«El diálogo es la única arma digna del ser humano y capaz de garantizar una paz duradera»

En su discurso ante las autoridades de Japón, el Papa abogó por el diálogo y dijo estar convencido «de la necesidad de abordar la cuestión nuclear en el plano multilateral, promoviendo un proceso político e institucional capaz de crear un consenso y una acción internacional más amplia»

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Foto: AF/Vincenzo Pinto

En su discurso ante las autoridades de Japón, el Papa abogó por el diálogo y dijo estar convencido «de la necesidad de abordar la cuestión nuclear en el plano multilateral, promoviendo un proceso político e institucional capaz de crear un consenso y una acción internacional más amplia»

El Papa no ha querido desaprovechar la ocasión y en su discurso ante las autoridades de Japón y el cuerpo diplomático ha vuelto a pedir todas las medidas de disuasión necesarias «para que nunca más, en la historia de la humanidad, vuelva a ocurrir la destrucción generada por las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki».

Acto seguido, él mismo ha señalado el camino para hacer frente a la violencia: «La historia nos enseña que los conflictos entre los pueblos y naciones, incluso los más graves, pueden encontrar soluciones válidas solo a través del diálogo, única arma digna del ser humano y capaz de garantizar una paz duradera». Además, ha dicho estar convencido «de la necesidad de abordar la cuestión nuclear en el plano multilateral, promoviendo un proceso político e institucional capaz de crear un consenso y una acción internacional más amplia».

En términos más eclesiales, el Pontífice ha reivindicado una vez más la cultura del encuentro, «que es esencial para construir un mundo más justo y fraterno». Por su parte, Japón ha visto la necesidad de promoverla «en los campos de la educación, la cultura, el deporte y el turismo –ha afirmado el Santo Padre–, sabiendo que estos pueden contribuir en gran medida a la armonía, la justicia, la solidaridad y la reconciliación que son el cemento del edificio de la paz».

Casa común y ecología humana

Otro de los mensajes lanzados por Bergoglio en su discurso ha sido el de la importancia del cuidado de la casa común, tema especialmente significativo para el país nipón atendiendo a su «precioso patrimonio cultural» y «belleza natural». El Santo Padre ha alertado de su «fragilidad» al estar «sometida no solo a desastres naturales sino también a la codicia, la explotación y la devastación por manos del hombre».

En este ámbito, ha alabado la contribución de los jóvenes, que «nos desafían para percibir el mundo no como una posesión para ser explotada, sino como un precioso legado para transmitir».

Además, ha vinculado la protección de la tierra con el concepto de ecología humana: «Un compromiso con la protección significa enfrentar la creciente brecha entre ricos y pobres, en un sistema económico global que permite a unos pocos privilegiados vivir en la opulencia mientras la mayoría de la población mundial vive en la pobreza».

Por último, el Papa ha pedido situar a la dignidad humana en el centro de toda actividad social, económica y política. «Se necesita fomentar la solidaridad intergeneracional y, en todos los niveles de la vida comunitaria, se debe mostrar preocupación por aquellos que son olvidados y excluidos».

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