El cura loco martirizado a golpes

A pesar de las violentas palizas que recibía, Millán Garde no profirió ni una sola queja. Ahora el Papa ha reconocido su martirio junto con el de Francisco Cástor Sojo, Aquilino Pastor y Manuel Galcerá

José Calderero de Aldecoa

A Millán Garde Serrano la guerra civil le pilló de vacaciones en su pueblo y tuvo que esconderse para no ser asesinado. Sin embargo, a pesar del riesgo, nunca dejó su actividad sacerdotal y «continuó celebrando la Eucaristía, llevando la comunión a los fieles de forma clandestina y confesándolos», explica Carlos Comendador, postulador de la causa de martirio y también secretario general de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos. Después de un año y medio, el 9 abril de 1938, Garde fue descubierto y conducido a la checa que los milicianos habían instalado en el seminario de Cuenca. Allí fue maltratado del modo más despiadado sin que profiriera una sola queja, lo que impresionó a sus compañeros de presidio. Uno de ellos llegó a declarar que «don Millán es un santo. Está siempre alegre y algunos días no se puede tener en pie de las palizas, pero no se queja ni enfada con sus verdugos, por lo que le llaman el cura loco». Garde Serrano murió el 7 de julio a consecuencia de las palizas, después de perdonar y rezar por sus perseguidores. De esta forma, su martirio es «ejemplo de perdón y reconciliación», asegura Comendador, y «nos interpela para ser fieles a nuestra fe y al Señor en las circunstancias concretas que le toque vivir a cada uno».

Corona completa

Con la noticia de la aprobación de su martirio –dada a conocer por el Vaticano el 30 de septiembre– y el de Francisco Cástor Sojo, Aquilino Pastor y Manuel Galcerá, todos ellos formadores en los seminarios de Ciudad Real, León y Baeza, la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos por fin ha completado su corona de mártires. «Faltaban estos cuatro para el reconocimiento martirial de los 30 operarios asesinados durante la persecución religiosa en España», explica Carlos Comendador, al mismo tiempo que reconoce que ser el postulador general de una hermandad con 30 mártires supone «una gran responsabilidad, porque es un don que hay que saber custodiar y hacer que dé fruto».

En este sentido, al postulador le gustaría difundir más la figura de los nuevos mártires, principalmente en los seminarios en los que trabajaron. «En el fondo, para los residentes actuales de esos seminarios», los cuatro nuevos mártires «son esos santos de la puerta de al lado» de los que habla el Papa Francisco. De algún modo, «han compartido la misma casa y son un buen referente para ellos. Saber que un formador de tu seminario es beato mártir que te estimula a hacer lo mismo en el día a día, porque nuestro martirio está en el día a día», explica. 

La hermandad fue fundada por el beato Manuel Domingo y Sol en 1883 con el deseo de trabajar por la santificación de los sacerdotes. Por eso, «es un gran gozo constatar que hay operarios que llegan a ser reconocidos como beatos», concluye Comendador, al mismo tiempo que habla de «la educación cristiana de la juventud y de la reparación y la espiritualidad eucarística» como los otros objetivos de la hermandad.

Cantarle a la vida

También será beata Nuccia Tolomeo después de que el Papa haya reconocido un milagro por su intercesión. Sufrió una parálisis que la mantuvo en cama de por vida. Pero lejos de lamentarse, «encontró en Jesús Crucificado las razones para cantarle a la vida», asegura elvicepostulador de la causa. Las puertas de su casa estaban siempre abiertas, y ella recibía a los visitantes con un testimonio de valentía y una sonrisa.

En el decreto publicado por las Causas de los Santos se declaran, además, las virtudes heroicas de la religiosa española Francisca Pascual Doménech, fundadora de las Franciscanas de la Inmaculada, y de María Dolores Segarra, fundadora de las Misioneras de Cristo Sacerdote.