El malentendido, de Camus

En 1944 y en una Francia todavía ocupada por las tropas alemanas, Albert Camus estrena en París su obra de teatro El malentendido. Tres actos, seis personajes y un denso entramado de anhelos, lamentos y frustraciones, dan forma a una de las piezas teatrales más sobrecogedoras de este maestro de la literatura. Hasta el 3 de marzo en el Teatro Valle-Inclán de Madrid. Crítica de María Teresa Compte Grau, en www.hoyenlacity.com

María Teresa Compte Grau
Foto: David Ruano

En 1944 y en una Francia todavía ocupada por las tropas alemanas, Albert Camus estrena en París su obra de teatro El malentendido. Tres actos, seis personajes y un denso entramado de anhelos, lamentos y frustraciones, dan forma a una de las piezas teatrales más sobrecogedoras de este maestro de la literatura. Hasta el 3 de marzo en el Teatro Valle-Inclán de Madrid. Crítica de María Teresa Compte Grau, en www.hoyenlacity.com

La luz, el sol y los paisajes del sur son para Marta, una de las protagonistas de la obra, la máxima expresión de sus anhelos más íntimos. Camus nació en Argelia y vivió siempre ligado a los recuerdos de esa tierra caliente y colorista que deja “la ropa impregnada de olor a miel y a rosas amarillas”. Deseosa de escapar de Bohemia, del corazón de una Europa tediosa, Marta vincula su vida, pero también su muerte, a las de su madre. Para Albert Camus, huérfano de padre y criado en el seno de una familia pobre, su madre fue el gran amor de su vida. La madre que Camus refleja en El Malentendido es también una presencia permanente. Lo es para Jan, el hijo que regresa por amor al deber, y lo es para Marta, la hija que se queda hasta el final.

El amor, el sufrimiento, la muerte y Dios se combinan de manera magistral en los diálogos, en los gestos y también en los silencios de cada uno de los personajes de El Malentendido. Cayetana Guillén, Marta, es la viva imagen del desgarro interior. Su madre, Julieta Serrano, encarna de manera sublime el peso del cansancio y la rutina que se acumulan cuando la vida no es más que el lento pasar de los años. Juan Reguilón, el criado fiel, representa con su silencio la complicidad con el mal. Jan, Ernesto Arias, es el hijo que regresa cuando el amor de María, Lara Grube, consigue despertar su memoria y sus deseos de recuperar la identidad. María, por su parte, es la expresión de la vulnerabilidad. Quizás sea el único personaje de El Malentendido a quien Camus dio un corazón de carne. Por eso su sensibilidad, expresada de manera desgarrada al final de la obra, posee la fuerza necesaria para salir de la oscuridad en la que nos sitúa Camus.

Ante un texto como El Malentendido basta con que los actores sean impecables y se pongan al servicio de quien les da vida. Creo que en eso reside su mérito principal. El escenario desnudo crea el ambiente necesario para ello. La música de fondo y las imágenes que se proyectan quizás fueran prescindibles, pero ¡qué importa cuando es Camus quien nos convoca!

María Teresa Compte Grau