El Papa acepta la renuncia del cardenal Becciu

El cardenal Giovanni Angelo Becciu, que ha renunciado también a sus derechos como cardenal, estaba al frente de la Oficina para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado cuando se produjo la compraventa de un inmueble en Londres

Redacción
Foto: CNS

El Papa Francisco ha aceptado la renuncia presentada por el prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, el cardenal Giovanni Angelo Becciu, informó el Vaticano en un comunicado a última hora de la tarde del jueves.

«Hoy, jueves 24 de septiembre, el Santo Padre ha aceptado la renuncia del cargo de prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos y de los derechos vinculados al cardenalato, presentada por el cardenal Giovanni Angelo Becciu», se lee en la escueta nota.

El Vaticano no ha explicado el alcance exacto de la renuncia. Las funciones (y por tanto los derechos) asignados a los cardenales incluyen el asesorar al Papa, ser electores y elegibles (si están por debajo de los 80 años) en un cónclave y participar en los consistorios. Desde la Oficina de Información de la Santa Sede tampoco se han dado más detalles sobre la causa de este movimiento.

O’Brien y McCarrick, antecedentes

Tal como explica Europa Press, el derecho canónico estipula la renuncia de los cargos a los 75 años, pero el cardenal italiano tiene solo 72. Entró en la Curia en la Secretaría de Estado, donde trabajó como sustituto (cargo equiparable a jefe de gabinete) entre 2011 y 2018. Ese mismo año, el Papa Francisco lo creó cardenal y lo designó prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.

La última vez que en el Vaticano se produjo un movimiento como la fulminante renuncia de Becciu, incluyendo sus derechos cardenalicios, fue en 2015 con el cardenal escocés Keith O’Brien. En febrero de 2013 (aún durante el pontificado de Benedicto XVI) se aceptó con mucha rapidez su renuncia como arzobispo de San Andrés y Edimburgo. Dos años después, ya como arzobispo emérito y después de una investigación por conductas sexuales inapropiadas con adultos, renunció a sus derechos como cardenal. Con todo, conservó el título, como se entiende que hará Becciu.

Más fulminante fue el caso del estadounidense Theodore McCarrick renunció a sus derechos y sus privilegios como cardenal en julio del 2018 en medio de un escándalo de abuso sexual. En febrero de 2019, fue incluso del sacerdocio.

Investigación por el Óbolo de San Pedro

En el caso actual resulta llamativo que se tomen medidas tan drásticas por acusaciones de corrupción en otro ámbito, el económico. El nombre de Becciu, recuerda la agencia EFE, se ha visto salpicado en una investigación por la compraventa de un edificio en Londres, en Sloane Avenue, y la gestión del Óbolo de San Pedro, el fondo que recoge los donativos de los fieles para las obras de caridad del pontífice.

En febrero la Fiscalía vaticana requisó documentos y dispositivos electrónicos en las dependencias de un antiguo alto cargo de la Secretaría de Estado, Alberto Perlasca, exjefe de la Oficina Administrativa de la Primera Sección de la Secretaría de Estado. El pasado 5 de junio las autoridades del Vaticano arrestaron al financiero italiano Gianluigi Torzi, acusado de delitos como extorsión, blanqueo de capitales y estafa, en el marco de esta investigación.

Los hechos se enmarcarían en el periodo en el que el cardenal Angelo Becciu estuvo en la Oficina para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado, de la que salió en septiembre de 2018 como prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. El purpurado aseguró el pasado febrero que él no estaba siendo investigado y negó que se haya gastado dinero del Óbolo con fines especulativos en la compra de ese inmueble.

Los hermanos Becciu

Pero los indicios contra Becciu podrían ir mucho más allá. Este viernes, la revista L’Espresso publica un reportaje en el que, con cartas y otros documentos a los que ha tenido acceso, describe una red más amplia de corrupción y favores personales tejida por el cardenal. Fue esta misma publicación la que dio a conocer buena parte de las irregularidades relacionadas con el inmueble de Londres. Según afirma en esta ocasión, Becciu confió «toda la caja vaticana al financiero Enrico Crasso», que anteriormente trabajaba en Credit Suisse. Este «dirigió las inversiones vaticanas hacia fondos especulativos con sede en paraísos fiscales».

Otra posible acusación contra el entonces sustituto es el haber aprovechado su cargo para «pedir y obtener financiación a fondo perdido a favor de la cooperativa Spes», una obra de Cáritas Ozieri (provincia de Sácer, en Cerdeña) cuyo representante legal es su hermano, Tonino Becciu. Entre 2013 y 2018, el cardenal consiguió dos entregas de 300.000 euros cada una procedentes de los fondos que la Conferencia Episcopal Italiana recibe del Estado a través del 8 por mil, el equivalente italiano a la X en la declaración de la renta. Otros 100.000 procedían del mismo Óbolo de San Pedro, sobre el que tenía autoridad directa. El dinero se destinó a ampliación de actividades, reconstrucción tras un incendio y adaptación de las infraestructuras para acoger a inmigrantes.

Esta podía no ser la única vez que Becciu benefició a familiares suyos. Según L’Espresso, que cita fuentes internas de la Santa Sede, cuando era nuncio en Angola y Cuba, la empresa de carpintería de otro hermano suyo, Francesco Becciu, recibió el encargo de arreglar y modernizar diversas iglesias en ambos países. Y, por último, es el responsable de que algunos locales vinculados a instituciones eclesiásticas sean los únicos que comercializan la cerveza Pollicina, embotellada como producto supuestamente solidario por la empresa Angel’s SRL, de la que es socio mayoritario Mario, un tercer hermano de Becciu.