El oído, lugar de recepción de lo divino - Alfa y Omega

El oído, lugar de recepción de lo divino

Cristina Sánchez Aguilar
La violinista Lina Tur Bonet durante un ensayo. Foto: XXVI Festival Internacional de Arte Sacro

La parroquia de San Ginés, en la calle Arenal. La real basílica de San Francisco el Grande. La capilla del Palacio Real de Madrid. La iglesia de San José o de la San Antonio de los Alemanes. Estas y otras parroquias emblemáticas de la capital acogerán desde hoy, y hasta el próximo 3 de abril, una serie de 30 conciertos de música sacra con el objetivo de «considerar la práctica artística como una experiencia espiritual». Así lo anuncia un folleto de la Comunidad de Madrid que presenta este XXVI Festival de Arte Sacro, internacionalmente conocido, y que este año da una vuelta de tuerca, aunando tradición con modernidad. Pepe Mompean, nuevo director del festival, ha apostado por complementar la programación clásica con otros lenguajes musicales, como el jazz –con las aproximaciones de artistas como Jorge Pardo a A Love Supreme de Coltrane en el 50 aniversario de su publicación– o la música alternativa. Todo ello, mezclado con estrenos absolutos, como es el caso del oratorio Pegaso, que el grupo La Galanía interpretará hoy, a las 20 horas, en la parroquia de San Ginés.

En esta edición no solo serán las iglesias las que acojan los recitales. Los Teatros del Canal y el de la Abadía serán sedes en las que «se explorarán las conexiones entre la música y las otras artes en relación con la espiritualidad. Tanto en una iglesia como en un teatro, tenemos ese momento de revelación que nos invita a trascender», explica Mompean.

«El oído fue concebido como un órgano en el que se producía la recepción de lo divino, un eje alrededor del que empezó a formarse la noción de trascendencia», dice el libreto. No tengan miedo los amantes de lo clásico. El Vivaldi Sacro, las Moradas místicas o la Música religiosa en el renacimiento son inamovibles, y acompañarán en la oración a los oyentes durante esta Cuaresma y parte de la Pascua.

Cristina Sánchez Aguilar