El arzobispo de Minsk denuncia que negarle la entrada al país es «ilegal»

El controvertido presidente de Bielorrusia, Alexander Lukashenko, ha arremetido contra monseñor Tadeusz Kondrusiewicz, al que se impide la entrada al país por presuntamente haber recibido «instrucciones» del Gobierno polaco: «Si te metes en política y arrastras contigo a los fieles católicos, doble responsabilidad»

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Foto: Vatican News

El controvertido presidente de Bielorrusia, Alexander Lukashenko, ha arremetido contra monseñor Tadeusz Kondrusiewicz, al que se impide la entrada al país por presuntamente haber recibido «instrucciones» del Gobierno polaco: «Si te metes en política y arrastras contigo a los fieles católicos, doble responsabilidad»

Monseñor Tadeusz Kondrusiewicz, presidente de la Conferencia Episcopal Bielorrusa, ha calificado de «injustificada e ilegal» la decisión del servicio de fronteras de impedirle el regreso al país desde Polonia, y ha mostrado su deseo de que esto «no agrave la tensión en nuestra patria». En un comunicado hecho público el miércoles, ha recordado que, según la ley, no se puede restringir el acceso al país a ningún ciudadano.

El también obispo de Minsk y Moguiliov recuerda además que «en las condiciones de crisis sociopolítica» que atraviesa el país, siempre «ha llamado y sigo llamando al diálogo y a la reconciliación».

Limitación para su ministerio

Los hechos se produjeron el 31 de agosto, en el puesto fronterizo de Kuznitsa Belostotskaya – Bruzgi, y «sin ninguna explicación». Con todo, el arzobispo matiza que los agentes «se comportaron de modo correcto». Como ya adelantó Alfa y Omega, monseñor Kondrusiewicz se ha visto obligado a permanecer en la ciudad fronteriza polaca de Bialystok, desde donde ha lanzado su comunicado.

También se ha dirigido por carta al Comité del Estado para las fronteras para pedirles que aclaren la situación. «Espero que sea solo un malentendido, que será corregido lo antes posible», manifiesta. Permanecer fuera del país le está impidiendo «ejercer el ministerio pastoral y participar en los actos eclesiales programados».

Iglesia, nuevo enemigo

Con todo, las autoridades bielorrusas no parecen dispuestas a ceder. De hecho, el presidente, Alexander Lukashenko, parece haber encontrado en la Iglesia católica un nuevo enemigo. La acusa de seguir las órdenes de Polonia y Lituania, dos bastiones católicos en una región mayoritariamente ortodoxa.

Obsesionado con prevenir una revolución a la ucraniana en su país, Lukashenko no quiere que se repitan en Minsk las imágenes de las barricadas en Kiev, donde los sacerdotes tomaron claramente partido a favor de los manifestantes y contra las fuerzas de seguridad.

«Si te metes en política…»

Por eso parecen haber aprovechado su viaje a Polonia, donde participó en algunas celebraciones, para incluirle en una lista negra ruso-bielorrusa e impedirle el regreso. Según Lukashenko, durante su estancia en el país vecino Kondriusewicz recibió «instrucciones concretas» de Polonia, cuyo Gobierno se niega a reconocer su victoria en las elecciones presidenciales.

Además, Minsk abrió una investigación contra el arzobispo por la sospecha de que ostenta otra ciudadanía que no es la bielorrusa, en clara alusión a la polaca. «A nosotros no nos importa si es el jefe de los católicos, ortodoxos o musulmanes. Debe cumplir la ley. Y si tú te metes en política y arrastras contigo a los fieles católicos (…), entonces, doble responsabilidad», señaló el controvertido presidente.

El mismo secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, llamó a Minsk a permitir el retorno del arzobispo y a respetar la libertad de credo de los bielorrusos.

Ofrecen refugio

La gota que colmó el vaso para las autoridades fue un incidente ocurrido la pasada semana, cuando manifestantes y periodistas se refugiaron en la conocida en Minsk como Iglesia Roja, que está cerca de la sede del gobierno, para evitar ser detenidos por los efectivos antidisturbios.

La decisión de la Policía de impedir la salida a los que encontraron cobijo en el templo indignó a muchos en Bielorrusia, que recordaron casos cuando los nazis quemaban vivos a quienes se refugiaban en las iglesias durante la invasión de Bielorrusia.

«Pecado grave»

El mismo arzobispo Kondriusewicz tachó de «ilegal» el comportamiento de las fuerzas de seguridad, a las que recordó también que es un «pecado grave» impartir órdenes criminales como la de recurrir a la violencia para detener a los manifestantes.

Como pudo comprobar EFE, la iglesia está abierta y los fieles católicos acuden libremente a rezar. Pero la tensión se palpa en el ambiente, ya que una patrulla de la policía merodea por sus inmediaciones.

«La iglesia siempre fue un lugar para la salvación del alma y del cuerpo. La policía encerró a la gente en la iglesia y ahora nos ha cambiado los candados de las puertas. Es algo muy triste y doloroso. Estamos impactados y no sabemos qué hacer», denunció anónimamente el religioso.

«Propaganda contra el Estado»

En unas recientes declaraciones a un canal de televisión católico polaco, el arzobispo de Minsk comentó que todo indica que las elecciones del 9 de agosto, en las que, según los datos oficiales, Lukashenko fue reelegido con más del 80 % de los votos, no fueron justas. En cuanto a las protestas, destacó que los bielorrusos han cambiado desde que Lukashenko llegó al poder hace 26 años y que ahora están dispuestos a defender sus derechos, aunque añadió que los católicos abogan por una solución pacífica a la crisis.

En respuesta, Lukashenko denunció esta semana que en las iglesias católicas bielorrusas se hace «propaganda contra Lukashenko y el Estado», pero negó que se disponga a cerrarlas. «No las cerramos, al contrario, las intentamos apoyar y defender. Las iglesias católicas en Bielorrusia funcionaron y seguirán funcionando», subrayó.

Vatican News / EFE