El arte espiritual de Rupnik

Cristina Tarrero
Foto: Julián de Domingo

Madrid es una ciudad de contrastes. Desde que Felipe II la convirtió en capital del reino recibió a artistas procedentes de todos los rincones de España y del extranjero, muchos de ellos con la intención de trabajar para la Corte. Así poco a poco la ciudad se fue nutriendo de influencias de toda Europa. En la actualidad, en pleno siglo XXI, la mentalidad es diferente, pero también podemos descubrir arte religioso contemporáneo procedente de Eslovenia. Me refiero a la obra que el padre Rupnik ha dejado en nuestra ciudad, obras realizadas por él y su taller que nos permiten conocer el arte con una nueva mirada. El centro Aletti es un lugar de estudios e investigaciones que la Compañía de Jesús desempeña en el Pontificio Instituto Oriental. Allí tiene su sede el taller, donde los artistas cristianos viven, rezan y trabajan conjuntamente. Su obra está repartida por todo el mundo y Madrid se complace en poseer un gran número de ellas: la capilla del hospital de la Beata Mª Ana, la capilla del colegio mayor San Pablo, y la capilla de la Conferencia Episcopal Española. Pero sin duda, las obras más conocidas de la capital son las que están en la catedral de la Almudena: la sacristía mayor, la sala capitular y la capilla del Santísimo.

La obra de padre Rupnik está realizada en mosaico. Para ello se utilizan diferentes materiales como piedra, mármoles, granitos y esmalte; piedras de diversas tonalidades y grosores, llamativas, sin duda; pero lo más atrayente es el color que atrapa nuestra mirada y no nos deja indiferentes.

El padre Rupnik es un sacerdote jesuita nacido en Eslovenia. Desde el año 1991 vive y enseña en el Pontificio Instituto Oriental en Roma. Su gran formación artística y teológica dota a la obra de arte de contenido y nos da una nueva perspectiva. No debemos quedarnos solo con la primera impresión, que sin duda nos sorprenderá; sino descubrir la belleza tras las imágenes y su mensaje. Así, en la sacristía mayor admiramos la belleza de la Creación y el amor de Dios; en la sala capitular contemplamos esa misma belleza a través de la Transfiguración y la Encarnación que conducen a la Pasión y la Redención; y finalmente en la capilla del Santísimo nos encontramos con el misterio de Cristo-Eucaristía. Conocer su obra es redescubrir la trascendencia del arte.

Cristina Tarrero