El Papa advierte ante el riesgo de «un virus peor»: el del «egoísmo indiferente»

Francisco pidió que, en la recuperación de la pandemia, no se olvide a quien se ha quedado atrás. Lo hizo durante la Eucaristía del Segundo Domingo de Pascua y día de la Divina Misericordia en la iglesia de Santo Espíritu de Sassia en Roma

Fran Otero
Un momento de la Eucaristía presidida por el Papa Francisco en la iglesia de Santo Espíritu de Sassia en Roma

Francisco pidió que, en la recuperación de la pandemia, no se olvide a quien se ha quedado atrás. Lo hizo durante la Eucaristía del Segundo Domingo de Pascua y día de la Divina Misericordia en la iglesia de Santo Espíritu de Sassia en Roma

El Papa Francisco salió del Vaticano para celebrar el Segundo Domingo de Pascua, día en que también se conmemora la Divina Misericordia. Y lo hizo, precisamente en la iglesia de Santo Espíritu de Sassia en Roma, lugar donde se pone de manifiesto la especial devoción de Jesús misericordioso.

«Hoy, en esta iglesia que se ha convertido en santuario de la misericordia en Roma, en el Domingo que veinte años atrás san Juan Pablo II dedicó a la Divina Misericordia, acojamos con confianza este mensaje. Jesús le dijo a santa Faustina: «Yo soy el amor y la misericordia misma; no existe miseria que pueda medirse con mi misericordia»», dijo Francisco.

A lo largo de su homilía, el Pontífice se refirió tanto a los mensajes de santa Faustina Kowalska, apóstol de la Divina Misericorida, como al Evangelio del día, cuando Jesús vuelve a encontrarse con sus discípulos tras su muerte y resurrección.

También a los efectos del COVID-19, sobre todo a los más vulnerables: «Ahora, mientras pensamos en una lenta y ardua recuperación de la pandemia, se insinúa justamente este peligro: olvidar al que se quedó atrás. El riesgo es que nos golpee un virus todavía peor, el del egoísmo indiferente, que se transmite al pensar que la vida mejora si me va mejor a mí, que todo irá bien si me va bien a mí».

Según el Papa, se parte de esta idea y se llega a «seleccionar a las personas, descartar a los pobres e inmolar al que se queda atrás». «Esta pandemia nos recuerda que no hay diferencias entre los que sufren. Todos somos frágiles, iguales y valiosos. Que nos sacuda lo que está pasando. Es tiempo de acabar con las desigualdades y de repara la injusticia», afirmó.

Puso como ejemplo a la primera comunidad cristiana, que «vivían unidos y tenían todo en común, vendían posesiones y bienes y los repartían según la necesidad de cada uno». «No es ideología, es cristianismo», añadió. En aquella comunidad, continuó el Papa, solo uno se había quedado atrás y todos lo esperaron. «Actualmente parece lo contrario. Una pequeña parte avanzó, mientras la mayoría se quedó atrás. Cada uno de nosotros podríamos decir que no es nuestro problema ocuparnos de los necesitados», dijo.

Por todo ello, Francisco animó a todos a no pensar solo en nuestros intereses particulares y a aprovechar esta oportunidad «para preparar el mañana de todos». «Sin una visión de conjunto, nadie tendrá futuro», concluyó.

F. O.