El infierno «no prevalecerá» contra la Iglesia - Alfa y Omega

El infierno «no prevalecerá» contra la Iglesia

Durante la celebración de la fiesta de San Pedro y San Pablo, el día 29 de junio, el Papa impuso el palio episcopal a 46 nuevos arzobispos metropolitanos, y aprovechó para recordar que, según prometió Jesucristo, «las fuerzas del mal no prevalecerán» ante el «futuro de la Iglesia, la nueva comunidad fundada por Jesucristo y que se extiende a todas las épocas, más allá de la existencia personal del mismo Pedro»

José Antonio Méndez
Un momento de la celebración de la fiesta de San Pedro y San Pablo, dentro de la basílica de San Pedro, en el Vaticano.

«Hoy emerge con fuerza la clara promesa de Jesús: el poder del infierno, es decir, las fuerzas del mal, no prevalecerán, non praevalebunt»; así lo afirmó Benedicto XVI durante su homilía en la fiesta de San Pedro y San Pablo, el pasado 29 de junio, cuando impuso el palio episcopal a 46 nuevos arzobispos metropolitanos. Como explicó el Papa, esta promesa de Jesús «es ahora mucho más grande que las hechas a los antiguos profetas: éstos fueron amenazados sólo por enemigos humanos, mientras Pedro ha de ser protegido de las puertas del infierno, del poder destructor del mal. Jeremías recibe una promesa que tiene que ver con él como persona y con su ministerio profético; Pedro es confortado con respecto al futuro de la Iglesia, de la nueva comunidad fundada por Cristo y que se extiende a todas las épocas, más allá de la existencia personal de Pedro».

El Santo Padre también recordó que el mismo Pedro que reconoce a Jesús como Mesías y es llamado a confirmar en la fe a los discípulos, resulta reprendido por Jesús cuando protesta por que el plan de Dios pase por la cruz. Con esta aparente contradicción, «se manifiesta la tensión que existe entre el don que proviene del Señor y la capacidad humana», y se muestra «anticipado el drama de la historia del mismo papado, que se caracteriza por la coexistencia de estos dos elementos: por una parte, gracias a la luz y la fuerza que viene de lo alto, el papado constituye el fundamento de la Iglesia peregrina en el tiempo; por otra, emerge también, a lo largo de los siglos, la debilidad de los hombres, que sólo la apertura a la acción de Dios puede transformar».

Perdonar los pecados, en una comunidad de pecadores

Al referirse a la expresión atar y desatar como algo propio de la misión de Pedro y del resto de apóstoles, el Papa explicó que «la autoridad de atar y desatar consiste en el poder de perdonar los pecados. Y esta gracia, que debilita la fuerza del caos y del mal, está en el corazón del misterio y del ministerio de la Iglesia». Porque «la Iglesia no es una comunidad de perfectos, sino de pecadores que se deben reconocer necesitados del amor de Dios, necesitados de ser purificados por medio de la Cruz de Jesucristo. Las palabras de Jesús sobre la autoridad de Pedro y de los apóstoles revelan que el poder de Dios es el amor, que irradia su luz desde el Calvario. Así, podemos comprender por qué, tras la confesión de fe de Pedro, sigue inmediatamente el primer anuncio de la Pasión: Jesús, con su muerte, ha vencido el poder del infierno, con su sangre ha derramado sobre el mundo un río inmenso de misericordia, que irriga con su agua sanadora la Humanidad entera».

Además, el Papa recordó a los nuevos arzobispos la responsabilidad de su ministerio: ser «cooperadores de la verdad, que es una y sinfónica, y reclama de cada uno de nosotros y de nuestra comunidad el empeño constante de conversión al único Señor, en la gracia del único Espíritu».

Dos hermanos que marcan el camino de la unidad

El Santo Padre recordó que «la tradición cristiana siempre ha considerado inseparables a san Pedro y a san Pablo: juntos representan todo el Evangelio de Cristo. En Roma, además, su vinculación como hermanos en la fe ha adquirido un significado particular». Esta hermandad paulo-petrina es signo de la unidad a la que está llamada la Iglesia, como señaló el Papa ante la delegación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, enviada por Bartolomé I a la celebración del Día del Papa: «Sólo el seguimiento de Jesús conduce a la nueva fraternidad», dijo. Tras la Eucaristía, Benedicto XVI tuvo un encuentro con la delegación del Patriarcado de Constantinopla, ante quienes recordó que «la fiesta de los Santos Pedro y Pablo nos brinda la oportunidad para agradecer, juntos, al Señor, las obras extraordinarias que ha hecho y continúa haciendo a través de los apóstoles en la vida de la Iglesia». Y añadió que «es en la fidelidad al depósito de la fe transmitida por ellos, donde encontramos las raíces de la comunión que ya experimentamos entre nosotros». Además, el Papa pidió que «el Señor, rico en misericordia, nos conceda llegar pronto al día bendito en que podamos compartir la mesa eucarística». Un camino éste en el que se ha avanzado mucho desde el Concilio Vaticano II, gracias «al redescubrimiento de la hermandad profunda que nos une, y también por el camino recorrido en estos años por la Comisión Mixta Internacional para el Diálogo teológico entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa en su conjunto, con la esperanza de que puedan haber también progresos en la fase actual».