El cardenal Cobo: «Lo que salva es el amor que se entrega en medio del dolor»
«La cruz no es el final trágico de la vida de Jesús», sino que «nos explica hasta dónde llega el amor de Dios por cada uno», ha dicho el cardenal Cobo en la celebración de la Pasión y Muerte del Señor
Viernes Santo. La Iglesia conmemora la Pasión y Muerte del Señor. Los signos acompañan la liturgia de este día, de máxima austeridad. El altar está desnudo. Las flores del día precedente se han retirado. El Crucificado de la Buena Muerte, de Juan de Mesa (año 1621) que preside el templo está cubierto por un velo morado.
Los fieles han vuelto a congregarse en gran número en la catedral de Santa María la Real de la Almudena para la celebración, que ha estado presidida por la cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, acompañado de los obispos auxiliares, Vicente Martín y Juan Antonio Martínez Camino, así como el obispo emérito de Almería, Adolfo González Montes.
En completo silencio, el arzobispo de Madrid ha iniciado la procesión de entrada y se ha postrado en el presbiterio, en signo de humillación del hombre terreno y la tristeza y el dolor de la Iglesia.

Cristo crucificado, el centro
«Recuerda, Señor, tus misericordias». Con estas palabras daba inicio la celebración, en la que no se celebra la Eucaristía porque Cristo crucificado es el centro de la liturgia (la Comunión se ha realizado con la reserva del monumento del Jueves Santo).
La liturgia de la Palabra comenzaba con Isaías, «lo vimos como un hombre de dolores […]. Sus cicatrices nos curaron», y el salmo, «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu». Después, la carta a los hebreros recordaba que Jesús, «aun siendo Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se convirtió, para todos los que lo obedecen, en autor de salvación eterna».
Por útimo, la proclamación de la Pasión según san Juan, cantada por la coral Schola Cantorum San Eugenio de Toledo, que acompañaba musicalmente la celebración del Viernes Santo, igual que había hecho también el Jueves Santo en la catedral de la Almudena.

La cruz, pasión de amor de Dios
El cardenal Cobo reconocía ya en su homilía que el relato de la Pasión lo «conocemos, pero no deja nunca de herirnos un poco el corazón». Porque «estamos ante el misterio central de nuestra fe». Y es que «la Cruz no es el final trágico de la vida de Jesús», sino que «nos explica hasta dónde llega el amor de Dios por cada uno de nosotros». Así, «la Cruz es la pasión de amor de Dios por la humanidad; es la historia de Dios que no retira su amor y su cariño cuando el ser humano falla».
El arzobispo de Madrid ha incidido en que la Cruz no es un símbolo de derrota o de resignación: «Jesús no ha sacralizado el dolor, ha santificado el sufrimiento atravesándolo Él mismo». Y esta diferencia es «una diferencia de amor», ya que «lo que salva es el amor que se entrega en medio del dolor».
En el momento de la Cruz, Dios parece esconderse. «Y ante este misterio que no entendemos, solo queda una actitud posible: reverencia, silencio y adoración».

Mirar a otros crucificados
El arzobispo de Madrid ha invitado a mirar la vida desde el pie de la Cruz para ver «a tantos crucificados de nuestro mundo», como las víctimas de las guerras o los «sufrientes de nuestra ciudad, vecinos y vecinas marcados por tantas heridas».
«Cada vida rota —ha dicho— es una herida abierta en el corazón de Dios». Y así, «este Viernes Santo es una llamada a colocarnos del lado de los sufrientes».
En este punto, el cardenal ha recordado que Jesús, desde la Cruz, perdona. «La paz no se construye con discursos, sino con vidas entregadas y con perdón».

«Dios quiere seguir amando al mundo a través de nosotros», ha recalcado el cardenal Cobo en otro momento de la homilía, y esto es lo que significa, ha explicado, aquello que dijo san Pablo, «completo en mi carne lo que le falta a la pasión de Cristo».
Por eso, «no somos espectadores del calvario», sino que «somos parte»; como María y Juan, «testigos al pie de la Cruz».
El arzobispo ha concluido pidiendo al Señor, entre otras cosas, que «sepamos reconocer a los crucificados de nuestro mundo». «Que seamos, con nuestras cruces, en medio de nuestro mundo, artesanos de paz».
Adoración de la Cruz
Uno de los ritos destacados del Viernes Santo es la adoración de la Cruz ,«el árbol de la vida donde estuvo clavada la salvación del mundo». El cardenal Cobo lo ha hecho, al igual que un grupo de fieles representantes de todo el Pueblo de Dios.
Al terminar la celebración, todos los que han querido han podido adorar al Cristo de Mesa.
La catedral permanecerá cerrada hasta el Sábado Santo, a las 22:00 horas, cuando se celebrará la gran Vigilia Pascual.
Por cuarto año consecutivo, este Viernes Santo se ha realizado una procesión dentro del centro penitenciario de Soto del Real que ha contado con la presencia del cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid.
Se cumplía así el deseo de la pastoral penitenciaria de que los internos tengan también una manifestación popular de la fe, al igual que sucede en las calles de casi toda España.
Previamente, se ha meditado un Vía Crucis que ha sido preparado y animado por un grupo de residentes.
El cardenal Cobo ha animado a los internos al señalarles que también Jesús fue detenido, apresado, juzgado y condenado. Por eso, ver cómo Jesús, con la cruz a cuestas, viene a visitar a cada módulo de este centro es un modo de llevar consuelo a los que hoy están en la misma situación que Él estuvo.
La Hermandad de Jesús el Nazareno de Colmenar Viejo, junto a un grupo de jóvenes de algunas parroquias de Madrid, han realizado esta estación de penitencia tan especial que ha tenido oración, saeta, contemplación, pero, sobre todo esperanza.
La hermandad llevó al Nazareno por primera vez a la cárcel en la Semana Santa de 2023.