El Papa anima a los jóvenes a «no dejarse engañar por las modas y los fuegos artificiales del consumismo» - Alfa y Omega

El Papa anima a los jóvenes a «no dejarse engañar por las modas y los fuegos artificiales del consumismo»

En la Misa de Cristo Rey, el Papa ha instado a la juventud a «ir contracorriente y ser la conciencia crítica de la sociedad»

Yago González
Con motivo de la JMJ diocesana, el Papa ha estado acompañado por dos jóvenes en el ángelus de este domingo. Foto: Vatican News.

El Papa Francisco ha animado a los jóvenes de todo el mundo a «no dejarse engañar por las modas de cada momento y los fuegos artificiales del consumismo que deslumbra y paraliza». En su homilía de la Misa de Cristo Rey, celebrada este domingo en la Basílica de San Pedro, el Pontífice se ha dirigido especialmente a la juventud con motivo de la celebración de la JMJ a nivel diocesano. «No estamos aquí para dejarnos encantar por las sirenas del mundo, sino para tomar las riendas de la propia vida, para gastar la vida plenamente», ha exhortado. Después, en el ángelus, el Papa ha estado acompañado por dos jóvenes mientras dirigía sus palabras a los fieles congregados en la plaza de San Pedro.

Siguiendo el Evangelio del día, en el que Jesús revela su majestad divina a Poncio Pilato, el Papa ha subrayado que en ese pasaje se aprecia cómo Cristo «no esconde su identidad ni camufla sus intenciones. Él asume la responsabilidad sobre su vida: ha venido a cumplir una misión y la cumplirá hasta el final. Jesús ha venido sin dobleces a proclamar que su Reino es diferente, que no viene a aplastar a los demás con los ejércitos, sino que reina con el amor, donando la propia vida para la salvación de los demás».

Francisco ha propuesto un examen de conciencia a los jóvenes: «Si nos pusiéramos delante de Jesús, ¿cuáles serían esas falsedades y dobleces nuestras que no se sostienen, que a Él no le gustan? Necesitamos ponernos delante de Jesús para reconocer nuestra propia verdad, necesitamos adorarlo para ser interiormente libres».

En esa línea, el Papa ha alentado a la juventud a «ir contracorriente». «No se trata de ir contra alguien, como hacen los conspiradores y victimistas que cargan siempre la culpa sobre los demás, sino contra la corriente malsana de nuestro ”yo” egoísta, cerrado y rígido, que tantas veces busca de los apaños para sobrevivir», ha indicado el Pontífice. «Nuestro mundo herido por tantos males no necesita de más pactos ambiguos de tanta gente que va de aquí para allá como las olas del mar, según les convenga, siguiendo solo su interés. Un cristiano que va por la vida así es más equilibrista que cristiano, siempre buscando una vía para no ensuciarse las manos, para no comprometer la vida, para no jugársela en serio», ha advertido.

Por eso, ha instado a los jóvenes a «no ser equilibristas, sino ser la conciencia crítica de la sociedad»: «Vosotros, por ejemplo, criticáis mucho la contaminación medioambiental; sed libres en la crítica, con pasión por la verdad, para que la vida no sea esclava de la lógica de este mundo».

No dejarse aplastar por el miedo

El Papa también ha reflexionado a la luz de la profecía sobre la Segunda Venida (Daniel 7, 13-14), que también se ha leído en la Misa. «La última palabra sobre nuestra existencia la tiene Jesús, no nosotros. Esta profecía de esperanza ilumina nuestras noches y nos dice que Dios viene y que está obrando, que dirige la Historia hacia Él, hacia el Bien. Nos dice que no nos deja solos cuando nuestra vida está envuelta en nubes», ha señalado Francisco, que ha recordado que «debemos tener los ojos luminosos aun en medio de las tinieblas y elevar la mirada desde la tierra hacia lo alto, no para escapar sino para evitar la tentación de quedar en el suelo, aplastados por nuestros miedos y compadeciéndonos de nosotros mismos».

«Hay que ser capaces de soñar. Un joven que no es capaz de soñar se ha convertido en viejo antes de tiempo. El que sueña no se deja absorber por la noche, sino que enciende una luz de esperanza que anuncia el mañana y que mira al futuro con valentía», ha remarcado.

«Todos nosotros os estamos agradecidos a vosotros, jóvenes, cuando soñáis. Vosotros cambiáis las cosas cuando hacéis de Jesús el sueño de vuestras vidas y lo abrazáis con una alegría contagiosa. Un mundo obsesionado por el beneficio inmediato, tiende a sofocar los grandes ideales. No perdáis la capacidad de soñar, no viváis atormentados o anestesiados. La Iglesia también necesita el entusiasmo y el ardor de los jóvenes para ser testigos de Dios, que es siempre joven».