El Papa da la Primera Comunión a un grupo de niños: «Ha venido el obispo» - Alfa y Omega

El Papa da la Primera Comunión a un grupo de niños: «Ha venido el obispo»

«El Papa vive en el Vaticano; hoy aquí ha venido el obispo», les dijo el Santo Padre a los niños de una parroquia romana a los que dio, el domingo, la Primera Comunión. Fue una Misa muy dinámica y pedagógica, en la periferia de Roma. En los días anteriores, el Papa había pedido una Iglesia más abierta hacia los sencillos y los alejados

Ricardo Benjumea
El Papa da la Primera Comunión a una niña, el domingo, en Roma.

Una coincidencia providencial hizo que la primera visita del Papa a una parroquia romana –ya programada por Benedicto XVI– tuviera como destino la iglesia de los Santos Isabel y Zacarías, la parroquia más alejada del centro de Roma. «La realidad se entiende mejor desde las periferias», dijo Francisco, en respuesta a las palabras de saludo del párroco, que recordó el sentido positivo que suele darle el Pontífice a ese término.

«El Papa está en el Vaticano; hoy aquí ha venido el obispo», explicó el Santo Padre, que llegó media hora antes, para conversar con los sacerdotes y saludar a los enfermos y a las familias de los niños bautizados este año. La celebración fue una auténtica Misa de Niños, muy dinámica, con preguntas a los chicos durante la homilía (ver PequeAlfa, de este mismo número). El Papa les dio después la Primera Comunión a 16 de ellos, y se la distribuyó a otros 28 chavales de la parroquia que habían recibido el Sacramento en días anteriores. No tuvieron la suerte de que les tocara hacer la Primera Comunión con el Papa, pero volvieron a vestirse de blanco igualmente.

Francisco es un Papa que enseña con las palabras, pero sobre todo con los gestos, y su primera visita a una parroquia romana fue, de algún modo, la puesta en práctica de una idea en la que había insistido mucho en los días anteriores, durante las misas matinales en la residencia de Santa Marta: que los sencillos y los alejados encuentren siempre abiertas las puertas de la Iglesia. «La fe del pueblo de Dios es una fe simple, es una fe que tal vez no tiene mucha teología», pero «no se equivoca, porque hay en ella el Espíritu», había dicho precisamente el día anterior. «Si usted quiere saber quién es María, vaya al teólogo y se lo dirá exactamente. Pero si usted quiere saber cómo amar a María, vaya al pueblo de Dios, que se lo enseñará mejor». Ese pueblo sencillo «a veces es un poco insistente, pero es la insistencia de quien cree», añadió el Papa, que puso el ejemplo a una señora humilde de la ciudad de Salta, que, tras una misa, fue al sacerdote a pedirle la bendición. Él trató de argumentarle teológicamente que todos los fieles habían recibido la bendición en la Misa, y ella le dio las gracias por la explicación, pero en cuanto el hombre se dio la vuelta, «la señora se dirigió a otro sacerdote: Déme la bendición. Todas aquellas palabras no entraron en ella porque tenía otra necesidad, la necesidad de ser tocada por el Señor. Ésta es la fe que buscamos y que debemos encontrar siempre, porque la suscita el Espíritu Santo. Nosotros debemos facilitarla, hacerla crecer, ayudarla a crecer».

Muy llamativas fueron también las palabras del Pontífice, el mismo sábado, sobre la pésima acogida que, a veces, se da a las personas en las parroquias, como cuando unos novios anuncian que quieren casarse, y en vez de apoyo o de felicitaciones, se les comunica el coste de la ceremonia. El Papa puso a continuación el ejemplo de una madre soltera que pide el Bautismo para su hijo, pero se le deniega por no estar casada: «Mirad esta chica que ha tenido el coraje de llevar adelante su embarazo» y de no abortar, dijo. No lo citó, pero éste fue el motivo de un reciente enfrentamiento suyo, como arzobispo de Buenos Aires, con un sacerdote de la diócesis. «Éste no es un buen celo pastoral», afirmó. «Esto aleja del Señor, no abre las puertas. Y así cuando vamos por esta vía, con esta actitud, no hacemos bien a la gente, al pueblo de Dios. Jesús ha instituido siete sacramentos y nosotros, con esta actitud, instituimos el octavo, el sacramento de la aduana pastoral». Y «Jesús se indigna cuando ve estas cosas».

La misma actitud de acogida pidió el Papa el viernes con respecto a los ateos. «No sólo los creyentes se salvan», advirtió. «El Señor nos ha redimido a todos con la sangre de Cristo. ¡A todos, no sólo a los católicos! ¡A todos!», enfatizó. «Recuerdo cuando era chico lo que se sentía decir en las familias católicas. En la mía, por ejemplo: No a casa de ellos; no podemos ir porque no están casados por la Iglesia, ¿eh? Era como una exclusión. O porque eran socialistas, o ateos, no podíamos ir. Ahora, gracias a Dios, no se dice aquello, ¿no?».

Hay un lugar de encuentro para creyentes y ateos: hacer el bien, dijo en la Misa del miércoles. No es una cuestión de fe, sino «un deber, un documento de identidad que nuestro Padre ha dado a todos, porque nos ha hecho a su imagen y semejanza».