El Papa alerta sobre los peligros en internet para los niños

La curiosidad es una virtud, que mal entendida lleva a los niños a «encontrar tantas cosas malas» en internet o al «chismorreo» en los adultos, advierte Francisco

Ricardo Benjumea

La curiosidad es una virtud, que mal entendida lleva a los niños a «encontrar tantas cosas malas» en internet o al «chismorreo» en los adultos, advierte Francisco

La curiosidad, en principio, es una virtud, pero es necesario discernir, advertía el Papa este lunes durante la Misa en la Casa de Santa Marta.

Francisco se refirió en particular a los peligros de internet para los menores. «Los niños van allí y tienen la curiosidad de ver. Y allí encuentran tantas cosas malas», lamentó. «No hay disciplina en esa curiosidad. Debemos ayudar a los jóvenes a vivir en este mundo, y para que las ganas de saber no sean ganas de ser curiosos, y terminen prisioneros de esta curiosidad».

Es innato al ser humano. «Nuestra vida está llena de curiosidad», añadió el Pontífice. Y esto se manifiesta de forma particular en la «edad del por qué», que les sirve a los niños para desarrollarse y «tener más autonomía».

Se trata de una curiosidad sana que es bueno mantener durante toda la vida. Pero hay otras formas menos buenas, como «el chismorreo», que consiste en querer «oler la vida de los demás» o en «tratar de ir a los lugares que, al final, ensucian a otras personas», advirtió Francisco. «Y este tipo de curiosidad mata; nos acompaña durante toda la vida; es una tentación que tendremos siempre».

De este modo, tras referirse a la curiosidad de los apóstoles con Jesús en el pasaje evangélico del día, Francisco concluyó con esta petición: «Primero que nos purifiquemos al aceptar las curiosidades (hay curiosidades buenas y no tan buenas) y saber discernir: “no, esto no debo verlo, esto no debo verlo, esto no debo preguntarlo….”. Y la segunda gracia: abrir el corazón al Espíritu Santo, porque él es la certeza, nos da la certeza, como compañero de camino, de las cosas que Jesús nos ha enseñado, y nos recuerda todo».

Ricardo Benjumea