula Pablo VI.

El Papa no estaba renunciando a su discurso escrito, sino poniéndolo en práctica. «¡No se desanimen ante las dificultades que presenta el desafío educativo!», les decía en él a los educadores, padres, maestros y jesuitas. «Educar no es una profesión, sino una actitud», que requiere «estar entre los jóvenes, para acompañarlos en las etapas de crecimiento, estando a su lado. Denles a los jóvenes esperanza, optimismo para afrontar su camino en el mundo. Enséñenles a ver la belleza y la bondad de la creación y del hombre, que siempre conserva la huella del Creador. Pero sobre todo den testimonio con su vida de lo que les comunican». Porque, «¡sin coherencia, no es posible educar!».

El Papa les había explicado antes a los chicos que, «en la escuela, el elemento principal es aprender a ser magnánimo», lo cual «significa tener un gran corazón, tener un alma grande, tener grandes ideales, el deseo de lograr grandes cosas en respuesta a lo que Dios pide de nosotros, y para ello hacer las cosas bien todos los días, todas las acciones cotidianas…, hacer las pequeñas cosas de todos los días con un gran corazón abierto a Dios y a los demás».

La escuela no sólo debe ampliar la «dimensión intelectual» del alumno, sino también la humana, añadió. «Y creo que, en especial, los colegios de los jesuitas cuidan con esmero las virtudes humanas: la lealtad, el respeto, la fidelidad, el compromiso…». El Papa se detuvo en particular en dos de esos valores: la libertad y el servicio. «Sobre todo: ¡sean personas libres!», les dijo a los chicos. «Tal vez piensan que la libertad es hacer todo lo que se desea, o aventurarse en experiencias-límite para experimentar la emoción y vencer el aburrimiento. Esto no es libertad. Libertad significa saber reflexionar sobre lo que hacemos, saber valorar lo que es bueno y lo que es malo, cuáles son los comportamientos que hacen crecer; significa elegir siempre el bien. Nosotros somos libres para el bien. ¡Y en eso, no tengan miedo de ir contracorriente, aunque no sea fácil! Ser libres de escoger siempre el bien es un reto, pero les hará personas rectas, que saben enfrentar la vida, personas con valentía y paciencia». En cuanto al servicio, el Papa jesuita habló de la importancia de que las escuelas no se cierren «en su pequeño mundo», sino que se abran a los demás, «especialmente a los pobres y necesitados», y trabajen «para mejorar el mundo en que vivimos».

El Papa saluda al Presidente de Italia, Giorgio Napolitano.

Pero no bastan las propias fuerzas. «Para ser magnánimos con libertad interior y espíritu de servicio, se requiere la formación espiritual. ¡Queridos chicos, queridos jóvenes, amen cada vez más a Jesucristo!», les dijo. «Nuestra vida es una respuesta a su llamada y ustedes serán felices y construirán bien su vida si saben responder a esa llamada. Sientan la presencia del Señor en su vida. Él está cerca de cada uno de ustedes como compañero, como amigo, que les ayuda a comprender, que les alienta en los momentos difíciles y nunca les abandona».

En la primera pregunta, un adolescente le pidió ayuda al Papa para afrontar sus dudas de fe. Francisco le habló de la vida cristiana como un camino largo: «Caminar es un arte, porque, si siempre vamos deprisa, nos cansamos y no llegamos al final del camino. Y, en cambio, si nos paramos, no andamos y tampoco llegamos a la meta. Caminar es el arte de mirar al horizonte, pensar adonde queremos ir, pero aguantar también el cansancio del camino, y a veces es difícil… Hay días oscuros, días de fracaso, también alguna que otra caída. Uno se cae… Pero pensad siempre esto: no tengáis miedo de los fracasos, ni de las caídas. En el arte de andar, lo que importa no es caer. Hay que levantarse, enseguida, y seguir andando. Esto es hermoso: este trabajar todos los días; esto es caminar de forma humana. Pero caminar solos es desagradable y aburrido. Caminar en comunidad, con los amigos, con los que nos quieren… Eso nos ayuda a llegar al final, adonde queremos llegar».

«Involucrarse en política es un deber para el cristiano»

¿Por qué has renunciado a todas las riquezas de un Papa, como un apartamento lujoso o un auto enorme?, le preguntó una niña al Papa. «No se trata sólo de algo que tenga que ver con la riqueza –respondió éste–. Para mí, es un problema de personalidad. Yo necesito vivir en medio de la gente, y si viviera solo, aislado, no me sentaría bien. Esta pregunta me la hizo ya un profesor: ¿Por qué no va usted a vivir allí? Y yo le contesté: Mire, profesor, por cuestiones psiquiátricas, ¿eh? Porque es mi personalidad. El apartamento, ése no es tan lujoso… Pero no puedo vivir solo ¿me entiendes?».

Aclarado esto, el Papa destacó que «la pobreza del mundo es un escándalo» y que «todos tenemos que pensar en volvernos un poco más pobres», y preguntarnos a qué renunciar para parecernos «más a Jesús, que era el Maestro pobre». Seguir a Cristo exige renuncias. En los últimos días, de hecho, el Papa ha alertado en más de una ocasión sobre la idolatría efectiva de muchos cristianos, que confiesan con la boca a Dios, pero sirven a «otras deidades», según afirmó el Pontífice en la misa matinal del jueves 6 de junio. Este lunes, volvió sobre el asunto, y resaltó que el Señor fue muy claro en este punto: «No se puede servir a dos amos: porque o se sirve al Señor, o se sirve al espíritu del mundo».

Un profesor español le preguntó al Papa por la participación en política. «Involucrarse en política es un deber para el cristiano», fue la respuesta. «No podemos hacer de Pilatos, lavarnos las manos. Debemos meternos en política porque la política es una de las formas más altas de la caridad, ya que busca el bien común». El Pontífice reconoció que «no es fácil. Pero tampoco es fácil ser sacerdote», aclaró. «La política es sucia. Pero pregunto ¿por qué? ¿Será porque los cristianos no se han metido en política con espíritu evangélico? Trabajar por el bien común es un deber de los cristianos. Hay otros caminos para hacerlo, por supuesto, pero la actividad política es uno de los caminos».

La participación en política fue también uno de los asuntos que abordó el Papa en su discurso al recibir, el sábado, al Presidente de Italia, Giorgio Napolitano. En un contexto de grave crisis, «es fundamental garantizar y desarrollar la estructura global de las instituciones democráticas», dijo. «Es urgente que pueda crecer, sobre todo entre los jóvenes, una nueva consideración del empeño político, y que creyentes y no creyentes colaboren juntos en la promoción de una sociedad en la que las injusticias puedan ser superadas y toda persona sea acogida y pueda contribuir al bien común según su propia dignidad y poniendo a disposición sus propias capacidades».