El nuevo consultor español del Vaticano para el diálogo interreligioso: «Hay nuevos prejuicios»
Rafael Vázquez es español y uno de los 20 nuevos consultores del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso. También se encarga de ello en la Conferencia Episcopal
—¿Cómo supo que le nombrarían consultor del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso? ¿Lo ha descubierto hoy como nosotros en el boletín de la Santa Sede?
—Hace una semana me avisaron de que el Santo Padre iba a hacer público el nombramiento de consultores del Dicasterio.
—¿Cuáles son las funciones de estos consultores?
—Dentro del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso está el prefecto, que es el presidente. Hay un grupo de obispos que son miembros del Dicasterio y hay oficiales. Después hay un grupo al que nos han nombrado, porque no soy yo solo, que lo que hace es asesorar en las tareas del Dicasterio pero además se encarga de determinadas funciones.
—¿Por ejemplo?
—Desde el comienzo de este año estoy dentro del diálogo con religiones de Irak. Hay 15 católicos y 15 miembros de distintas religiones de Irak y tenemos un diálogo teológico. Los próximos 26 y 27 de enero tendremos una reunión en la que vamos a tratar toda la dimensión de los discursos de odio y el diálogo por la paz.
—¿Cuál es el objetivo de reuniones así?
—El Dicasterio, con esta propuesta de diálogo, lo que pretende en primer lugar es establecer lazos con las distintas religiones y descubrir que la fe es un lugar de encuentro entre los pueblos y que aquellos que son creyentes, por encima de su experiencia cultural y étnica, tienen un vínculo que nos une y nos lleva a establecer fraternidad y lazos. Es un elemento básico.

Después, con el intercambio de la experiencia religiosa, nos enriquecemos con lo que Dios está haciendo con el corazón de tantos creyentes, incluso en aquellos que no son de nuestra propia religión.
Este diálogo nos debe llevar a establecer un mayor acercamiento entre todos y nos debe llevar a hacer proyectos comunes al servicio de la sociedad. Todas las religiones tienen una llamada al servicio de los más pobres y la defensa de la dignidad de la persona.
—¿Qué frutos podemos esperar de las iniciativas en marcha por el diálogo interreligioso?
—En primer lugar, el conocimiento, el acercamiento mutuo y la superación de prejuicios. Los prejuicios hacen mucho daño para que se tenga un auténtico diálogo. Desgraciadamente, hoy en día se están despertando nuevos prejuicios que habían sido superados. Esto supone un retroceso en la posibilidad del diálogo social.
Por otro lado, la colaboración conjunta y el apoyo en todo lo que supone la defensa del derecho a la libertad religiosa. Las religiones tienen derecho a existir, a convivir y a que se respeten sus derechos, su culto y poder manifestar su fe públicamente. Las religiones tienen que apoyarse mutuamente en la defensa de este derecho humano fundamental.
Y en tercer lugar, seguir profundizando en nuestra experiencia de fe y poder compartir la idea que tenemos de Dios con las distintas experiencias que se acaban completando y enriqueciendo. Esto es algo muy positivo.
—Usted también es secretario de la Subcomisión de Relaciones Interconfesionales y Diálogo Interreligioso de la Conferencia Episcopal. ¿Qué tarea tenemos pendiente en España?
—Es muy necesario seguir formándonos en el diálogo para que sea un diálogo auténtico. A veces, cuando hablamos de diálogo, mucha gente lo entiende como ceder en nuestros principios fundamentales. Debe estar siempre la identidad de los interlocutores y al mismo tiempo la diversidad y acoger al otro como es. Es lo que el Papa Francisco llamaba la aventura de la alteridad. De reconocer al otro tal y como es sin intención de cambiarlo.
Un diálogo nunca puede ir con intenciones torcidas, nunca con la intención de que el otro se convierta o cambie de religión. Se debe mostrar quién soy, hablar de lo que soy y dar el testimonio de la experiencia de fe de cada uno.

—¿Y qué avances se han logrado ya?
—El Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, a diferencia del Dicasterio para la Unidad de los Cristianos, se relaciona especialmente con el Islam y todas las religiones orientales. Hemos tenido avances porque ha habido relaciones institucionales entre musulmanes y católicos y ha habido momentos de mutuo apoyo. Por ejemplo, cuando se produjo el asesinato del sacristán de Algeciras o con la polémica que hubo en Jumilla en torno a la Fiesta del Cordero. Junto a todas las religiones en España hemos hecho manifiestos y documentos a favor del derecho a la vida, contra el aborto y contra la ley de eutanasia. Hay todo un deseo de colaborar y de apoyarnos y hemos celebrado en diferentes ocasiones la Jornada Mundial de la Fraternidad, especialmente dedicada a las relaciones entre las religiones.
—¿Qué podemos pedirle al futuro?
—Mi deseo para el futuro es poder seguir avanzando para que este diálogo se convierta en un signo de esperanza para todos porque la Iglesia, en su deseo de dialogar, debe buscar ese acercamiento. Está siendo un signo de esperanza en un mundo que no sabe dialogar, que lo que hace es echar en cara y no busca la verdad sino que trata de imponerla. El diálogo interreligioso es la gran esperanza de la fraternidad.