«El llamado aborto seguro es inaceptable»

La Santa Sede valora positivamente los resultados de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, pero también critica algunas acciones, como la inclusión del aborto para reducir la mortalidad materna o la escasa defensa de la familia. Monseñor Tomasi explica en esta entrevista cuál es el papel de la Iglesia en los ODM y cómo se enfrenta a los nuevos retos

Redacción
«La Iglesia ha promovido la enseñanza primaria universal a lo largo de la Historia». Foto: María Eugenia Díaz/Manos Unidas

La Santa Sede valora positivamente los resultados de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, pero también critica algunas acciones, como la inclusión del aborto para reducir la mortalidad materna o la escasa defensa de la familia. Monseñor Tomasi explica en esta entrevista cuál es el papel de la Iglesia en los ODM y cómo se enfrenta a los nuevos retos

¿Cuál es la actitud de la Iglesia ante los ODM?

La Iglesia apoya los principales objetivos que promueven el desarrollo de la persona y de la sociedad. Sin embargo, nos planteamos serias cuestiones con acciones propuestas que no sirven al bien común.

¿Por ejemplo?

El primer Objetivo es eliminar la pobreza extrema. Se han hecho importantes avances, pero la Iglesia va más allá: pedimos que estos esfuerzos se lleven a cabo desde una opción preferencial por los pobres; es decir, que se les coloque en el centro del desarrollo. También ocurre con el cuarto Objetivo, el que busca reducir la mortalidad infantil. El número de niños que mueren antes de cumplir los cinco años se ha reducido a la mitad, pero este objetivo no siempre se persigue de manera integral. Por ejemplo, los organismos internacionales no reconocen la protección de la familia para asegurar la salud de los niños. Este objetivo también ha omitido un punto de la Convención sobre los Derechos del Niño, que es la protección del bebé desde el primer momento de la concepción. El quinto, sobre la reducción de la mortalidad materna, está lejos de cumplirse. Pero, además, se han promovido acciones inaceptables, como el llamado aborto seguro.

Antes de que existieran los ODM, la Iglesia, en algunos aspectos, ya trabajaba duro. Promoviendo la educación, sin ir más lejos.

Sí. El segundo Objetivo, lograr la enseñanza primaria universal, ha sido promovido por la Iglesia a lo largo de la Historia. Hoy en día, más de 50 millones de niños van a escuelas católicas en todo el mundo. Es cierto que los ODM han hecho que se avance: ahora, el 75% de los niños van a la escuela, y en 1990 sólo lo hacía el 50%. Sin embargo, la educación es incompleta si no se respeta el derecho y el deber de los padres a determinar el programa de educación que quieren para el pleno desarrollo de sus hijos, desde el punto de vista intelectual, pero también espiritual. Otra de las actividades fuertes de la Iglesia es en salud: tenemos más de 5.000 hospitales y 18 mil dispensarios y clínicas.

El Objetivo 3 sobre la llamada igualdad de género y el empoderamiento de la mujer, ¿está en línea con las enseñanzas de la Iglesia?

La igual dignidad de la mujer es una contribución esencial del mensaje cristiano, aunque no se puede obviar que tiene diferente rol social que el hombre. Por eso, la Iglesia se hace serias preguntas sobre las premisas ideológicas que se reflejan en la articulación del Objetivo. Muchos de los que buscan la consecución de esta meta no aceptan la enseñanza integral y realista de la Iglesia, basada en la ley natural de Dios, que rige la sexualidad y su función en el desarrollo de la familia humana.

Otro choque, quizá, procederá del sexto Objetivo, que busca frenar el sida, entre otras enfermedades.

La Iglesia reconoce la necesidad de erradicar enfermedades como el VIH, la tuberculosis o la malaria, que se cobran la vida de millones de personas. Hay que destacar que el 27 por ciento de toda la atención mundial sobre el sida lo proporciona la Iglesia católica. Pero no estamos de acuerdo con algunos métodos de respuesta a la pandemia de este virus. Mientras que muchas organizaciones priorizan la distribución de preservativos y los llamados esfuerzos para hacer que la actividad sexual sea segura, la Iglesia insiste en que la fidelidad del matrimonio entre hombre y mujer es la mejor manera de prevenir el sida.

Entonces, ¿cuáles son las prioridades ineludibles de la Iglesia en la definición de la Agenda post 2015?

Durante su discurso ante Naciones Unidas, el Papa Francisco esbozó una hoja de ruta para los futuros objetivos de desarrollo sostenible. Espero, sinceramente, que los que están ultimando el documento que se presentará en septiembre a la Asamblea General de la ONU, tengan en cuenta sus propuestas. El Santo Padre señaló que estos objetivos nuevos deben tener un impacto real sobre las causas estructurales de la pobreza y el hambre; respetar y salvaguardar la vida humana desde la concepción a la muerte natural; lograr resultados más sustanciales en la protección del medio ambiente; garantizar un trabajo digno y productivo para todos; y proporcionar una protección adecuada para la familia tradicional, fundada en el matrimonio entre hombre y mujer, ya que constituye la base de la sociedad.

Los países ricos tienen mucha culpa de que algunos objetivos no se hayan cumplido. ¿De eso no se habla?

Me sorprende mucho que, en todo el trabajo de preparación para la formulación final de los nuevos objetivos, no se haga mención de los obstáculos que impiden su puesta en práctica. Por ejemplo, el consumismo en los países ricos, la venta de armas, la adquisición de grandes extensiones de tierra por el Estado y las empresas transnacionales, el silencio ante la violación de los derechos humanos fundamentales de los creyentes… etcétera.

Cristina Sánchez Aguilar y María Martínez López