Llegan en bolsillo unas memorias que Antoine de Saint-Exupéry, autor de El principito, publicó originalmente en febrero de 1942, durante su exilio en Estados Unidos, con un anticipo en la revista The Atlantic. Están basadas en sus experiencias a comienzos de la Segunda Guerra Mundial en la Fuerza Aérea Francesa como piloto de guerra de un avión de reconocimiento durante la batalla de Francia en 1940. Se centran en una misión sobre la ciudad de Arras para intentar romper la ofensiva alemana. Estas páginas vieron la luz simultáneamente en francés e inglés y el libro fue prohibido en Francia por la censura nazi pero circuló en ediciones clandestinas. No es solo un relato acerca de la derrota gala, ni solo un llamamiento a los estadounidenses para que se sumaran a la lucha contra el Tercer Reich. Mucho más allá, nos deja un testimonio en primera persona sobre el absurdo de la guerra. Puede entenderse como reportaje de denuncia; también como tratado de aspiraciones filosóficas acaso truncado por el dolor del momento.
Como apoyo a la lectura, recomendamos dos obras de máximo interés, publicadas ambas en el año 2016. La primera es Literatura francesa del siglo XX (Rialp), un valioso volumen a cargo del sacerdote Alfonso López Quintás, que destaca del padre de El principito que «consagró su gran poder intuitivo y su talento literario a la configuración de una ética humanista del amor, de la realización plena del sentido del hombre y de las cosas y, con intensidad creciente, intentó hallar el secreto de la plenitud humana»; sin obviar, no obstante, que «una y otra vez, este noble empeño se vio frenado en buena medida por la fascinación que ejercía el relativismo filosófico y el positivismo cientificista sobre el espíritu de Saint-Exupéry, que no contó, lamentablemente, con una sólida formación filosófica y religiosa». López Quintás, que se refiere al escritor, reportero, poeta y piloto en términos de «gran sensitivo de lo profundo», concluye con una reflexión que nos alcanza como un suspiro: en qué medida Antoine de Saint-Exupéry hubiera podido llevar la adivinación de lo religioso a una clarificación en los años de madurez que le fueron negados es una cuestión abierta e insoluble. Recordemos que el 31 de julio de 1944 su avión cayó al mar, jamás se encontró su cuerpo y su desaparición quedaría para siempre rodeada de un halo de misterio. Su biógrafa Montse Morata, en Aviones de papel, obra finalista del II Premio Stella Maris, pendiente —esperamos que no por mucho tiempo— de volver a ser editada, apunta certera a la diana: «Saint-Exupéry fue uno de los pioneros de la aviación, que era la épica de su tiempo, y él la convirtió en una forma de poesía».
Antoine de Saint-Exupéry
Debolsillo
2025
224
11,35 €
