El baile: Los hombres que sí amaban a las mujeres

En realidad, esta es una invitación para bailar a tres pasos, porque es la historia de dos hombres que amaban a una sola mujer. Lo que sucede es que la mujer en cuestión, Adela (Susana Hernández) es…

Isidro Catela

En realidad, esta es una invitación para bailar a tres pasos, porque es la historia de dos hombres que amaban a una sola mujer. Lo que sucede es que la mujer en cuestión, Adela (Susana Hernández) es, en verdad, muchas mujeres al mismo tiempo: la que en su juventud sale a la pista de baile llena de fuerza y vitalidad; la que en su madurez, de repente, ya no puede bailar porque la vida le aprieta en el zapato; y la que, en la ausencia de la vejez, baila en la memoria y en el corazón de quienes la amaron. El baile se puede ver hasta el 4 de mayo en el madrileño Teatro Fernán Gómez. Crítica de Isidro Catela en Hoyenlacity.com

No esperen triángulos amorosos al uso, ni tensiones eróticas, ni enredos de vodevil. Afortunadamente todo es un poco más profundo. El baile, un clásico de Edgar Neville, nos llega ahora, adaptado en lo accidental, para transitar por el último medio siglo XX y los albores del XXI. Lo esencial permanece, en una orquesta dirigida con acierto. Neville la escribió en 1952 y se fue hasta finales del siglo XIX, y Luis Olmos la coge exactamente donde Neville la dejó para que la historia nos alcance, nos toque de pleno en todos los sentidos.

Es un teatro de paso lento, que acompaña el movimiento vital de dos amigos, Julián (Pepe Viyuela) y Pedro (Carles Moreu) que comparten la afición por la entomología y el amor por una misma mujer. Es por lo tanto, también, un teatro de actores, que se despliega certero sobre un amplio salón. Adela (o Adelita), la mujer (las mujeres) que bailan en tres actos y recorren toda una vida, nos llevan de la cintura por los gozos y las sombras de una existencia, con tanta precisión como la de quienes coleccionan extrañas moscas azules.

Pero el corazón del hombre no está hecho para ser disecado. Sufre, ama, desea y quiere volar. Se resiste a quedarse encerrado tras un cristal. La belleza de los bichos es, en parte, efímera, no se la puede retener y pinchar en un corcho, pero la vida de quienes la contemplan es ancha, como el horizonte hacia el que apunta ¿Quién no cambiaría un carísimo ejemplar de mariposa única por un solo y gratuito minuto con la única mujer que ama?

Aquí hay teatro de alto valor, porque han sabido tratar con mimo y delicadeza una excelente materia prima. Gran trabajo en la adaptación de Bernardo Sánchez; redondo, Pepe Viyuela, que además de actor es productor de la obra; lo cuadra, Carles Moreu; poliédrica, Susana Hernández. Apenas hay caracterización, los actores pasan de la juventud a la vejez en silla de ruedas con un buen trabajo de voz y gestualidad. No hay brillantina, ni pelos engominados, ni fiebre del sábado noche. Esta es una fiesta delicada, de las que nunca pasan de moda, porque en un vinilo o en un mp3 es la vida la que suena con toda su fuerza: siempre igual, siempre distinta.

Si le sacan a bailar, no se resista. Si no, quizá pueda usted sacar a bailar a alguien. Aunque le digan que no, insista. Hay bailes (y bailarinas) que bien merecen la imprescindible tarea de la perseverancia.

Isidro Catela @isidrocatela