El Papa de América

Si 2015 empezará para el Papa con un nuevo viaje a Asia (Sri Lanka y Filipinas), en el último tramo del año, tiene en su agenda un viaje a Estados Unidos y, probablemente también, a México

Jesús Colina. Roma

Si 2015 empezará para el Papa con un nuevo viaje a Asia (Sri Lanka y Filipinas), en el último tramo del año, tiene en su agenda un viaje a Estados Unidos y, probablemente también, a México

Entre el 22 y el 27 de septiembre, el Papa Francisco visitará los Estados Unidos, para participar en el Encuentro Mundial de las Familias y pronunciar una esperada intervención ante las Naciones Unidas. Se está estudiando también la posibilidad de un desplazamiento a México. El 7 de junio, Enrique Peña Nieto informó en su cuenta de twitter que, en la audiencia que le había concedido el Papa, le había invitado a visitar México, y añadía: «Me da gusto decirles que ha aceptado la invitación». La cuestión es esencialmente un tema de agenda.

Un nuevo mundo

El mayor experto en la Iglesia de asuntos americanos, el profesor Guzmán Carriquiry, Secretario encargado de la Vicepresidencia de la Comisión Pontificia para América Latina, considera que la elección del primer Papa nacido en el continente americano implica, para «la catolicidad, una transición de época. La elección del Papa Francisco es, en cierto modo, un signo más de un declino histórico europeo, no sólo económico y político, sino sobre todo cultural y religioso». Por otra parte, en las últimas décadas, Europa ha experimentado un fuerte proceso de descristianización, hasta el punto de que, en muchas partes de Europa, se puede hablar «de un tiempo post-cristiano».

Benedicto XVI, añadía Carriquiry en una conferencia pronunciada en el Meeting de Rimini, en agosto pasado, «fue una extraordinaria personalidad capaz de recapitular y expresar la gran tradición clásica y humanista de Europa e, inseparablemente, su gran tradición católica. Pero ahora los vientos del Espíritu llevaban a saltar el Océano, apuntar al Sur y traer un sucesor de Pedro del Nuevo Mundo americano. No en vano, en América Latina viven ya más del 40% de los católicos de todo el mundo, a los que cabe agregar los más de 60 millones de hispanos en Estados Unidos, que dentro de algo más de 10 años serán la mitad de los católicos de ese país. Brasil, México, Filipinas, Estados Unidos, son los países de mayor número de católicos, seguidos por Italia y Francia, que en unos 15 años serán superados por Colombia, República Democrática del Congo y Nigeria. Las otrora consideradas periferias hacen irrupción en la catolicidad».

Nuevos tiempos en América

La visita del Papa tendrá lugar en momentos de grandes replanteamientos de los valores que animan las sociedades americanas. En los Estados Unidos, la presidencia Obama llega al final de su mandato sin oxígeno ni ideas, y no parece haber alternativas creíbles de un ideal de sociedad estadounidense integrada en los nuevos desafíos de la mundialización. Por su parte, en México, el flagelo del narcotráfico, de la criminalidad y la corrupción han sumido al país en una de sus crisis más agudas, que tiene su símbolo y drama más horrible en la matanza de los 43 estudiantes de Iguala.

También están quedando totalmente agotadas y sin credibilidad, en el continente, las voces que antes se levantaban como mesiánicas en el Sur: la crisis que vive Nicolás Maduro está acabando con el régimen que creó Hugo Chávez, y ya ningún intelectual mira a Cuba para presentar el modelo social representado por los Castro.

En este contexto, Francisco prepara su viaje a América con una credibilidad única. No hay un solo personaje en el continente con su aceptación. Una encuesta en 43 países en el mundo sobre la imagen del Papa realizada por el Centro de Investigación Pew revela que, en América Latina, el 72 por ciento de la población tiene una alta estima de la persona de este Papa, mientras que sólo el 8 por ciento de la población es desfavorable. Se trata de un dato impresionante, si se tiene en cuenta el elevado número de adeptos que han hecho en los últimos años sectas y otras denominaciones protestantes, muchas veces caracterizadas por un anticatolicismo y antipapismo agudos. Pero lo increíble es que este dato es aún más elevado en Estados Unidos, donde el 78 por ciento de la población se confiesa favorable a este Papa, aunque los no favorables son algo más, un 11 por ciento. Se trata de datos que ningún político podría nunca soñar.

El Papa va a América precisamente a superar ese divorcio entre fe y vida, entre sociedad y religión que ha caracterizado a Europa en estas últimas décadas y que amenaza ahora también al continente americano. Para el Papa, no puede haber esquizofrenia entre alma y economía.

Jesús Colina. Roma


El 12 de diciembre, fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, el Papa presidió una Misa por Latinoamérica, proclamada por los Papas Emperatriz de América. Desde que tuvieron lugar la apariciones de María en la Ciudad de México, recordó Francisco, «la fe cristiana fue convirtiéndose en el más rico tesoro del alma de los pueblos americanos, cuya perla preciosa es Jesucristo: un patrimonio que se transmite y manifiesta hasta hoy en el Bautismo de multitudes de personas, en la fe, esperanza y caridad de muchos, en la preciosidad de la piedad popular y también en ese ethos americano que se muestra en la conciencia de dignidad de la persona humana, en la pasión por la justicia, en la solidaridad con los más pobres y sufrientes, en la esperanza a veces contra toda esperanza». De América Latina, dijo el Papa, «se esperan nuevos modelos de desarrollo que conjuguen tradición cristiana y progreso civil, justicia y equidad con reconciliación, desarrollo científico y tecnológico con sabiduría humana, sufrimiento fecundo con alegría esperanzadora».